Aquella mañana del año 1223, a principios de diciembre, en el pueblecito de Greccio (Italia), el día se presentaba frío. El viento corría y mecía los árboles; el cielo tenía algunas nubes y ora salía el sol, ora se ocultaba. Por el camino que serpenteaba junto al río iban caminando 2 hombres, a ratos se detenían para profundizar la conversación, a ratos seguían su camino. Uno de ellos se llamaba Juan de Vellita, hombre noble, pero sobre todo piadoso. El otro vestía un pobre hábito religioso, gastado y remendado; las gentes con quienes se cruzaban en el camino, le hacían una reverencia en señal de admiración y respeto. A éste hombre le llamaban "Il poverello de Asis", El pobre de Asis. No era otro que San Francisco
Quería darte las gracias Juan - dijo Francisco- por todo lo que has hecho para que mis frailes y yo, estemos en éste pueblo tan hermoso, donde llevar nuestra vida de sencillez y alabanza de nuestro Dios. Me alegro que estéis felices aqui P. Francisco -dijo Juan- yo estoy para ayudaros en lo que necesitéis.
- Tu esposa y tu sois 2 buenos cristianos agradáis a Dios con vuestra vida.- dijo Francisco
- Solo procuro seguir las enseñanzas que me dáis a mí y a todo el pueblo- respondió Juan
- Juan, algunas vez te has preguntado como fué el nacimiento de nuestro Señor? dijo Francisco, deteniendo la marcha.
- Nuestro Señor nació en pobre portal, en un pesebre- dijo Juan
-Lo que quiero decir - prosiguió Francisco es imaginarnos la escena: el establo, el heno, el pesebre, los animales, la pobreza del lugar, ¿como debió ser?- Francisco siguió hablando- He pensado celebrar la próxima navidad, que será dentro de 2 semanas, de una manera especial. He hablado con el Santo Padre y me ha autorizado para ello. Lo que quiero es reproducir en una gruta de las que hay aqui, en Greccio, la gruta de Belén, y alli predicar al pueblo el gran amor de Nuestro Señor al hacerse hombre.
- Yo puedo ocuparme de buscar una gruta apropiada - dijo Juan - Y buscar un pesebre con heno y unos animales para que parezca la gruta de Belen.
- Pues hazlo así- respondió Francisco- que va a ser una muy hermosa navidad. Y retomando la marcha continuaron el camino hacía el pueblo
Los días siguientes, Juan se ocupó de buscar una gruta, eligiendo una que se encontraba en la falda de una montaña, junto al mismo pueblo, buscó un buey y un asno para ese día y se preparó un pesebre con una carga de heno. Los frailes de S. Francisco, en sus predicaciones y visitas a la gente de Greccio y otros pueblos de alrededor, fueron diciendo que el Santo de Asís iba a predicar la Navidad en una gruta, muy parecida a la del nacimiento de Nuestro Señor Jesús. Hubo personas que les pareció una idea ridícula -a quien se le ocurre predicar en una cueva y con un asno- pero a la mayoría de la gente, gente sencilla, les pareció bien.
Llegó el día de nochebuena. La gruta estaba como S. Francisco la había imaginado, pobre y humilde, con un sencillo pesebre, unos animales y una débil luz. La escasa luz no importaba, porque estaban las muchas pequeñas luces, que trajeron todas las gentes, que acudieron a la predicación del poverello de Asis. Aquellas gentes eran muy humildes en su mayoría, no se diferenciaban mucho de aquellos pastores que, en su día, fueron al portal de Belén a ver a Ntro Señor.
S. Francisco díó comienzo a la Misa y, llegado el momento del sermón, se puso a hablar del inmenso amor de Dios, para nacer en un lugar como el que se encontraban todos en ese momento. Dios había nacido en un lugar escondido y pequeño. Poco a poco Francisco se iba emocionando en su homilía, no hablaba de Cristo ni de Salvador, sino del Niño de Belén; tampoco hablaba a la gente, porque hablaba para él. Una alegría inmensa se había adueñado de su persona, todo el mundo tenía los ojos fijos en él, contagiando su emoción a todos los asistentes.
Así nació el representar el nacimiento de Nuestro Señor en una imagen. Primero solo el Niño Jesús y más tarde acompañado de S. José y La Virgen, lo que se conoce como "Misterio", porque misterio es que Dios se haga hombre por amor al Hombre. Con el tiempo se añadieron más figuras a la representación del Nacimiento, como los Magos y algunos pastores, hasta llegar a unos belenes muy hermosos como los napolitanos.
Cada navidad, las Iglesias, las casas de las personas cristianas se llenan de belenes de todo tipo y condición, con una gran variedad de figuras. Pero sobre todo, se coloca un pesebre, para que, llegado el día de Nochebuena, se ponga en él al Niño Jesús, y en ese momento, tenerlo en brazos, como lo tuvo S. Francisco en aquella Navidad de Greccio.
Para saber más:
La navidad de San Francisco celebrada en Greccio en 1223


