martes, 27 de septiembre de 2022

Se me ha perdido un sagrario



      En el lenguaje coloquial, cuando una persona quiere afirmar que no desea asistir a un acto social o un determinado lugar, por el motivo que sea, hay una expresión que se suele emplear "No voy allí porque no se me ha perdido nada". Esta expresión también se emplea en sentido interrogativo, en aquellos casos en los que se quiere hacer desistir a una persona de su intención de asistir a un lugar concreto. " Que se te ha perdido a ti en ese sitio? o para que vas allí si no se te ha perdido nada?

    Desde hace muchos años, la asistencia a la Misa dominical ha descendido enormemente en las personas que, todavía se dicen católicas. También es cierto que el número de personas que se definen como católicos ha descendido; otras personas se dicen católicos o creyentes pero no practicantes, o sea que no van a Misa. Y ¿porqué no van a Misa?, pues, aparte de por razones de todo tipo, porque en la Misa no se les ha perdido nada; y ¿para que van a ir a un sitio donde no se les ha perdido nada?, no hay ningún motivo para ir allí. Por otra parte, el domingo es un día para aprovechar en cosas que no se pueden hacer en días laborables como excursiones,  hacer deporte, cuidar el jardín, bricolaje, ir al mercadillo, etc; en definitiva, son cosas que importan más que ir a Misa. Solamente hay unas ocasiones en las que la asistencia a Misa si que importa, son las bodas, bautizos, comuniones y entierros, porque en éstas ocasiones, a la gente si que se le ha perdido algo: un compromiso social.

        Y la gente que va a Misa los domingos, ¿porqué lo hace?, pues por el mismo motivo que los que no van,  pero al contrario, porque si que se les ha perdido algo en la Misa, se les ha perdido un sagrario.




        La Iglesia enseña a los católicos que deben asistir a la Misa los domingos y fiestas de guardar, es uno de los 5 mandamientos de la Santa Madre Iglesia. Tradicionalmente y sobre todo en sociedades confesionales como lo ha sido la española y la de otros países, se asistía a la Misa por cumplir el precepto dominical. En muchas personas ha quedado está costumbre y la obligatoriedad del precepto, pero, al final un precepto, una obligación, que no es material sino religiosa o ideológica acaba derrumbándose, y la gente abandona la asistencia a la Misa. Los que continúan asistiendo es porque se les ha perdido algo en la Misa, y eso no se lo dice ningún precepto, sino su corazón. El corazón de cristiano nos dice que hay un sagrario esperándonos todos los domingos, e incluso todos los días, porque hay personas que su amor al Dios Eucaristía les hace ser de Misa diaria. 

       Y ¿a que se va a Misa? ¿porqué de su asistencia? La Iglesia nos enseña que la Misa es el mismo sacrificio de Cristo, repetido de forma incruenta, bajo las especies de pan y vino. Esta, que es verdad de Fe, vista así,  es la teoría teológica. Las personas católicas vamos a Misa a escuchar el Evangelio, rezar el padrenuestro en grupo, darnos la paz, comulgar - siempre que se esté en gracia de Dios como enseña la Iglesia- y saludarnos al termino de la ceremonia, como hermanos en la Fe que somos. Y al marcharnos, nos despedimos del sagrario que hemos venido a visitar, hasta la próxima semana.




lunes, 26 de septiembre de 2022

Odres nuevos




           En el Evangelio, Cristo enseña la parábola de los odres viejos y los odres nuevos para guardar el vino nuevo. El vino nuevo, que ha terminado su fermentación en la cuba o depósito, no se puede guardar en un odre o pellejo de cuero que sea viejo; puesto que el cuero viejo puede no resistir al vino nuevo y resultar agujereado o reventado. Hay que emplear odres nuevos para ello, con un cuero más resistente. Con ésta parábola, Cristo quiere decir que su predicación, que es la buena Nueva (vino nuevo), solo puede ser admitida por personas de corazón o espíritu nuevo (odres nuevos). una persona con el corazón envejecido o seco (pellejo viejo) no admite el mensaje que Cristo predica o no admite que le hablen de Dios en definitiva.

         Estamos diciendo que El Evangelio, o la predicación cristiana es vino y vino nuevo. Es esto realmente así o es teoría? y si es vino nuevo, porque no se propaga con facilidad en lugar de tanta descristianización en el mundo? El Evangelio es vino nuevo y muy bueno, pero éste vino lo elaboran las personas que lo trasmiten, que lo predican. Dicho más sencillamente, si el cristiano es bueno y santo, el vino será bueno, pero si es malo o flojo o desinteresado, el vino será malo, peleón, cabezón e incluso aguado. Dependiendo de la persona, así será el vino, dependiendo de la persona y de ser buen cristiano, el testimonio cristiano será distinto. El vino tiene su proceso de elaboración, pero hay personas que lo hacen muy bien (buenos cristianos) y otros que hacen el vino sin retirarle toda los fangos y posos que se producen en la fermentación del vino (personas que viven con su pecado sin querer quitárselo de encima); así se obtiene un vino que se avinagra en poco tiempo y no hay quien se lo tome; así se da un testimonio cristiano que resulta ser descristianizador. El Evangelio siempre es vino nuevo, aunque tenga 2000 años de historia. Hay personas  que dejan que éste vino, en sus vidas y en su testimonio, se avinagre; sin embargo, los santos han hecho un vino fresco y afrutado y no se les ha avinagrado, porque han sabido cuidarlo. Ahora bien, como saber cuando una persona es odre viejo u odre nuevo?  Pues es exactamente igual que con el vino, por eso Cristo puso esta parábola,

               Una persona que es pellejo viejo ya se conoce la religión, por cultura -aunque sea ateo-  o por ser practicante- practicante a su manera- A esta persona no se le puede enseñar nada porque ya lo sabe todo. En ocasiones tiene unos prejuicios, que son auténticos muros ideológicos para una enseñanza que no sea la suya o con la que no esta de acuerdo. A éstas personas, si se les habla de Dios, sencillamente les revienta - igual que los pellejos viejos - porque se les está hablando de Dios de una manera que no es la suya. Cada persona tiene su visión de Dios. Para el ateo y agnóstico, Dios es una invención para el poder y el negocio. Para otros Dios es algo que ésta ahí, y se va a la iglesia en determinadas ocasiones que son las bodas, bautizos, comuniones y entierros; el resto del tiempo Dios no existe. Para otros Dios es hacer la revoluciones y obras  sociales. Otras personas consideran que Dios quiere que seamos buenos sin mas, siendo políticamente correctos y sin llevar la contraria al pensamiento dominante del mundo moderno. A todas éstas personas, si se les habla de Dios de verdad, de ser santo, no lo pueden admitir, su pellejo- su corazón- se revienta. Estas personas responden al Evangelio con  reinterpretaciones particulares, indiferencias, menosprecios, incluso con hostilidad, en el caso de personas laicistas y antirreligiosas. 

                  En el Evangelio, los pellejos viejos eran los fariseos y saduceos. Ellos se conocían muy bien la religión judía y la practicaban, pero a su manera, convirtiéndola en un conjunto de preceptos sin corazón. Por ello le reprochaban a Cristo que hiciese un milagro en sábado; y Cristo les reprochaba que el pecado está en lo que sale por la boca y no en lo que entra por ella. Las personas que son odres nuevos, muchas veces no conocen la religión, por ello no tienen prejuicios sobre ella. No saben quien ni que es Dios pero son personas que se dejan tocar el corazón, no lo tienen endurecido. Las personas que son odres nuevos son las que tienen corazón de niño; por eso dice Cristo que si no nos hacemos como niños no entraremos en el reino de los Cielos. Quien tiene corazón de niño, de odre nuevo, se alegra de que le hablen de Dios, en cualquier momento, aunque acabe de salir de Misa, al contrario, porque para él, la celebración religiosa la continua durante el resto del día y de su vida.