domingo, 27 de marzo de 2022

Dejarse lavar los pies

  


         La escena del lavatorio de los pies es una de las más hermosas del Evangelio. Sucede el día de la ultima Cena, antes de la cual, Cristo decide lavar los pies a los apóstoles. Para ello, se quita el manto, toma una toalla y una jofaina con agua y, como si fuese un esclavo, se pone a lavar los pies a sus discípulos. Ellos, se dejan lavar, aunque se sorprenden enormemente. Cuando le va a lavar a S. Pedro, éste se niega, porque no quiere que Cristo se abaje a ser su sirviente, en tal caso debe ser al revés, le parece que es algo excesivamente humillante.
         Pedro no quiere que Cristo le lave los pies, no quiere que muera en la cruz, no entiende ninguna de las 2 cosas. Pero ¿Cómo puede ser que Dios hombre, actúe así?  Cuando debía presentarse a las autoridades religiosas y políticas para instaurar su reino que lleve la paz, bienestar y grandeza a Israel.
          Pedro no se diferencia del hombre de nuestro tiempo, que tampoco entiende que Cristo tenga que morir para que se perdonen los pecados del hombre. No lo entiende el hombre ateo o agnóstico, y explica la religión como un conjunto de preceptos y normas impuestos para explicar lo inexplicable. Al hombre religioso, también le cuesta entender el sacrificio de Cristo, ya sea porque su religiosidad se ha anquilosado, en una practica más social que religiosa, o porque se deja llevar por interpretaciones erróneas de la doctrina cristiana. Estas interpretaciones han existido en todas las épocas, desde el arrianismo del siglo IV, pasando por la reforma luterana, hasta el modernismo del siglo XX. Estos errores despojan a Cristo de su naturaleza divina y su misión redentora, para reducirlo a un simple hombre, o como dicen algunos: un revolucionario social; también contribuyen a dividir a los cristianos en numerosas escisiones e iglesias, contrariando el deseo de Cristo de "que todos sean uno" 



          Pedro no entiende que Cristo le lave los pies y Jesús le responde que si no se deja lavar los pies no puede participar en su reino. Si no se deja lavar los pies, no se deja querer, y si no se deja querer, no puede amar a Dios ni ser buen cristiano. Jesús le dice a Pedro que tiene que dejarse lavar los pies, para dejarse querer, aunque no entienda el acto de que Cristo se abaje a ser un esclavo y mucho menos que tenga que morir- más tarde lo entenderá-. 
           El acto de lavar los pies no es solo algo servicial, para quitar la suciedad material, es también una imagen de lavar el pecado del hombre; es lo que Cristo va a hacer al día siguiente. Jesús esta diciendo a los discípulos que tienen que dejarse lavar, que tienen que dejarse querer y perdonar; que el hombre de hoy día tiene que dejarse querer y perdonar por Dios.  
        Cristo no solo lava los pies para enseñar a los discípulos como amar a Dios, también lo hace porque lo necesita. Esa noche de la Sagrada Cena, Jesús necesita querer un poco mas a sus amigos, los apóstoles. Su sacrificio está demasiado próximo, necesita abrazar a los discípulos, aunque ellos no sean plenamente conscientes de como se siente Cristo, necesita lavarles los pies.




                  Y cada Semana Santa, el día de Jueves Santo, Cristo vuelve a estar en cada iglesia, en esos monumentos tan hermosos, donde se coloca la Eucaristía después del Oficio religioso. Ese día está la bella tradición de visitar éstos monumentos, para poder acompañar un rato a éstos sagrarios; para, con la imaginación y el corazón, abrazarlos y dejarnos lavar los pies.  










 

lunes, 14 de marzo de 2022

No basta con creer en Dios para creer en Dios


      Esta frase parece contradictoria, pues se afirma que la creencia en Dios no es suficiente para ello mismo. Pero realmente es así, la creencia en Dios por si sola no es suficiente para ser un creyente o un buen cristiano.

      No es lo mismo creer en Dios que en la ley de la Gravitación Universal, en el Coronavirus o en el Imperio Romano. En estos 3 casos la creencia viene impuesta por los hechos, que son innegables. La ley de la Gravitación es una ley física sobradamente demostrada. Basta con tirar un ladrillo hacia arriba, si no nos apartamos nos cae encima. El Imperio Romano tiene demostrada su existencia por los testimonios históricos y restos de sus construcciones (acueducto de Segovia), entre otras cosas. El Covid-19 es una realidad demostrada por los muertos que ha producido. Nadie se plantea la existencia del Coronavirus, la fuerza gravitatoria o el hecho histórico de los romanos; aunque siempre hay negacionistas, que niegan los hechos porque no los quieren aceptar o porque les molesta. Ejemplos de negacionismo son el mismo Coronavirus, el Holocausto judío, o crímenes de algunos regímenes comunistas. Nadie se plantea la realidad de los elementos anteriores, y quien no los crea o reconozca, es un ignorante, pero si que se plantea la existencia de Dios, y en éste caso, no se es un ignorante por no reconocer a Dios.   



        La existencia de Dios es uno de los grandes planteamientos del ser humano. Unos lo hacen para afirmarlo y otros para negarlo. En ambos casos quieren llevar el agua a su molino y sentirse tranquilos conforme a sus planteamientos.

       Hay que preguntarse porque creemos en Dios. Entonces vemos que hay muchas personas que son creyentes, pero que nunca se lo han planteado. Son creyentes porque lo han sido toda la vida, porque han recibido una Fe y una religión de sus mayores y la han vivido en una sociedad religiosa, generalmente confesional, en la que uno es creyente sin necesidad de planteárselo, porque todo el mundo lo es.

       Cuando una persona se plantea seriamente la existencia y creencia en Dios, se da cuenta que razones como que la sociedad es cristiana o que así me lo enseñaron mis padres, se caen por su propio peso, como por acción de la gravedad. Hay personas que creen en Dios por un razonamiento filosófico, de que el universo no puede existir sin no hay un Ser o Inteligencia creadora, pero eso es creer en un ente que está por ahí, en el séptimo cielo, y muy lejano del hombre.


      

       No se puede creer en Dios por un razonamiento filosófico y no basta con simplemente creer, no basta con que nuestra inteligencia o razón acepte una realidad no material y no sujeta, ni a la razón ni  a los parámetros de la ciencia. Si se cree en Dios por principios personales, éstos principios pertenecen al ámbito de la ideología personal y amor propio. La ideología es eso, ideas, que no tienen una base firme para asentarse fuera del orgullo, el deseo de poder o prejuicios injustos. Las ideologías no se sostienen por si solas, y antes o después se caen por su propio peso. Las ideologías están al servicio del poder y el poder y sus políticos se encargan de sostenerlas, para seguir cobrando sus sueldos de diputados. Ahí están los regímenes políticos totalitarios como el chino, ruso o venezolano.

       No se puede creer en Dios y ser cristiano por mera ideología o principios. La prueba de ello es la descristianización de la sociedad que sufre Europa y la misma España, territorios que en la antigüedad se les llamó la Cristiandad.

      No basta con creer en Dios, hay que amarlo. Antes hemos dicho que hay personas que quieren demostrar su existencia y otros su falsedad, pero por intereses ideológicos o políticos. Hay que recordar que, en la guerra civil española, había que quemar la Biblia o besarla, según el bando en el que se encontrase uno; en ambos casos faltaba el amor de Dios.

       La Fe cristiana es una virtud, que junto con la esperanza y la caridad, constituyen las virtudes teologales, forman un triángulo sobre el que se asienta la vida cristiana. Esta nace creyendo (Fe), crece esperando y se fortalece amando. Por la Fe creemos en Dios, no como un ente espiritual que esta por ahí arriba perdido, sino como un padre -Padre Nuestro - con quien hay una relación hombre-Dios. Por la Esperanza, la vida del hombre es un caminar hacía el encuentro definitivo con Dios. Por la Caridad el hombre ama a Dios, en si mismo y en el prójimo. Es la Caridad la virtud que está en la parte superior del triangulo.

       No basta con creer en Dios, hay que amarlo y tenerlo en el corazón, y del corazón no se va a caer.




domingo, 6 de marzo de 2022

Dejarse querer sin entender



           El Papa Francisco en su mensaje de Cuaresma del año 2021, puso el título de "mirad que vamos a Jerusalen". En éste mensaje, el Papa incidía en cuidar mucho el trato y ser muy amable y atento durante éste tiempo. Aqui podemos preguntarnos como fué en realidad, cuando Cristo iba caminando con los apostoles hacia Jerusalen. los Apostoles iban caminando con Jesús e iban tristes y no entendían nada. Cristo les había dicho que en Jerusalén le matarian; pero ademas, a Pedro le recrimino fuertemente por intentar disuadirle de tal objetivo. Los Apostoles podían haber dicho a Cristo que no le acompañaban a Jerusalén, que eso de entregarse a una muerte cruel era una locura, que no contase con ellos. Algunos dicipulos ya habían abandonado a Cristo, porque sus palabras les parecían duras, y entonces Jesús les preguntó si también ellos querían abandonarlo; y Pedro contestó ¿ a quien iremos Señor? si tu tienes palabra de vida eterna. Por eso iban con él a Jerusalen, tristes sin entender, y Cristo les tenía que animar en el camino, y ellos se dejaban animar y querer, se dejaban querer sin entender, se dejaban querer.

          Con los apóstoles estaba Judas, por supuesto. Su caso merece una consideración aparte. Judas no iba triste, sino completamente decepcionado por Cristo; porque no era el mesias que necesitaba Israel, y eso que podía serlo, pues si era capaz de multiplicar los panes, también podía hacerlo con las espadas, y con ello formar un ejercito para expulsar a los romanos y que Israel recuperase su grandeza. En lugar de eso, predicaba cosas muy bonitas como hacer el bien al prójimo y perdonar al enemigo, pero que no servían para nada. Pero Judas apreciaba a Cristo; sabía que los fariseos y sacerdotes de Jerusalen querían matarlo y Judas no quería eso. Por ello pensó que lo mejor era terminar con ésta predicación, por el bien de todos, del propio Jesús y del pueblo judio, porque antes o después, los romanos desconfiarían de las multitudes que arrastraba Cristo y lo solucionarían a base de espada. Judas pensó en acordar con los sacerdotes del templo para arrestar a Jesús y tenerlo un tiempo encerrado, hasta que su predicación se apagase.- La película Jesús de Nazareth, de Franco Zefirelli, trata este tema de la traición negociada de Judas- Seguramente Judas iría pensando en éste plan en el camino a la ciudad santa, mientras los demás iban entristecidos. De Judas se puede decir que fué el campeón de los ingenuos, se dejó engañar como el solo. Hasta un ciego podía ver que los sacerdotes no cumplirian con lo acordado; querían matar a Cristo sin más y lo más cruel posible. Cuando dijo Os he entregado a un hombre justo, ya era tarde. La traición de Judas no fué peor que la triple negación de Pedro, pero Pedro volvió a Cristo a pedirle perdón, y a dejarse querer por él, cosa que no hizo Judas.



         Dejarse querer sin entender. ¿Porque? Dejarse querer supone querer, devolver ese amor que nos dan. Cuando se ama de verdad no se piden explicaciones, se acepta al otro como es. El buen cristiano dice "hágase tu voluntad" no dice: explícame tu voluntad a ver si estoy de acuerdo.
         Dejarse querer por Dios sin entender, en las cosas ordinarias de cada día, es la mejor actitud para un cristiano; sin embargo ésta es tan solo la 1ª parte. Hay una 2ª entrega, pero hay que pedirla, y sobre todo hay que estar abierto a recibirla. Porque los Apóstoles, junto con la Virgen María estaban abiertos a ella, y el día de Pentecostés, entendieron todo lo que Cristo les había enseñado, y perdieron el miedo a salir a predicarlo. Dejarse querer sin entender es el paso previo para entender el mensaje cristiano. Es inútil pretender entender las cosas del Espiritu mediante la razón humana, Dios escapa a la razón, el Amor no se deja encerrar en los planteamientos de la razón. La misión redentora de Cristo era contraria  a toda razón, así lo decía Pedro. Sin embargo Cristo le recriminó fuertemente que el pensaba como los hombres, con la razón humana y con la razón humana no se redimen los pecados de los hombres.

         Dejarse querer por Dios en las cosas ordinarias de cada día, en las cosas y en las personas, supone querer a esas cosas y a esas personas. Dios pone situaciones y personas en nuestro camino y no entendemos porque. Entonces tenemos que aceptar a esas personas y a esas situaciones. Aceptarlas es quererlas, quererlas supone dejarse querer, y dejarse querer sin entender. Poco a poco vamos viendo que, esas personas y situaciones, Dios las pone en nuestra vida para ser un buen hombre y un buen cristiano, y a partir de entonces, es cuando se empieza a querer y entender. Entender a Dios supone que el Espiritu Santo ha entrado en nuestra vida.