En el Evangelio se nos relata la parábola de la cizaña, en la que unos agricultores siembran de trigo un campo. Seguidamente se van a descansar, momento que aprovecha el enemigo para sembrar cizaña en el campo de los agricultores. Cuando más tarde, los trabajadores se dan cuenta de que ha germinado la mala hierba, junto al cereal, proponen al dueño del campo arrancar la cizaña. El señor del campo les ordena esperar a que crezca el cereal y la mala hierba, para así poder separarlos mejor en el momento de la siega. El trigo irá al granero, y la cizaña, en haces, para quemar.
Habría que
preguntarse porqué los trabajadores se fueron a dormir, sabiendo que había un
enemigo dispuesto a estropearles el cultivo. Lo lógico es que se hubiesen
quedado montando guardia, aunque sea por turnos. Esto mismo pasa en la vida
real, las personas sembramos, pero no nos ocupamos de vigilar el sembrado y
luego viene alguien y nos siembra mala hierba en nuestro campo de cultivo.
Vivimos en
una sociedad en la que sembramos, con nuestra familia, nuestro trabajo, las
amistades, la participación en sus instituciones públicas y privadas. Todo ello
supone una siembra, y luego resulta que nos vamos a dormir, como los
trabajadores de la parábola; nos despreocupamos de nuestra sociedad. Mientras
tanto, viene alguien y siembra su mala hierba ó cizaña en nuestro campo ó
sociedad, en la educación, en el mundo del trabajo, en la política, en la
economía, en las relaciones internacionales, en la cultura, en la Iglesia, en
tantos lugares donde nosotros participamos, por ser nuestro campo de cultivo ó
de participación ciudadana.
Hay que
vigilar la sociedad, ó preocuparse un poco por ella. No basta con pagar los
impuestos y cumplir con nuestras obligaciones de ciudadanos. Si queremos una
cosecha, una buena educación, sanidad, cultura, bienestar social, etc, no lo
vamos a tener si se permite que alguien siembre cizaña en ello. Y quien tiene
que vigilar no es solamente la policía y los jueces, sino todos los ciudadanos.
En su día dijo Kennedy: no preguntes que puede hacer América por ti, pregúntate
que puedes hacer tu por América. Cada uno debe de ver que puede hacer por el
campo ó la sociedad en la que vive, aparte de pagar impuestos y cumplir como
ciudadanos.
Hay que
preguntarse quienes son los que siembran la cizaña en nuestra sociedad. Pues
aquellos que obtienen algún beneficio por ello. La mala hierba reduce la
cosecha, reduce la cohesión y la fuerza de la sociedad, divide la sociedad para
beneficio de unos pocos. No cabe duda de que los políticos son las personas más
cizañeras, ya que de lo contrario, no son capaces de ganar unas elecciones.
El dueño
del campo ordenó a los trabajadores que no arrancasen la cizaña por riesgo de
arrancar también el trigo. Hay veces que, por querer corregir un mal, aplicando
una sanción ó un castigo, acaban pagando justos por pecadores. No todos los
políticos son sinvergüenzas, no todos los funcionarios vagos, no todos los empresarios
explotadores, no todos los trabajadores son problemáticos, no todos los
banqueros son ladrones. Si aplicamos el castigo ó juicio a todos es como querer
arrancar la cizaña llevándose también el cereal. Hay que dejar que el trigo y
la mala hierba crezcan juntos para luego separarlos en la siega. Las personas
cizañeras acaban por descubrirse antes ó después, y la sociedad debe de
separarse de ellos y aislarlos. Es necesario separarse de los violentos, los
mentirosos, los corruptos, los holgazanes; no podemos juntarnos a ellos por un
ligero bienestar, unas monedas ó una diversión.