La palabra
revolución significa literalmente dar una vuelta o realizar un ciclo de un
trabajo ó acción concreta. En los motores de explosión, se mide el número de
revoluciones por minuto (RPM), que varía de 3000 a 4000, siendo el nº de
vueltas a ó ciclos que realizan los cilindros del motor durante su
funcionamiento.
En política
y sociedad una revolución es exactamente lo mismo que en la física o mecánica,
es dar la vuelta a la situación política o más concretamente, a los que están
en el gobierno. Las revoluciones se han producido principalmente a partir de
finales de siglo XVIII, de hecho una de ellas, la revolución francesa, marca el
fin de la edad moderna a la edad contemporánea. Junto con la revolución
francesa, la rusa y la china se pueden considerar las revoluciones más
influyentes en nuestro mundo y han sido modelo de otras que han venido después.
A éstas revoluciones se las considera como un paso importante en el progreso
político y social de la humanidad, puesto que derrocaron a regímenes políticos
absolutistas y entregaron el poder y el gobierno al pueblo, “libertad, igualdad
y fraternidad” fue el grito revolucionario en Francia en 1789.
A lo largo del
siglo XIX hubo varias revoluciones por toda Europa y el siglo XX es el siglo
revolucionario por excelencia: Rusia en
1917, Méjico en los años 20, guerra civil española, Descolonización de la India, Cuba en 1950,
Vietnam, Camboya en los años 70,
Rumanía, Yugoslavia, Ruanda, Irán, algunas como Portugal en 1974 fueron
pacíficas. Junto con las revoluciones ha habido movimientos de protesta muy
famosos como el Mayo francés de 1968, contra Pinochet en Chile, derribo del
muro de Berlín en 1989, protestas contra la guerra de Vietnam en EEUU,
protestas antimilitaristas en Europa en los 80, protesta ciudadana
china en Tiananmen en 1989, contra la guerra de Irak, movimiento 15 de Mayo en
España en 2011 y tantos otros que quedan olvidados en muchos países.
Para muchas
personas las revoluciones es la única manera de acabar con las injusticias y la
opresión de un gobernante hacia su pueblo, sin embargo el problema es que éstos
movimientos son precisamente revoluciones, o sea que es un “dar la vuelta”, dar
la vuelta a los que gobiernan. Los que están oprimidos son los que toman el
poder y los que gobiernan son ahora oprimidos o eliminados, pero después, los
nuevos gobernantes hacen lo mismo que los anteriores dictadores o emperadores.
En Francia se quitó a Luis XVIII , rey absolutista y se puso a un emperador:
Napoleón; en Rusia se quitó al zar y se puso a Lenin y luego Stalin; en China
se quitó un emperador para después poner otro llamado Partido Comunista Chino;
en Irán se quitó al Sha Palevi para poner al ayatolah Jomeini; en Camboya se
puso a Polt Pot; en Mejico el PRI; en
Venezuela a Chavéz y luego Maduro; la
lista es muy larga pero todos los revolucionarios fueron dictadores, sin ningún
respeto por los derechos humanos, prometieron al pueblo la libertad para
meterlo en otra jaula con más cerrojos y con el cinismo de decir que ellos eran
la voz del pueblo. Los partidos políticos son iguales que las revoluciones,
prometen luchar contra la injusticia y la corrupción para luego, cuando están
en el poder, hacer lo mismo que sus antecesores.
El problema
de la opresión y la injusticia no solo está en la estructura (dictadura militar
o monarquía absoluta), sino sobre todo, en el corazón del hombre. Ahí es donde
radica la verdadera injusticia y corrupción. Juan Pablo II habló en su día de
la revolución del corazón, por encima de una revolución sociopolítica y de la
civilización del amor, por encima de una civilización meramente de progreso. Ha
habido auténticos revolucionarios del corazón, que no solo han luchado por la
justicia y los derechos humanos, sino también por la dignidad de la persona. Hombres
y mujeres como la Madre Teresa de Calcuta, Vicente Ferrer, Rigoberta Menchu,
Marguerite Barankitse, Martin Luther King, Gandhi, Albert Schweitzer, Malala
Yousafzai, incluso algunos políticos como Nelson Mandela; en su mayoría premios
Nobel de la Paz y revolucionarios, pero desde la concordia, la solidaridad, la
dignidad del hombre y el amor.
En su viaje
a Latinoamerica en 2015, el Papa Francisco habló de la labor que debe realizar
un cristiano, consistente en la donación de si mismo a los demás,” esa es
nuestra revolución” fueron sus palabras; esa es la verdadera revolución.
