Al hablar
de tesoros nos viene a la memoria los tesoros de los piratas enterrados en una
isla perdida, ó la cueva de ali Babá, ó las tumbas de los antiguos faraones
egipcios, se trata de una acumulación de objetos valiosos para goce y deleite
de su dueño y para comprar el mundo entero. Un tesoro no es lo mismo que un
plan de pensiones ó un plan de ahorro; éstos se van formando poco a poco con
pequeñas aportaciones, como la hormiga lleva trigo al hormiguero , y al llegar
a la edad de jubilación, cuando ya no se obtienen ingresos por el trabajo habitual, es cuando se
recibe el plan de pensiones acumulado durante tanto tiempo y es lo que nos
permite seguir viviendo. El plan de pensiones es algo razonable y
necesario, pero el tesoro es una riqueza
mucho mayor que la que se necesita para vivir, el tesoro es algo para la
contemplación egoísta, el tesoro, mi tesoro, es algo en lo que ponemos el
corazón, cuantas veces decimos “aquí está mi tesoro”, refiriéndonos a nuestros
hijos, un recuerdo familiar, un cuadro, un objeto muy querido y valioso.
Los tesoros
en la tierra tienen el inconveniente de ser temporales, se pueden perder en
cualquier momento por un robo, dificultades económicas, expropiaciones
administrativas, etc; pero además, al termino de nuestra vida, a través de las
herencias, pasan a pertenecer a los herederos legales que son los cónyuges,
hijos, sobrinos y otros, y como dice el
refrán “gastate en mujeres y en vino lo que se han de llevar tus sobrinos”. Los
antiguos faraones se pasaron la vida acumulando tesoros para enterrarse con
ellos, pensando que los iban a disfrutar en la otra vida, quienes si los
disfrutaron fueron los saqueadores de tumbas, y lo que éstos no robaron fue lo
que los arqueólogos encontraron, y hoy podemos disfrutarlo todos en los museos
Británico, Louvre, El Cairo e internet.
Al contrario
que los tesoros en la Tierra, el Evangelio propone tesoros en el cielo; también
son tesoros, puesto que se pone el corazón el ellos, pero es otro tipo de
tesoros. En el Cielo no se pueden depositar euros, dólares u oro, sino obras de
caridad, ejemplaridad y solidaridad. Quien
pretenda ser una persona ejemplar en la vida teniendo éxito únicamente en lo
material, por muy legal que sea, no acumulará nada en el cielo; es como el que
pretende abrir una cuenta corriente en el banco con un kg de cebollas; para
abrir una cuenta en el cielo no se pide el tener, se pide el ser, el ser un hombre de corazón solidario,
coherente con lo que se cree y predica, un hombre de verdad.
Y ¿cómo son
los tesoros en el Cielo? En el caso de un depósito bancario ó plan de pensiones,
exigimos una productividad con los intereses, y hacemos aportaciones a dicho
plan, para que el capital ó tesoro siga aumentando. Al plan de pensiones del
cielo también se le hacen aportaciones, pero
sin buscarlo ó sin darnos cuenta, porque cuando un hombre tiene un
corazón de oro y se comporta así, no lo hace para que le reconozcan sus buenas
obras, sino porque es una persona extraordinaria. Hay gente tan grande que ni
sabe lo buena y magnifica que es, ni sabe lo que tiene acumulado en el Cielo; éstas personas son los verdaderos millonarios,
tienen el reconocimiento en ésta vida y en la otra, son como los santos,
queridos por la gente en su día y con un lugar reservado en el Cielo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario