martes, 31 de marzo de 2015

El corredor





     Las carreras de maratón ó media maratón, son unas pruebas deportivas en las que los participantes corren una distancia que oscila entre los 20 y 40 km; no se trata de una competición de velocidad sino de resistencia, y sobre todo de llevar un ritmo constante en el correr; el corredor que llega a la meta, lo hace bastante agotado, pero tiene la satisfacción personal de haber finalizado la prueba. En una carrera hay 3 grupos de participantes: los corredores, los espectadores que animan y las personas que ven la carrera porque es la distracción que hay en la calle en ese momento, pero sin ningún interés por ella.
     Una carrera de maratón, un partido de futbol, una regata, son competiciones que se pueden aplicar a nuestra vida, ya que ésta es como una carrera, y no es porque nuestra actividad diaria se realice “a la carrera” ó con estrés, sino porque la vida es una carrera que hay que realizar hasta llegar a la meta. Ahora bien, ¿Cuál es la carrera que hay que correr?. Existe una carrera de tipo profesional y material (médico, abogado,  maestro, militar, etc) que nos va a proporcionar unos medios económicos en la vida y una estabilidad material y social; sin embargo, la carrera verdadera no se refiere al tener sino al ser, y esto es así porque la meta es el final de nuestra vida. Si corremos solo en el tener, en lo material, al llegar a la meta perderemos todo lo ganado, pues nuestra vida termina, nadie nos recordará, ni siquiera nuestros herederos legales que se beneficiaran de lo que hemos corrido. Si corremos en el ser, en el ser nosotros mismos, en los valores, las virtudes, la solidaridad, ect, entonces si que habremos ganado la competición, y tendremos el reconocimiento de todos los espectadores y nuestros seres queridos.
      En la carrera los corredores van a su ritmo, desde una asociación de voluntariado, institución religiosa, u otra Ong, desde la dedicación a una familia, desde un trabajo profesional bien hecho, desde el compromiso con la sociedad en todos los ámbitos, hay muchas formas de correr. También están los espectadores que animan, no corren físicamente pero lo hacen con la intención; cuanta gente que da un donativo a una entidad benéfica, ayuda a familiares y amigos a superar un problema, da de lo poco que tiene. Otras personas ven la carrera sin interés, los problemas de la sociedad no son sus problemas, “que lo arregle el estado que para eso cobra impuestos” se dicen a si mismos. Hay personas que ni siquiera miran la carrera, porque viven de espaldas a la realidad, encerrados en si mismos y su propio egoísmo. Incluso hay otro grupo más, aquellos que ponen zancadillas a los corredores, aquellos que desde la política, el poder, el capital, buscando su propio beneficio, tratan de entorpecer la buena labor que los corredores están realizando. ¿A que grupo de personas pertenecemos? Si no somos corredores, por lo menos que seamos animadores, nunca de los que obstaculizan la competición.   
      Ha habido y sigue habiendo grandes corredores: Gandhi, Rigoberta Menchu, Juan Pablo II, Teresa de Calcuta, Vicente Ferrer, José María Escrivá de Balaguer, Arnulfo Romero, Lech Walesa, Nelson Mandela, Marguerite Barankitse, la lista es interminable, afortunadamente, porque siguen surjiendo nuevos corredores, tanto en las maratones más importantes del mundo como en pequeñas carreras de unos pocos amigos, lo importante es correr. Para correr hay que entrenarse, eso lo sabe cualquier maratoniano, y no entrenarse en solitario sino en grupo. Hay que asociarse y no solo en la lucha por fines nobles como la vida, la paz, los derechos humanos, el civismo, sino también en lo personal (solidaridad, santidad, etc); por ésta razón un cristiano necesita hacer comunidad con otros como él. San Pablo compara al buen cristiano con un corredor de la antigua Grecia, él nos dice que tiene que correr para alcanzar a Aquel – Dios- que le alzanzó primero.







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