En el libro “La infancia de Jesús¨, al exponer el episodio de
la adoración de los magos, se habla de ellos como las personas que representan
el dinamismo de las religiones, que van más allá de si mismas. Aquellos
hombres, conocedores muy bien de la astronomía de su tiempo, observaron una
especial conjunción de planetas en el firmamento celeste. No fueron los únicos
que observaron éste hecho, pero si los únicos que sintieron que ello, y la consiguiente
estrella, debía ser el anuncio de un acontecimiento importante para bien de la
humanidad. Entre los astrónomos de entonces, circulaba un vaticinio que decía
que, de la tierra de Juda, saldría el dominador del mundo, y ésta debía ser la
explicación de sus observaciones astronomas. Estos magos no se conformaron con mirar
el firmamento en su confortable palacio, sino que decidieron ir a comprobarlo
personalmente, a la tierra de Juda, en un viaje lleno de incomodidades. e incertidumbres
Cuando los magos llegaron a Jerusalén, preguntando por el
nacido Rey de los judíos, debieron sorprenderse del poco interés que Israel
tenia por su propio nuevo rey. Fueron
recibidos por un individuo llamado Herodes, que los magos, rápidamente vieron
lo miserable que era, pero por lo menos, uno de sus sacerdotes, mediante las
Sagradas Escrituras, les indico el lugar exacto donde tenían que ir.
Al llegar a Belén, al ver al niño Jesús en una familia tan
sencilla, es cuando lo entendieron todo. Aquel niño pobre iba a ser el Rey
universal, pero no por la fuerza sino por el amor y el perdón. Este rey iba a
reinar a través de los corazones y no de los imperios. Pero, para se vasallo
suyo, había que salir de uno mismo (mentalidad, forma de vida, etc) Aquel niño
no podía ser entendido por los gobernantes de Israel, ni Babilonia, ni de Roma,
porque para entenderlo, había que cambiar el propio corazón.
Los magos no eran judíos. Seguramente practicarían las
enseñanzas religiosas que había en Babilonia en aquella época. Pero no era
suficiente para ellos, tenían que salir de si mismos y buscar la verdad. No
podían quedarse en su práctica religiosa habitual, seguramente estancada.
Tenían que ir más allá de su propio conocimiento científico y religioso para conocer
a Dios realmente. Es por eso que se pusieron en camino, porque podían haber
seguido su vida de siempre y haber archivado el caso dentro de sus
observaciones del firmamento celeste y dejar las cosas como están, seguramente
serían gente buena y honesta. Pero no, no es suficiente ser bueno y honesto, no
era suficiente para ellos y no es suficiente dejar las cosas como están.
No basta con llevar una vida, en principio correcta, según
las enseñanzas que religiosas que hemos recibido. No basta con rezar cinco
veces al día, ir a la Meca y ayunar en el Ramadan. No basta con peregrinar a
Jerusalen y leer la Torá en la sinagoga. No basta reunirse en la iglesia para
escuchar al pastor. No basta con ir a Misa los domingos, hacer la 1ª comunión
con gran fiesta, y rezar alguna vez. No basta con la simple meditación, lectura
de textos sagrados. No basta, no es suficiente. Y no es suficiente, porque todo
lo dicho, es la base sobre lo que hay que construir, pero si nos quedamos en la
base, en los cimientos, no se construye nada. Y ¿Qué hay que construir?. Pues
la civilización del amor y el perdón, la misma que vino a traer el niño Jesús y
recibieron los magos. Pero hay algo más, si no se construye, hasta esa base ó cimientos que tenemos se pierden. La fe que tenemos pasa de ser algo vivo a convertirse en una costumbre, una religión de costumbre; y ¿que ocurre con las costumbres?, pues que cambian, debido a la dejadez, a los convencionalismos sociales, cambios en nuestra vida y tantas cosas más.
Tenemos que ir más allá de las enseñanzas y vida religiosa que practicamos. Hacer como han hecho siempre los Santos, adelantados a su tiempo, siempre más allá de si mismos, para Dios y para los demás.
Tenemos que ir más allá de las enseñanzas y vida religiosa que practicamos. Hacer como han hecho siempre los Santos, adelantados a su tiempo, siempre más allá de si mismos, para Dios y para los demás.