El lavatorio de los pies es una de las escenas más hermosas
del Jueves Santo; en ella Cristo lava los pies a los discípulos antes de
celebrar la última cena, en el día en que les llamó amigos. El objetivo de éste
acto es doble, por un lado mostrar a los apóstoles una actitud de servicio,
lavando los pies, que ellos deben tener con el prójimo; por otra parte, tienen
que dejarse lavar los pies, esto es, tienen que dejarse querer, así se lo hizo
ver a S. Pedro.
Hay personas que caminan por la vida haciendo mucho ruido y
pisando fuerte, porque pisan con orgullo y prepotencia, queriendo que todo el
mundo les oiga llegar y vea pasar, aunque después, su obrar en la vida no tiene
ningún valor; los pies de ésta gente, así como las manos, cabeza y corazón
necesitan un buen lavado. Hay personas que caminan silenciosamente sin llamar
la atención, nadie se da cuenta de su paso y después ven la grandeza de las
obras que han hecho.
El Papa Francisco ha dado al mundo una lección de amor y
tolerancia el día de Jueves Santo, en la Misa celebrada en el centro de
refugiados de Roma. En ésta ceremonia, con unos asistentes mayormente no
cristianos, realizó el acto del lavatorio de los pies con 12 personas de
distintas confesiones religiosas, siendo 3 de ellos musulmanes. Este sencillo
lavatorio derriba la intolerancia de unos terroristas que matan en nombre de
Dios a los “infieles”- con los atentados de Bruxelas, Paris, Lahore, Kenia y
tantos lugares-; derriba la intolerancia de los políticos que quieren eliminar
la religión de la vida pública, en defensa de una sociedad laica y tolerante
con todas las religiones; derriba la intolerancia de una Unión Europea que
pretende pagar dinero a Turquía para deshacerse de unos pobres refugiados;
derriba la intolerancia de muchos ciudadanos que solo piensan en si mismos,
ajenos a un prójimo que sufre. Hay muchas formas de intolerancia, todas tienen
en común que son incapaces de querer a nadie; esos refugiados, a quienes el
Papa lavó los pies, se sintieron amados, al menos ese día.
Hay que lavar los pies para vencer la intolerancia y el egoísmo,
pero sobre todo hay que dejarse lavar los pies.




