Las vacas
son un ganado perteneciente a la especie bovina, que junto con los ovinos,
caprinos y cervidos, constituyen los rumiantes. La principal característica de
éstos animales es el aparato digestivo
formado por varios estómagos (animales poligástricos) que son la panza, bonete,
libro y cuajar. Los rumiantes ingieren su alimento en grandes catidades – forrage, pienso ó
pasto – casi sin masticar, yendo a la panza, donde se almacena; en la misma hay
una flora bacteriana que realiza una 1ª transformación del alimento, no
obstante, al haber sido masticado insuficientemente, es necesario regurcitarlo
y enviarlo a la boca del animal para remasticarlo ó rumiarlo – hecho que se
realiza cuando el animal está en reposo- La comida ya rumiada se envía a los demás compartimentos estomacales
para continuar su digestión. Si las vacas y demás rumiantes no rumiasen ó
remasticasen la comida ingerida, no se podría completar la digestión,
perdiéndose la mayoría del forrage ó pienso ingerido.
A las
personas nos ocurre lo mismo que a las vacas, pero no con la comida, sino con
la información. La información es un forrage ó heno, que diariamente se nos
sirve, en los distintos pesebres: radio, prensa, televisión, internet, mitines
políticos, panfletos publicitarios, charlatanes y compañeros cotillas. Al igual
que las vacas se les da de comer más de una vez al día, desde temprano, los
periodistas ya nos sirven pienso concentrado para empezar bien el día, para
seguir con toda la alfalfa de los telediarios y terminar con el heno de los
coloquios y tertulias por la noche; por si fuera poco, hay unos dispensadores
que sueltan pienso, presionando con el
hocico, que es el internet.
El problema
no es recibir información, sino digerirla, porque se come al igual que lo hacen
las vacas, en grandes cantidades y sin masticarla, o sea sin pensar en lo que
vemos ó escuchamos. Hay que pararse sereno y reposado, igual que la vaca en el
establo, y volver a masticar, a rumiar toda la información ingerida, analizar,
sopesar, valorar utilizando el sentido común – el menos común de los sentidos –
con serenidad, sin dejarse llevar por prejuicios políticos ni ideológicos,
buscando el bien común, el bien de la persona, con sencillez. Si no hacemos
esto se puede producir una indigestión cerebral. Cuanta gente se cree todas las
barbaridades dichas por políticos nacionales y nacionalistas, cuanta gente
acepta los populismos, totalitarismos, fascismos, fanatismos, cuanta gente
acepta las mentiras de algunos medios de comunicación sobre la historia, la
religión, la economía y hasta la ortografía. De las indigestiones cerebrales
surjen las revoluciones, propiciadas por unos pocos. Si no reflexionamos ó
rumiamos la información recibida, podemos tragarnos autentica demagogia, con
las que el ganadero ó líder político, nos lleva donde quiere poniéndonos una
zanahoria delante.
Las vacas
transforman una enorme cantidad de forrage y pienso – incomestibles para un
hombre- en leche y carne. La leche es uno de los alimentos principales de
nuestra sociedad y con ella se elabora queso, yogourt y cremas de belleza. Una
buena vaca da 35-40 litros de leche al día y así tiene que ser una persona, hay
que transformar la información en un alimento nutritivo para nuestro desarrollo
personal, familiar, social, que sea
buena leche y no “mala leche” como pretenden algunos.
No podemos
dejar que la información nos reviente la cabeza ó nos lave el cerebro, hay que
rumiarla, como las vacas, hagamos esto y nos ira muuuuuuuuuuyyy bien a todos.
Para saber mas:
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