Había nacido el niño Jesús en el portal de Belén, y los pastores, avisados por el angel, acudieron para ver al Niño, como se les había dicho. San José y la Virgen recibieron a los pastores con gran sorpresa, pero también con gran alegría. Entre los pastores, S. José fijó su mirada en 5 personas, distintas a todos los demás; se notaba que venían por separado. Eran 3 niños , una chica de unos 16 años y un hombre de unos 25, de piel cobriza. S. José se quedó mirándoles con sorpresa y extrañeza; se habían quedado fuera del establo, mientras los demás pastores habían entrado a ver al Niño, como esperando permiso para poder entrar. José les preguntó que quienes eran y comenzaron hablando los niños
Nosotros somos Jacinta, Lucía y Francisco, somos pastores en Portugal
Yo soy Bernardette, soy de Francia
Mi nombre es Juan Diego, vengo de la tierra de los mexicas.
S. José no sabía que lugares eran esos que le decían estos visitantes; sin embargo, se sentía cautivado por su sencillez y bondad y les dijo:
No os quedéis fuera, pasad a ver a nuestro hijo.
Estos visitantes, tan especiales, no podían decir que la Virgen María, al revelarse a ellos, les había concedido la gracia de contemplar el nacimiento del Niño Jesús en Belén. Entraron al establo, vieron al Niño y se arrodillaron junto a los demás pastores, visiblemente emocionados.. La Virgen María mostraba a su hijo a todos. Por unos momentos, el tiempo se detuvo en aquel humilde establo.
S, José observó que una de las niñas llevaba en sus manos una cuerda con unas piedrecillas o huesecillos, y que las pasaba entre sus dedos. Le preguntó que era aquello y Lucía le contestó:
Es para rezar una oración que le gusta mucho a María. De nuevo José siguió sin comprender; ¿Que era eso de una oración que le gustaba a su esposa?
Los pastores ofrecieron sus presentes a la Virgen y a S.José. Eran pobres y modestos, pero los recibieron con gran alegría. Bernardette traía una carga de leña, Juan dió unas tortitas de maiz. Jacinta, y Lucía entregaron pan con queso. Francisco sacó del bolsillo de su pantalón un pajarito, diciendo:
Siempre está conmigo, ahora quiero que esté con el Niño Jesús.
Que bonito- dijo S. José - A nuestro hijo le va a gustar mucho.
La visita de los pastores tocaba a su fin y con gran alegría se despidieron de José y María para volver con sus rebaños y trabajos. Bernardette, Juan y los niños de Fátima agradecieron a S. José y la Virgen el haber podido contemplar al Niño Dios en su pesebre. José agradeció sus dones y su visita, y aunque no conseguía entender quienes eran, le habían cautivado el corazón, a él y a la Virgen.
El pajarito que trajo Francisco era dócil y se dejaba coger con la mano. S. José hizo una pequeña jaula con unas ramitas de árbol. El tiempo pasó y la Sagrada Familia vivía en su casa, donde José trabajaba, la Virgen hacía las tareas de la casa y el Niño Jesús jugaba ante la mirada de sus padres; jugaba con el pajarito, en sus tiernas manos de niño.