lunes, 2 de noviembre de 2015

Llegó la Navidad




   Ya está aquí la Navidad, solemos decir cuando vemos que los comercios tienen los adornos navideños y en las calles ponen las luces de navidad, casi siempre a finales de Noviembre. Y realmente es que la Navidad se nos viene encima como una campaña comercial y social más, con sus , festivales del colegio, compras de comida, regalos y adornos y cenas de empresa y a veces, temidas cenas de nochebuena, con padres, suegros sobrinos y cuñados. La Navidad se convierte en una situación agobiante, que al terminar es un alivio. Vistas así las cosas, es normal que haya gente que no quiera celebrar la navidad ó simplemente la odie.
   Hay que preguntarse que es la Navidad. Navidad deriva de Natividad, es decir nacimiento, el nacimiento de Cristo, que es el verdadero origen de ésta fiesta. En la Navidad original, tan solo había un portal de Belén; era un Belén viviente con sus personajes auténticos, pero sin luces en las calles, ni campaña comercial de grandes almacenes. Durante el imperio romano, los cristianos comenzaron a celebrar el nacimiento de Cristo. San Francisco en la edad media, inició la tradición de representar el portal de Belén. Durante siglos la Navidad fue algo muy sencillo, hasta que llegó el siglo XX con su consumismo y el invento de Papa Noel (a partir de la tradición de S, Nicolás) y la Navidad se disparó por los aires. Actualmente ésta fiesta está envuelta en una muy espesa capa compuesta de espumillón, mazapanes, abetos, langostinos, jugetes, colonias, turrones, luces de colores, calzoncillos rojos, cartas a reyes magos, renos, muñecos de nieve de algodón, pavos, lechazos y cochinillos, sidra y champan, nieve artificial, ríos de papel aluminio, caminos de serrín, el caganer detrás de una mata y Herodes en lo alto del castillo. Todo esto es un envoltorio, pero no es la Navidad.
     Ciertamente es necesario un envoltorio, pues somos humanos y no concebimos la fiesta sin comer bien y regalarnos algo, pero la Navidad verdadera la tenemos que poner nosotros y no se puede comprar en ninguna tienda, es como la felicidad. Cuando hay personas que dicen que odian la Navidad ó no les gusta, es porque estas personas no la tienen en su vida. La Navidad hay que buscarla, como el que busca un regalo, porque se trata de dar algo a quien queremos y lo que nos mueve es el corazón. Pero ¿Cómo se busca? Pues no es fácil. Se dice normalmente que la Navidad es para los niños – como si no fuese para todos los demás- y es cierto, porque los niños ven lo bueno de la Navidad: los regalos, las vacaciones escolares, la visita a los abuelos, la casa adornada, la cena de nochebuena, las ferias, la cabalgata de Reyes y cuando acaba la Navidad se entristecen;  no ven todo el trabajo que hay en su celebración y el malestar que a veces se produce. Si somos capaces de ver la Navidad como un niño, entonces la habremos encontrado, no quiere decir que no veamos el coste y  trabajo de su celebración y hasta el sobrellevar a los familiares – que si que lo vemos – sino que tenemos el corazón ilusionado en la celebración, por encima de todo.
      La Navidad es la fiesta de la familia por excelencia, Dios quiso nacer en una familia. Es la familia reunida en torno a un pesebre y un árbol coronado por una estrella. Es la ocasión de limar asperezas y expresar nuestro afecto, con los regalos pero sobre todo con nuestra presencia. Las luces, los adornos, los villancicos, los regalos, todo ello es la expresión de un corazón que se hace un hueco en el portal de Belén ó en la rama más alta del árbol. La celebración comienza desde que sacamos el 1º adorno de la caja, hasta la cena de Nochebuena, pero se prolonga pasadas las fechas navideñas, porque ya estamos pensando en la próxima Navidad, porque Dios no nace solamente para unos pocos días, sino para todo el año.
      El día 24 de Diciembre tiene que ser el más bonito del año, la noche más esperada por todos, y más tarde, el día más recordado. Hay que dar un beso al niño Jesús a las 12 de la noche, cantar un villancico, abrir los regalos y hacer muchas fotos; y cuando haya terminado la cena,  los familiares se  hayan retirado, los platos estén en el lavavajillas, se apaguen las luces, los niños estén en la cama con su regalo, entonces hay que ponerse unos instantes junto al pesebre para decir “Gracias por ésta Navidad”