El grupo de música The pólice, compuso en los años 80 la
canción titulada “message in a bottle”
(mensaje en una botella) en la que se relata que un naufrago, en un isla
desierta, lanza una botella al mar con un mensaje dentro, con objeto de que
alguien la encuentre y vengan a rescatarle; tiempo después, un día ve la playa
de su isla llena de botellas, con mensajes de personas que están solas en una
isla desierta, deseando ser rescatadas; el
no es el único solo, hay mucha gente como él.
Las personas somos como islas en el mar; inicialmente estamos
aislados, pero tendemos puentes ó ponemos
un barco que nos comunique a unos con
otros, por diversos motivos (laborales, sociales, familiares, amistad, etc).
Muchas veces el agua que separa una isla de otra es pequeña, basta con una
pequeña pasarela ó un alargar la mano. Sin embargo, hay islas para las que no
hay puentes, no hay un barco que vaya a ellas, e incluso ni se conoce su
existencia, porque tampoco existen motivos para comunicarse con ellas; Así, las personas que están en esas islas, lanzan
botellas al mar con un mensaje, con la
esperanza de que alguien lo encuentre ó encienden fuego, para que lo vea un
barco ó avión que pase cerca.
Hay mucha gente en una islas desiertas, que ó bien no sabemos
donde están, ó más bien no queremos
saberlo: cárceles, hospitales, residencias de ancianos, familiares lejanos,
antiguos amigos ó compañeros. Pero también hay personas, que su isla no está
tan lejana, en realidad está delante nuestro: vecinos, compañeros de trabajo,
familia. Las personas de éstas islas sufren todo tipo de soledades, algunas son
muy duras: la soledad de un niño que sufre acoso escolar, la soledad de un
trabajador en un ambiente hostil, un anciano olvidado en una residencia, un preso del que nadie
quiere acordarse, una persona con su desgracia sin ninguna ayuda, un vecino con
sus rarezas, un enfermo. Para ésta gente, no hay puentes, no hay barcos, ni un
alargar la mano. Es la soledad que tanto impactó a la Madre Teresa de
Calcuta, que vió en ella la pobreza de
los países ricos.
Existe también una
soledad voluntaria, aquella por la que
nos aislamos nosotros mismos y no queremos ninguna comunicación con el
exterior, porque estamos mejor así; además, tenemos nuestra propia lancha
motora, para ir a la isla de al lado cuando nos interesa y sin ningún tipo de
compromiso.
El comunicarnos con una persona, el relacionarnos, el tender
un puente hacia ella, hacia esa isla implica un compromiso; esa persona va a
entrar en nuestra vida, en mayor ó menor medida (familia, amigos, vecindad) y
nosotros en la suya. El compromiso lleva consigo una aceptación y una entrega y
aquí es donde radica el problema de la soledad, en el compromiso. Solo queremos
comunicarnos, crear un puente, crear un lazo ó compromiso, con aquella persona
que nos interese, porque vamos a obtener un beneficio, material ó social. No
queremos establecer un puente ó enviar un barco a aquella isla de la que solo
vamos a obtener perdidas materiales y sacrificios.
Al final, no somos nosotros mismos quienes se comunican ó
relacionan con otras personas, son nuestro patrimonio, nuestras cuentas
bancarias, el prestigio social y cultural; ellos son los que deciden a que isla
ir para explotarla. Nuestro corazón queda fuera de la toma de decisiones, ó
mejor dicho, se le destierra a otra isla, como en la película Papillon, ó a una
que tenga cárcel de máxima seguridad, como la de Alcatraz.
Hay que liberar a los corazones encerrados para poder
rescatar a los naufragos. 