Era la noche perfecta en que la familia reunida celebraba la navidad rebosantes de amor y paz. Esa la imagen ideal en Navidad, pero ¿como fué la primera Navidad, la original y verdadera?
San José y la Virgen estaban llegando a Belen. San José estaba preocupado porque María estaba teniendo algunas contracciones y temía que no llegasen al pueblo a tiempo. El viaje tan largo, desde Nazaret, a lomos de un pollino, no era nada bueno para una mujer embarazada. San José trataba de animarla diciéndole a la Virgen que ya faltaba poco para llegar a Belen, que en seguida irian a una posada y alli podría descansar y tener al niño. En realidad era al reves, Maria animaba a José para tranquilizarlo
Mientras caminaban José recordaba muchas cosas sobre la concepción de este niño que venia. Cuando se enteró de que María estaba embarazada se había enfadado. Sus padres San Joaquin y Sta Ana, le insistieron en que dijera la verdad, que había sido un soldado, de una patrulla que encontraron en el camino al ir a visitar a su prima Isabel, cuando fue a ayudarla en su embarazo y parto de San Juan Bautista. Era una excusa perfecta, después de todo no quedaba remedio que aguantarse y bajar la cabeza. Pero la Virgen insistía en que no, que había sido un Angel, que no había estado con ningún hombre. A San José no le convenció esta historia, pero no quería denunciar a María al jefe de la sinagoga, no quería verla morir cruelmente y decidió repudiarla en secreto. Los padres de María se lo agradecieron mucho, pues la gente del pueblo pensaría que no se trataba de un adulterio -eso le permitía no ser condenada a la lapidación - sino que José dejaba a María y la dejaba embarazada. Y entonces sucedíó lo que no se esperaba; también un angel habló a José, fué en sueños. ¿Será verdad lo que he soñado?, ¿que tengo que aceptar ese niño que María lleva en su cuerpo? No entendía nada, pero su enfado había desaparecido y si creía en ese niño como una obra de Dios, como había escuchado en el sueño. Después vino el censo que el emperador de la odiosa Roma ordenaba para todos los judíos, para actualizar a las personas y sobre todo, los impuestos. José tenía que ir a Belén, y María decidió ir con él.
Ya falta poco para llegar, le decía San José a la Virgen, mientras ella disimulaba sus contracciones con sonrisas. A lo lejos se veían las casas de Belén y junto al camino había pastores; José dirigió su mirada a los pastores y ellos le miraron a él. La vida de un pastor era durísima. En la practica, ellos eran una oveja más cuidando de las demás, porque vivían como animales. Los pastores solían ser muy pobres y lo más bajo de la sociedad. Muchas veces S. José se había encontrado con pastores cuando iba a trabajar a otro pueblo, desde Nazareth; y si eran un niño o un anciano les había dado su comida y a veces hasta su capa. Pero aquella vez no había tiempo para la solidaridad, iban con mucha prisa. por eso les dirigió una mirada en la que les deseaba que Dios les amparase en sus necesidades.
Por fin entraron en Belén. Atravesaron sus calles, que estaban llenas de gente, seguramente habían venido de viaje y por el mismo motivo que ellos. Aquello puso a José más preocupado. Eso quería decir que las posadas estarían completamente ocupadas. Sorteando a la gente y llegaron a una posada y alli confirmó sus sospechas. no había sitio para ellos. La desesperación empezó a adueñarse de José mientras se dirigían buscando otra posada a ver si había mas suerte. La Virgen trataba de tranquilizarle mientras sus dolores aumentaban. José pensaba - No puede ser que éste niño sea de Dios y no tenga donde poder nacer, no puede ser que estemos así- En la siguiente posada fué peor; la gente ocupaba incluso la puerta de entrada. - No puede ser, tenemos que encontrar algo, que hacemos? Un hombre que estaba junto a la puerta de la posada, al verles que no encontraban alojamiento, les dijo que al final de la calle, casi saliendo del pueblo, había unas oquedades en el terreno que se usaban de establos y que seguramente estaban vacías, que podían ir alli, hasta que, pasado un día o dos, la posada se desocupase un poco. A la desesperación de José se sumo el enfado - !No somos animales¡- le dijo San José a éste hombre- Pero la Virgen, con sus contracciones dijo- Vamos a ese sitio José.
Llegaron al establo, tenía una pequeña verja de madera y estaba vacío. Tenía suciedad por todas partes. José no quería entrar alli, pero la Virgen le dijo que si. El establo se había usado hace poco, por eso había paja y parte de ella estaba limpia. José cogió un rastrillo que había alli para retirar la suciedad y hasta excrementos de la parte más resguardada del establo, extendíó paja limpia y puso una manta para que se recostase María.-Me tienes que ayudar José- le dijo María. José solo sabía trabajar la madera y ahora tenía que ser partero.- Yo te digo lo que tienes que hacer- dijo la Virgen. José hizo fuego para calentar agua para lavar al niño, puso una toalla junto a María, que empezó a pujar. José coloco sus manos para recibir al niño, estaba muy tenso y los dolores del parto le dolían más a él que a la Virgen; y de repente, sin darse cuenta tenía el Niño Jesús en sus brazos. Todo había sido tan rápido
José tomó al niño, le lavó, le envolvió en pañales, lo puso en brazos de la Virgen, y le preparó su cuna en un pesebre que allí había. Mientras hacía esto, se dio cuenta que había desaparecido su preocupación y la desesperación que le había invadido hasta hace poco. El establo se lleno de una hermosa tranquilidad y José pensó que no había sido mala idea venir alli. En la posada, tan atestada de gente, no habrían tenido la intimidad y paz con la que estaban ahora. El niño estaba plácidamente en los brazos de su madre.
De pronto la tranquilidad se vió interrumpida. Al establo llegó un grupo de personas, no tenían buen aspecto, incluso parecían bandidos. José se levantó del lado de la Virgen y cogió su cayado, para tratar de defender a María y a su hijo de éstos extraños, que no sabía que intenciones tenían, pero seguro que eran malas. Pero aquellas personas tenían un rostro tranquilo y humilde; José se dió cuenta que eran pastores, incluso reconoció a uno de ellos, que lo había visto cuando llegaban a Belén. Uno de los pastores habló y dijo que, estando con su ganado en el campo, vieron una extraña aparición, que no entendieron, que les decía que en Belén había nacido un niño que era un salvador y que lo encontrarían en un pesebre. Así que dejaron el lugar en el que estaban, se dirigieron al pueblo y al llegar vieron luz en un establo y pensaron que el niño estaba alli, y así fue. José les invitó a pasar y María les mostró al niño. Los pastores, al ver al niño Dios se emocionaron, se quedaron estasiados contemplándole. Aquel establo tan sucio, se convirtió en una capilla. Sobre el altar del pesebre se mostraba la verdadera Eucaristia del niño Jesús. Tras unos momentos de contemplación y emoción, los pastores sacaron comida que traian; no era pavo, ni langostinos, ni champan. Era requesón, queso, leche recién ordeñada, higos, pan negruzco, y aunque no era muy apetecible a primera vista, se podía comer, y José y María tenían hambre, pues no habían comido desde que llegarón a Belen, Comieron todos, era la primera cena de Nochebuena. Un niño saco una flauta y se puso a tocar, era el primer villancico.
Los pastores se marcharon felices; José se quedo viéndolos marchar. Aquellas personas, tan humildes, poco o nada sabían de ley judía y religión; y sin entender nada habían ido a ver a Jesús y adorarlo. Entonces S.José se díó cuenta que él tenía que hacer igual, no se trataba de entender a ese niño, sino de quererlo; y con el tiempo ya entendería las cosas del niño Dios. Se sentó junto a la Virgen, para contemplar al Niño; ya no le preocupaba nada, a pesar de que sabía que tenía que buscar un alojamiento para ellos y un trabajo para vivir. Todo había salido bien, se lamentó de no haber creído a María cuando le dijo que esperaba un hijo obra de Dios.
Aquella noche, a pesar de todo, había sido una noche perfecta, una navidad- la primera - perfecta. Por tanto, era la noche perfecta, en que la familia reunida, la Sagrada Familia, celebraba la 1ª navidad rebosantes de amor y paz.










