miércoles, 15 de diciembre de 2021

Los dos niños Jesús. Un cuento de Navidad


 

         A  Javier le encantaba la Navidad. Eran unos días en que las calles se llenaban de luces, los supermercados de dulces, los comercios y bazares de adornos de navidad, a cual más bonito. En televisión había canales que ponían películas románticas de Navidad, muy bonitas. La canción de Blanca Navidad y el "All I want in Chrismas is you". Pero lo más importante estaba en la propia casa, pues había que adornarla y ponerla muy bonita; con corona de adviento con 4 velas, corona de navidad en la puerta,  nacimiento, pesebre con niño Jesús, árbol de navidad con luces y estrella, adornos luminosos y musicales, luces en el balcón, guirnaldas, una mesa de navidad con velas y mantel bonitos, villancicos,  regalos en el árbol, turrones, mazapanes, bombones, langostinos, pavo, cordero, sidra, champan, vino tinto, jamón ibérico, pate de pato, salpicón de marisco y más luces, champan y cordero. La navidad era realmente maravillosa. Preparar todo lo anterior requería un enorme esfuerzo, no solo económico, sino sobre todo de trabajo, primero pensando lo que se iba a hacer- lo más costoso- y luego haciéndolo. Pero además, Javier quería que todo saliese muy bien, que  las Navidades fuesen perfectas, desde el ultimo pastorcillo del Belén hasta un muñequito de nieve que colgaba de una rama del árbol, medio escondido, pasando por la bandeja de polvorones en la mesa.




         La madre de Javier vivía en otra ciudad y él iba a visitarla de vez en cuando. Solía ir por las tardes, pasaba un rato con ella y después regresaba al lugar donde vivía. Con su madre, salían los 2 juntos a dar un corto paseo, cerca de su casa. En ese paseo había un lugar donde iban con frecuencia; era una capilla de un convento de monjas, a la cual se accedía por una sencilla puerta que daba a la calle. En aquella puerta no había ningún letrero. Aparentemente no parecía la entrada a ninguna iglesia; daba la sensación de que esa capilla estaba como escondida, en medio de la ciudad; aunque la gente que iba allí, bien conocía el sitio. En el interior de la capilla, se encontraba sobre el altar la Eucaristía en su custodia, o como se dice popularmente: expuesto el Santísimo. Javier y su madre solían estar unos 10 minutos y después continuaban con su paseo; iban a una cafetería, a sentarse en la plaza, o a casa. Un día que fueron a esa capilla, faltaban 2 semanas para Navidad, habían puesto unas figuras grandes de San José, la Virgen y el Niño Jesús, junto al altar y junto a la Eucaristía. Como siempre, estuvieron un corto espacio de tiempo, durante el cual Javier observó que allí había 2 niños Jesús 



        Allí estaba la imagen del Niño Jesús en escayola y además, el Niño Jesús real en la Eucaristía. Había 2 niños Jesús. Aquella capilla, tan pequeña, tan aparentemente escondida; parecía como otra gruta de Belén, pequeña y retirada del Mundo. En esto consiste la Navidad, se dijo Javier, Dios nos ésta diciendo aquí, que ha nacido para vivir entre los hombres. Javier salió de la capilla con el sentimiento personal de haber celebrado la Navidad, ya no necesitaba nada más.

      Javier ya tenía su navidad, pero faltaba la de los demás: su familia y amigos; y para ellos había que emplear la receta de champan, luces, pavo, regalos. Faltaban 2 semanas y había que terminar de poner algunos adornos en la casa y preparar la nochebuena y Nochevieja principalmente, pero Javier, tenía la confianza de que todo iba a salir bien, aunque no fuesen Navidades perfectas, pues para él, ya habían sido perfectas.



       Los amigos de Javier fueron su casa un día y vieron su árbol y Nacimiento;  se hicieron fotos entre todos. Llegó la Nochebuena con una mesa hermosa para cenar y un pavo que era una maravilla. Al llegar las 12 de la noche se puso la estrella en lo alto del árbol y al Niño Jesús en el pesebre, pues ya había nacido. Se cantó un villancico mientras se daba al niño para que todos le dieran un beso. Después se repartieron los regalos del Niño Jesús.

                         No la debemos dormir
                         La noche santa
                         No la debemos dormir

                         La noche buena se viene tururú
                         La noche buena se va
                         Y nosotros nos iremos tururú
                         Y no volveremos más.

        Tal como dice el villancico, se pasó la Nochebuena y llegó la nochevieja. Todos vestidos de rojo con sombreros brillantes y mucho floripondio; y luego uvas, champan, casi me atraganto y música toda la noche. Llegó la mañana de Reyes Magos, es tan bonito abrir los regalos en familia. Y también llegó el momento de recoger todos los adornos, es un poco triste, todo ha sido tan bonito. El Niño Jesús fue el ultimo en ser recogido; Javier, su esposa y sus hijos se despidieron de él al introducirlo en su caja; hasta la próxima navidad. Javier dijo adios al niño de escayola, porque al niño real, lo llevaba en el corazón y cada domingo podía verlo y recibirlo en la Misa. Solo tenía que esperar a que llegase otra navidad, para volver a tener a los dos niños Jesús.


 





miércoles, 23 de junio de 2021

El fariseo y el publicano

  


    El fariseo y el publicano es una parábola de Cristo, que se encuentra en el Evangelio de San Lucas. En ella se relata como 2 hombres van a rezar al templo en Jerusalen. Uno de ellos es fariseo, reza en pie y su oración consiste en decirle a Dios, o mejor dicho recordarle, lo cumplidor que es con la ley judía, que no olvida ni un precepto; agradece a Dios no ser como otras personas peores que él, sobre todo como un publicano que se encuentra más atras, en un rincón. El otro hombre es ese publicano, al que el fariseo ha menospreciado. Se encuentra arrodillado, mirando al suelo y solo le pide a Dios perdón por sus pecados. Cristo termina la parábola diciendo que el publicano volvió a casa justificado pero el fariseo no. Esto es, que el publicano resultó ser mejor, a los ojos de Dios que el fariseo.

       Hay que preguntarse porque Cristo eligió para esta historia a un publicano; podía haber sido otra persona: un pastor, un artesano, un comerciante, un soldado, etc, pero tenía que ser un publicano. El motivo es bien sencillo, el publicano era lo peor en la sociedad judía de los tiempos de Jesús. Los publicanos eran unos canallas despreciables, miserables malnacidos. Podríamos decir de ellos los peores calificativos y no serían suficientes. El publicano era judío y cobraba los impuestos, a su propio pueblo para entregárselos a los romanos- los invasores opresores- Esto era, por si solo, indignante y despreciable, pero además, en cada cobro se llevaban una comisión. Eran unos vendidos al invasor y unos ladrones. A los publicanos les acompañaban unos soldados romanos, encargados de la seguridad del cobrador y de asegurarse el cobro de los impuestos. Si la gente no tenía para pagar, por haber sido un mal año en la cosecha u otros motivos, estos soldados tomaban cualquier cosa de valor que hubiese en la casa del pagador: el asno, una cabra, herramientas de trabajo, algún enser valioso; en ultimo caso, si tenía una hija, se la llevaban como esclava. Si alguien osaba hacer algo para impedir éste latrocinio, los soldados usaban la espada sin contemplaciones; y el pueblo estaba atemorizado, pues sabía que si se rebelaba, vendrían más soldados y sería peor. Todo esto a la vista del publicano.  

      En esta parábola, sin ser una historia real, sino elaborada por Cristo como ejemplo para su predicación, se pueden desentrañar muchas cosas que hay en los personajes. ¿Por que fué el publicano al templo? el no tenía ninguna necesidad de ello, ya tenía bastante dinero, robado a su propio pueblo. Además, sabía que la gente le iba a mirar con desprecio e incluso abuchearle. Aquel publicano, seguramente llevaba mucho tiempo atormentado. Se daba cuenta que era un miserable, que colaboraba con los romanos. Había visto llorar destrozada a la pobre gente, a quien le habían quitado a su hija por no tener para pagar. ¿Cómo he podido convertirme en un ser despreciable? se decía, yo no era así, yo era un buen hombre. Y llegó un día que no aguantó más, y sin importarle lo que dijeran de él, se fué al Templo, no a rezar, sino a llorar, a pedir perdón por ser un pecador y un canalla; casualmente al lado del fariseo. Es de suponer, aunque la parábola no lo cuenta, que el publicano haría algo para cambiar de vida. Es posible que hiciese como el publicano Zaqueo

    El publicano Zaqueo si que fue real. Era jefe de publicanos, esto es: ladrón jefe de ladrones, pero no estaba satisfecho con su vida. Cuando se enteró que Cristo había llegado al pueblo donde vivía, quiso ir a verle, pero era pequeño y la multitud no se lo permitía. Así que se adelantó por donde tenía que pasar Jesús y se subíó a un árbol para poder verlo. Cuando Cristo y la multitud llegaron, Jesús dirigió su mirada a Zaqueo y lo llamó por su nombre, diciéndole que tenía que ir a su casa. Daba la impresión que Cristo había ido a ese pueblo a ver expresamente a Zaqueo. Y así fue. Aquel día Jesús cambió la vida de Zaqueo: también estuvo a punto de arruinarlo, porque éste decidió dar la mitad de su fortuna a los pobres y devolver a quien hubiese cobrado comisiones injustas, el valor de las mismas multiplicado por 4.


       Los fariseos en tiempos de Cristo, eran unos estrictos cumplidores de la ley Judía, sin dejarse ni un solo precepto, ni una sola ablución de manos. Se puede decir que eran unos maestros de religión para el pueblo y sobre todo, encargados de la la población la cumpla; por eso, en varias ocasiones le recriminan a Cristo y a sus discípulos de su incumplimiento. Los fariseos estaban tan seguros de si mismos que eran incapaces de ver sus propios pecados, porque se consideraban perfectos a los ojos de Dios. Por considerarse perfectos no fueron capaces de ver a Dios, lo tenían delante, en carne y hueso. No solo no pudieron verlo, sino que desearon matarlo, cuando resucitó a Lázaro, pidieron su muerte a Pilato el día de Viernes Santo, y estando en la cruz lo aborrecieron hasta la saciedad. Matar a Dios por querer ser buenos hombres de Dios.

         A lo largo de la historia, la Iglesia Católica también cayo en el error del fariseísmo, de perjudicar a los hermanos pequeños de Jesús, hasta de matarlos, por fidelidad a la doctrina cristiana. "Cuantas veces hicisteis esto con mis hermanos, conmigo lo hicisteis". Aunque tarde, el Papa San Juan Pablo II reconoció estos abusos y delitos en el año 2000, pidiendo publico perdón a todo el mundo.



         Por querer ser fiel a la doctrina cristiana se ha matado a Dios, pero también se da el caso de matar la doctrina de Dios por querer ser buen cristiano, por tener el amor al prójimo que Cristo insiste en el Evangelio. Retorcer la doctrina cristiana por adaptarla a las ideologías de hoy día o silenciar algunas cosas es una forma de matar la doctrina y de matar a Dios. San Jerónimo, en el siglo VII tradujo la Biblia al latín ,que se llamo la Vulgata, porque era la lengua del vulgo o pueblo. San Jerónimo decía que quien no conoce la Escritura no conoce a Cristo. Quien no conoce lo que el Antiguo y Nuevo Testamento dicen de Cristo, no conocen su verdadera misión y el objetivo de que Dios se hiciese hombre. El cristianismo progresista tiene muy buenas intenciones, porque busca el amor al prójimo, exigiendo justicia social y que no haya ningún tipo de discriminación. Sin embargo, muchas veces se olvida el verdadero objetivo de Cristo y su Iglesia, que no es otro que ser Cordero de Dios para que con su sacrificio se perdonen los pecados de los hombres. Se olvida y se retuerce la doctrina, llegando a decir barbaridades como que Cristo fue un revolucionario social. Hay que comprometerse con el prójimo, pero sin matar la doctrina de Cristo; muchos teólogos deberían darse cuenta de ello.



         El publicano resultó ser mejor persona a los ojos de Dios por el simple hecho de reconocer sus pecados. El fariseo estaba tan encumbrado en si mismo que no podía reconocer ni un solo defecto. Una de las enseñanzas que nos da ésta parábola, es que hay que tener mucho cuidado a la hora de juzgar y, sobre todo, criticar a una persona. Por lo general. la critica pocas veces va a ser constructiva y casi siempre destructiva. Pero además, hay que tener mucho cuidado al juzgar a una persona como cristiano, porque puede darse el caso de que, en el futuro, esa persona sea santa. hay que juzgar con caridad, pero también con la firmeza de la doctrina de la Iglesia; al igual que Dios es justo y misericordioso.