La taiga es
el bosque que se encuentra en la parte boreal de la Tierra, en las zonas de Alaska, Canadá y Siberia,
caracterizado por las duras condiciones de vida y por la presencia de
depredadores como el tigre siberiano, el oso y el lobo. El lobo puede
considerarse el depredador más peligroso por su manera de cazar en manada; en
invierno, cuando la caza escasea, si una manada de lobos ve a un hombre solo
por el bosque, irá a por el, al ser una presa muy fácil; este hombre, lo mejor que puede hacer es encender
un fuego, el fuego auyenta a todos los animales y si consigue aguantar, con
suerte aparecera alguien que le ayude a espantar a los lobos definitivamente;
si por el contrario no tiene fuego ó este se apaga, puede considerarse hombre
muerto, da igual que tenga un rifle, no podrá con toda la manada de lobos.
Esta visión
tan cruel de la naturaleza no se diferencia mucho de la situación que viven los
matrimonios en nuestra sociedad actual. El mundo en que vivimos es como una
taiga hostil para las familias, donde es acosada por lobos ó tigres, de razas y
especies muy diversas: problemas económicos, dificultades con los hijos,
infidelidades, convivencia de los esposos, problemas laborales, etc. Para auyentar éstos lobos se necesita fuego,
el fuego del amor del matrimonio; el amor no elimina los lobos pero si los
mantiene a raya y así, el matrimonio y la familia se mantienen firmes y
estables y con el tiempo, con la ayuda de amigos, familiares y con la voluntad
de los esposos, los peligros pueden llegar a auyentarse definitivamente. Si al
matrimonio le falta amor, le falta fuego, entonces todos los lobos caen sobre
él y es matrimonio muerto ó roto, y su separación definitiva es solo cuestión
de tiempo y abogados. El divorcio está a
la orden del día, cuantas veces hemos oído ésta frase, y de la misma forma que
la gente se casa, también se separa y no hay de que sorprenderse. El problema
de muchos matrimonios es que no ven acercarse a los depredadores ó no los
quieren ver, incluso cuando los tienen encima, no les da tiempo a encender
fuego, cuando debían tenerlo encendido siempre.
Un hombre
no debe ir solo por la taiga, sino formar parte de una expedición bien preparada,
capaz de superar todas las dificultades que se presenten. Un matrimonio no debe éstar solo en la vida,
sino contar con el apoyo de otros familiares, amigos, y sobre todo de otros
matrimonios que estén en la misma situación, con quienes hablar, hacer
comunidad, grupo, expedición.
El fuego
auyenta a los lobos, pero el fuego se alimenta de leña y la leña hay que
cortarla y recogerla. El amor se
alimenta con obras, con obras que son amores y no buenas razones (Sta Teresa de
Jesús); así se mantiene el fuego, el amor encendido, así un matrimonio puede
mantenerse vivo y estable en la taiga de nuestra sociedad.

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