jueves, 19 de febrero de 2015

Cristo Dios, hombre y trabajador verdadero

                                      
      

      La doctrina cristiana nos enseña que Cristo es Dios y hombre verdadero, dándose en una persona las dos naturalezas: humana y divina. A Cristo se le ha dado a conocer como el maestro de Nazareth y como el Cordero de Dios; pero hay una faceta  suya  que no se suele mencionar y es la de trabajador, y es que Jesús fue un trabajador como otro cualquiera.
   Habría que imaginarse a la Sagrada Familia viviendo en Nazareth. San José trabajando en el taller y la Virgen María dedicada a las labores de la casa; Jesús, siendo niño, repartiría el día entre ir a estudiar a la sinagoga, jugar con otros niños y ayudar a su padre en la carpintería ó traer el agua del pozo. Con toda seguridad, desde los 13-14 años, Cristo estaría trabajando con S.José de 8 de la mañana a 8 de la tarde, en el taller. En tiempos de escasez de trabajo. Irían los 2 a buscar encargos a otro pueblo ó ciudad, y si la situación era más dura, se ofrecerían de jornaleros en una viña ó campo para segar.
    Cristo fue un trabajador y ello se refleja en su predicación posterior, al hablar del sembrador, la levadura, los pellejos de vino, la mostaza, las ovejas; hablaba con conocimiento de causa, aplicando su experiencia laboral, a través de parábolas, para hablar de Dios a la gente. Había otros maestros en la época de Cristo: los fariseos, los sacerdotes de Jerusalén, maestros y filósofos de Grecia, Roma, Persia, Egipto; se trataba de gente que no había cogido una azada en su vida, ó una hoz; éstas personas no llegaban a la gente sencilla, porque no se mezclaban con ella, solo llegaban a los poderosos e importantes de la época, y Jesús si se mezclaba con la gente sencilla y les curaba de sus males.
   Algunos historiadores afirman que Cristo vivió con los esenios, llevando una vida monacal en montes y cuevas perdidas; otros van más lejos, diciendo que estuvo en la India, de donde trajo su sabiduría, pero Jesús estuvo trabajando en su pueblo hasta el inicio de su vida pública. La prueba de ello es que la gente que le conocía, se extrañaba de sus enseñanzas, porque sabían que era un carpintero que no había ido a estudiar, ni a Jerusalén ni a Atenas, únicamente la sinagoga de Nazareth- como todos-  y luego a trabajar.
    Cristo estuvo predicando unos 3 años,  habiendo tenido  una vida laboral de unos 15-17 años, aproximadamente. Fue un trabajador como los demás, aunque no como los demás, porque con el paso del tiempo iba descubriendo quien era y que misión tenía. Durante sus años de trabajo murió S. José, quedando él al frente de la carpintería y siendo el sustento de su madre. Al termino de cada jornada laboral, dedicaría un rato a rezar, en un rincón de la casa ó un campo cercano; éstos ratos de oración se intensificarían al acercarse el momento de empezar su vida pública. – Tengo que marcharme, a ver a Juan Bautista, a rezar en el desierto y a predicar – le díjo un día a su madre, y la Virgen sabía que tenía que llegar ese día.
    Cristo es Dios, hombre y trabajador verdadero.

  

                            







domingo, 8 de febrero de 2015

Tesoros en el Cielo




     En el Evangelio Cristo habla de no acumular tesoros en la Tierra, sino en el Cielo, ya que los tesoros de la tierra los roba el ladrón y los roe la polilla, mientras que los tesoros en el cielo permanecen por siempre.  
     Al hablar de tesoros nos viene a la memoria los tesoros de los piratas enterrados en una isla perdida, ó la cueva de ali Babá, ó las tumbas de los antiguos faraones egipcios, se trata de una acumulación de objetos valiosos para goce y deleite de su dueño y para comprar el mundo entero. Un tesoro no es lo mismo que un plan de pensiones ó un plan de ahorro; éstos se van formando poco a poco con pequeñas aportaciones, como la hormiga lleva trigo al hormiguero , y al llegar a la edad de jubilación, cuando ya no se obtienen  ingresos por el trabajo habitual, es cuando se recibe el plan de pensiones acumulado durante tanto tiempo y es lo que nos permite seguir viviendo. El plan de pensiones es algo razonable y necesario,  pero el tesoro es una riqueza mucho mayor que la que se necesita para vivir, el tesoro es algo para la contemplación egoísta, el tesoro, mi tesoro, es algo en lo que ponemos el corazón, cuantas veces decimos “aquí está mi tesoro”, refiriéndonos a nuestros hijos, un recuerdo familiar, un cuadro, un objeto muy querido y valioso.
      Los tesoros en la tierra tienen el inconveniente de ser temporales, se pueden perder en cualquier momento por un robo, dificultades económicas, expropiaciones administrativas, etc; pero además, al termino de nuestra vida, a través de las herencias, pasan a pertenecer a los herederos legales que son los cónyuges, hijos, sobrinos y otros,  y como dice el refrán “gastate en mujeres y en vino lo que se han de llevar tus sobrinos”. Los antiguos faraones se pasaron la vida acumulando tesoros para enterrarse con ellos, pensando que los iban a disfrutar en la otra vida, quienes si los disfrutaron fueron los saqueadores de tumbas, y lo que éstos no robaron fue lo que los arqueólogos encontraron, y hoy podemos disfrutarlo todos en los museos Británico, Louvre, El Cairo e internet.
     Al contrario que los tesoros en la Tierra, el Evangelio propone tesoros en el cielo; también son tesoros, puesto que se pone el corazón el ellos, pero es otro tipo de tesoros. En el Cielo no se pueden depositar euros, dólares u oro, sino obras de caridad, ejemplaridad y solidaridad.  Quien pretenda ser una persona ejemplar en la vida teniendo éxito únicamente en lo material, por muy legal que sea, no acumulará nada en el cielo; es como el que pretende abrir una cuenta corriente en el banco con un kg de cebollas; para abrir una cuenta en el cielo no se pide el tener, se pide el ser,  el ser un hombre de corazón solidario, coherente con lo que se cree y predica, un hombre de verdad.
     Y ¿cómo son los tesoros en el Cielo? En el caso de un depósito bancario ó plan de pensiones, exigimos una productividad con los intereses, y hacemos aportaciones a dicho plan, para que el capital ó tesoro siga aumentando. Al plan de pensiones del cielo también se le hacen aportaciones, pero  sin buscarlo ó sin darnos cuenta, porque cuando un hombre tiene un corazón de oro y se comporta así, no lo hace para que le reconozcan sus buenas obras, sino porque es una persona extraordinaria. Hay gente tan grande que ni sabe lo buena y magnifica que es, ni sabe lo que tiene acumulado en el Cielo;  éstas personas son los verdaderos millonarios, tienen el reconocimiento en ésta vida y en la otra, son como los santos, queridos por la gente en su día y con un lugar reservado en el Cielo.