miércoles, 30 de marzo de 2016

Lavatorio de los pies






        El lavatorio de los pies es una de las escenas más hermosas del Jueves Santo; en ella Cristo lava los pies a los discípulos antes de celebrar la última cena, en el día en que les llamó amigos. El objetivo de éste acto es doble, por un lado mostrar a los apóstoles una actitud de servicio, lavando los pies, que ellos deben tener con el prójimo; por otra parte, tienen que dejarse lavar los pies, esto es, tienen que dejarse querer, así se lo hizo ver a S. Pedro.
       Hay personas que caminan por la vida haciendo mucho ruido y pisando fuerte, porque pisan con orgullo y prepotencia, queriendo que todo el mundo les oiga llegar y vea pasar, aunque después, su obrar en la vida no tiene ningún valor; los pies de ésta gente, así como las manos, cabeza y corazón necesitan un buen lavado. Hay personas que caminan silenciosamente sin llamar la atención, nadie se da cuenta de su paso y después ven la grandeza de las obras que han hecho.
      El Papa Francisco ha dado al mundo una lección de amor y tolerancia el día de Jueves Santo, en la Misa celebrada en el centro de refugiados de Roma. En ésta ceremonia, con unos asistentes mayormente no cristianos, realizó el acto del lavatorio de los pies con 12 personas de distintas confesiones religiosas, siendo 3 de ellos musulmanes. Este sencillo lavatorio derriba la intolerancia de unos terroristas que matan en nombre de Dios a los “infieles”- con los atentados de Bruxelas, Paris, Lahore, Kenia y tantos lugares-; derriba la intolerancia de los políticos que quieren eliminar la religión de la vida pública, en defensa de una sociedad laica y tolerante con todas las religiones; derriba la intolerancia de una Unión Europea que pretende pagar dinero a Turquía para deshacerse de unos pobres refugiados; derriba la intolerancia de muchos ciudadanos que solo piensan en si mismos, ajenos a un prójimo que sufre. Hay muchas formas de intolerancia, todas tienen en común que son incapaces de querer a nadie; esos refugiados, a quienes el Papa lavó los pies, se sintieron amados, al menos ese día.
      Hay que lavar los pies para vencer la intolerancia y el egoísmo, pero sobre todo hay que dejarse lavar los pies.


                                      

                                     

domingo, 20 de marzo de 2016

La semana santa es mía



      Las procesiones de Semana Santa son una expresión de sentimiento religioso que recorre España de un extremo a otro, comenzando incluso desde el jueves anterior ó Jueves de Pasión hasta el Domingo de Resurrección. Podemos preguntarnos quien creó la Semana Santa o ¿Cómo comenzaron a celebrarse éstas procesiones? En el caso de Medina del Campo (Valladolid), por ejemplo, fue el religioso San Vicente Ferrer quien inició la celebración de éstas procesiones, por el año de 1410, siendo las procesiones de disciplina, de las más antiguas de España; de la misma manera, surjieron en los demás pueblos y ciudades de España, animadas por las autoridades eclesiásticas y apoyadas por el fervor y sentimiento religioso popular. La Semana Santa fue creada por curas y religiosos, ciertamente, pero se enraizó de tal manera en el pueblo cristiano que creó su bosque propio; y así cambió de propiedad, ya no pertenece a la Iglesia, como autoridad religiosa, pertenece al pueblo, a la gente, al cofrade que desfila en la procesión en silencio, a las personas que asisten a ella desde fuera o participan en la misma, también desfilando.
     La Semana Santa pertenece a la gente, pertenece a ese cofrade, que a veces no va a Misa los domingos, pero tiene su propio sentimiento religioso. Durante el año el cofrade espera que lleguen las fechas señaladas, con anterioridad ensayan las bandas de música de las cofradías, se preparan los pasos con cariño y muchas flores. El día de la procesión es el más esperado, hay que llevar el Cristo a hombros, aunque pese y se soporta el frío y la molestia de caminar descalzo, porque es una penitencia que la pide el corazón del cofrade. Se desfila en silencio, llevando a ese Cristo llagado y a su madre doliente y lloran las trompetas y gritan los tambores de las bandas de música y suena la saeta que dice que no quiero cantar a ese Cristo del madero, sino al que anduvo en la mar, y ese Cristo del madero nos dice que todo su sufrimiento era necesario.



      En las procesiones, se ve a Dios más humano que nunca, aunque sea en imagen de madera, porque se le puede coger y llevar a hombros, hasta darle un beso en los pies. La gente solo quiere acompañarle en ese camino al Calvario, y quiere hacerlo por las calles de su ciudad, de su pueblo de su barrio, echarle una flor desde el balcón de su casa o una mirada de ternura.
     La Semana Santa es nuestra, algunos políticos la quieren eliminar en aras de una supuesta sociedad laica, libertad religiosa o lo que se les ocurra. ¿Qué saben ellos de libertad religiosa ni de sentimientos religiosos de las personas? Un cristo azotado que desfila por las calles  no hace daño a nadie, al igual que un crucifijo en el aula de un colegio. La Semana Santa no es algo que la Iglesia emplea para influenciar a la gente y luego marque la X en la declaración de la Renta, quien diga esto es un demagogo y un ignorante, La Semana Santa pertenece al pueblo y al corazón de la buena gente, es nuestra, es mía.







                               

domingo, 13 de marzo de 2016

Tengo que vivir



      ¿Cuántas personas hay en nuestra sociedad que ya no pueden o no quieren vivir porque la vida se les hace imposible ó una tortura? Se trata de personas en situación de minusvalía, enfermedad o abatimiento anímico, que ven que su vida no tiene sentido y acabar con ella es una liberación. Pues para ésta gente está el grito de “tengo que vivir”. En efecto, una persona tiene que vivir por 2 motivos: el 1º es porque nadie esta muerto hasta que no esta enterrado, y el 2ª es porque si no se lucha por vivir es cuando se muere de verdad, acosados por todas las dificultades.
     Hay que preguntarse en que consiste vivir; porque no se trata solamente de vivir físicamente por parte de un organismo vivo. Comer, beber, trabajar, ir al baño, ver futbol o telebasura, pasear y dormir no es vivir, eso ya lo hacen los animales en el zoo o los borregos en el establo. Vivir es hacerlo en todos los niveles de la persona humana: físico, cultural, espiritual, llevar a cabo unos objetivos, desarrollar unos valores humanos y virtudes y sobre todo, vivir con el corazón. Hay personas que estando completamente sanas física y emocionalmente, se puede decir que están muertas, viven solo para si mismas, sin aportar nada a la sociedad en la que viven o al prójimo al que les rodea; por el contrario, gente con situación de enfermedad o impedimento grave son un portento de vida, y un ejemplo para todos. Cuantos testimonios tenemos de deportistas y artistas minusválidos, de personas que sobrellevan una enfermedad, de quienes superan una desgracia de perdida de seres queridos, y aun así son capaces de mirar a la vida con optimismo.
   No es fácil vivir cuando tenemos una dificultad grave que parece imposible superarla, y es comprensible desear la muerte. En la película “Mar Adentro” se relata la vida de un tetrapléjico que se suicidó bebiendo cianuro, por no poder soportar su vida; para ello contó con la ayuda de una persona que le colocó el veneno en la mesilla junto a su cama, en un vaso con una pajita para poder tomarlo. Aquel hombre estaba en su derecho a suicidarse, no se trata de juzgar la moralidad de su acción, sino de ver que eligió morir en vez de vivir; también es triste la persona que le prestó colaboración en su suicidio, porque le ayudó a morir, cuando le debería haber ayudado a vivir. Por el contrario tenemos el actor Cristopher Reeve, que en la pantalla era Superman, desviaba un misil y evitaba que un autobús de escolares se cayese al rio, pero en la vida real era un tetrapléjico crucificado a una silla de ruedas. Aquel hombre quería vivir, creó una fundación para el estudio de la curación de su minusvalía.
     No es fácil vivir cuando todo está en contra nuestra, pero es cuando más hay que gritar tengo que vivir. Los afortunados que podemos vivir no podemos dejar que nuestra vida sea una línea horizontal, como las maquinas que, en los hospitales, señalan las constantes vitales del enfermo, porque entonces estamos al borde de la muerte como personas y también tenemos que gritar tengo que vivir, pero además de vivir tenemos que ayudar a otros a vivir.









viernes, 4 de marzo de 2016

El dolor



        El dolor se define como  una experiencia sensorial desagradable, es una sensación más ó menos intensa que se siente en una parte del cuerpo, resultado de la excitación de las terminaciones nerviosas sensitivas. También es dolor el sentimiento de pena ó tristeza que se experimenta por motivos anímicos.
    Las personas, por el hecho de ser seres humanos corporales, estamos sujetos al dolor, la enfermedad y la muerte. Son realidades que pertenecen a nuestra naturaleza y son inevitables. Antiguamente el dolor y la enfermedad eran más fuertes e intensos en la vida del hombre, acentuados por las duras condiciones de vida. La sanidad era pésima o no existía, las enfermedades se curaban solas o la cura era la muerte y muchas veces, el remedio de los médicos lo que hacía era empeorar al enfermo. Los hospitales, cuando los había eran un lugar para albergar a los enfermos hasta que se morían o curaban por si solos. El estudio de la anatomía humana, el descubrimiento de las vacunas y más tarde de los antibióticos (Dr Fleming), supusieron un importante avance de la medicina y  la curación de muchas enfermedades hasta entonces incurables. El progreso técnico ha permitido mejorar las condiciones de vida en nuestra sociedad y aumentar la esperanza de vida. Actualmente, salvo algunas enfermedades como el cáncer y otras consideradas raras, la mayoría tienen tratamiento y curación; la medicina trata y opera casi todas las lesiones corporales y para el dolor físico están los analgésicos. Para el dolor de pena y tristeza –dolor no físico- existe la asistencia psicológica con multitud de terapias.
     El dolor y la enfermedad se pueden tratar y curar pero siempre van a estar en nosotros, porque forman parte de nuestra naturaleza, pero parece que nuestra sociedad vive de espaldas a ésta realidad. El dolor es considerado algo malo y hay que apartarlo de nuestra vida, con analgésicos o encerrándolo en un hospital. El dolor y el sufrimiento son igual de naturales que el gozo y el placer, aunque sean contrarios. La sociedad solo quiere ver cuerpos bonitos y jóvenes, son los iconos de nuestro mundo, a ellos se dirige toda la publicidad comercial y con los demás cuerpos practica la cultura del descarte (enfermos y ancianos), pero  olvida que esos cuerpos bonitos también se marchitan, como las rosas y también sufren dolor. Entendemos el dolor como una desgracia, pero es algo que le sucede a todo el mundo y no por ello va a ser desgraciado, aunque si que hay que sobrellevarlo.
      El dolor siempre va a estar entre nosotros, por muchos analgésicos que tomemos ó por mucho que progrese la sanidad;  se puede aliviar sus síntomas pero nunca desaparecerá. Hay algo que si se puede hacer y es vencer el dolor, eclipsarlo, taparlo con algo más fuerte que es la alegría. Aunque no lo parezca todos tenemos alegría, en mayor o menor medida y podemos ayudar a otros a encender esa alegría, esa alegría y esa risa que le gana el pulso al dolor.