En 1993, el papa Juan Pablo II, tuvo una amplia entrevista realizada por un periodista de la RAI; el resultado fue el libro "Cruzando el umbral de la Esperanza"el cual es una explicación de la doctrina que enseña la Iglesia respondiendo a preguntas diversas que le hizo el entrevistador. En una de éstas cuestiones, el Papa dice que el mundo necesita ser salvado; y nosotros podemos preguntarnos ¿de que?
Si hiciésemos una macroencuesta a la gente sobre aquello de lo que hay que salvar al mundo, casi todas las personas conicidirían en: guerras, catástrofes humanitarias, catástrofes naturales, daño al medio ambiente, crisis economica y pobreza, corrupción politica, terrorismo, presión migratoria y un largo etcetera, A nivel particular, cada uno tiene una situación de la que necesita ser salvado: una enfermedad, desempleo, la amenaza de un desaucio, una persecución política ó religiosa, la angustia de emigrar a otro pais; alguien, yendo al ridículo, diría que necesita ser salvado de una reunión familiar. Sin embargo, Juan Pablo II, al hablar de la salvación del mundo, no se refiere a todo lo anteriormente mencionado, se refiere al pecado de los hombres y del mundo en general. El Mundo necesita ser salvado de su pecado, o lo que es lo mismo, necesita ser perdonado de su pecado.
El Mundo necesita ser perdonado de su pecado, y aqui surge el problema clave que lo impide, que no es otro que no se reconoce la existencia del pecado. Nuestro Mundo reconoce los delitos cometidos por infracción de las leyes nacionales de los estados politicos y de las leyes internacionales aceptadas por éstos mismos estados. Una cosa es delito por que así lo establece una ley, que es una norma jurídica adoptada por un estado por sus poderes públicos, elegidos por el Pueblo de ese estado o pais.

El pecado va más allá de lo que es un delito. El pecado no lo decide el Pueblo a través de sus representantes políticos y por medio del poder legislativo. El pecado no es un simple delito. No es una ofensa a una persona, ya sea fisica o juridica. va más alla porque es una ofensa a alguien superior por excelencia. Para entender la naturaleza del pecado, hay que entender o reconocer a quien va dirigida la ofensa del pecado, que no es otro que Dios. Si nos vamos a la Biblia, concretamente a la historia del rey David, podemos ver todo lo que hizo este monarca para quedarse con la mujer de un soldado de su ejercito, Urías. Para conseguirlo, el rey encargó su muerte de manera que pareciese una caída en combate (que parezca un accidente que dicen los mafiosos). Urías murió y el rey David se quedó con su mujer. Posteriormente, el profeta Natan fué a ver al rey David, y mediante una parábola, le hizo ver el crimen que había cometido. David se vió descubierto y reconoció su delito, su pecado; y es entonces cuando dice: "He pecado contra Dios" El rey David va más alla del delito de asesinato. En el pecado de David se incluye el atentado a la vida humana y el quebrantamiento de las leyes de Dios para los hombres.
Como ya hemos dicho, el pecado no lo decide el Pueblo a través de sus poderes publicos. Dios ha establecido sus leyes para los hombres y las ha dado a conocer por sus profetas y por el mismo, encarnado en un hombre, el cual marca el antes y después en el correr de la historia. Aceptar éste hecho es necesario para entender lo que es el pecado. No todo el mundo va a reconocer a Dios y al hecho el pecado. Solo se va a reconocer el hecho de unos delitos, según el ordenamiento juridico vigente. Sin embargo el Papa Juan Pablo II insiste en que el Mundo necesita ser salvado, ser perdonado, de su pecado.

El hombre de hoy en día no reconoce a Dios. No reconoce el pecado, sino únicamente los delitos; pero si reconoce, y sobre todo siente las faltas de amor. En todas sus campos: matrimonio, familia, amigos, vecinos, compañeros, etc; y con todos sus efectos negativos: soledad, infidelidades, desprecios, insolidaridad, tristeza, enemistades, etc. Las faltas de amor no son delitos. Las leyes penales llegan a tipificar delitos como la xenofobia, el maltrato psicológico o el acoso, pero las faltas de amor, quedan en el ámbito del comportamiento personal y privado de cada uno. Las faltas de amor no son delitos, pero si son pecados. Porque hemos dicho que el pecado va más allá de un ordenamiento jurídico establecido por los poderes públicos. Los pecados por faltas de amor ofenden a las personas, por su agravio sentimental y a Dios, por quebrantar el mandamiento de amor al prójimo.