sábado, 22 de febrero de 2014

La Cananea







      A lo largo de los 3 años de predicación de Cristo, en alguna ocasión salió al extranjero, el Evangelio menciona que fue a las tierras de Tiro y Sidon, cercanas a Israel. Cristo no era un cualquiera, sino un famoso profeta que, además de enseñar, curaba a la gente de sus dolencias; esa era la fama que se había ganado entre la gente. Asi que su visita fuera de Galilea, no pasó desapercibida, y una mujer de la tierra de Canaan (Cananea) se acercó a él para rogarle por su hija enferma.
       Habría que ver la situación de ésta mujer. Podía ser viuda ó madre soltera, pero seguro que sola en la vida, porque fue ella quien buscó a Cristo por la salud de su hijo y no su marido.  En aquella época, una mujer sola lo tenía muy difícil para salir adelante en la vida ¿en que trabajaría? ¿Qué ingresos tendría? y además con un hija enferma a su cargo. Muchas veces no tendrían ni para comer. Es posible que tuviese que prostituirse para sobrevivir. Se trata de una persona que solo conoce penalidades y pobreza.  Pero además, es una mujer no judía, que es como decir hoy en día de una persona no cristiana, que seguramente no conoce nada de Dios ni de religión, pero que tiene un hija enferma sin posibilidad de cura. Y cuando esta mujer se entera de que el famoso maestro de Galilea, que cura enfermos,  está cerca de su pueblo, enseguida va a buscarle. Lo que no se espera ésta cananea es la respuesta de Cristo, que le dice que él ha venido a predicar al pueblo judío, y sus obras y milagros también se dirigen a ellos. Y para que le quede claro, le pone una comparación muy fuerte: el pan de los señores no es para darlo a los perros. Como es posible que Cristo, el mismo Dios hecho hombre,  llame perro a una pobre mujer, sola en la vida, que no ha hecho nada malo, seguramente, y si ha sufrido mucho.  Y gracias a que era Cristo, porque si es otro hombre, la llama algo peor.
       Jesús la llamo perro a mujer siriofenicia, pero con la cabeza, no con el corazón; por que tenía que ver su reacción. Hay mucha gente admirable en la vida que sufre, y ante nuevos males no pierde el animo y la serenidad, sino que asume su dolor como algo que forma parte de su vida y que tiene que llevarlo. Son personas que sufren y aun son capaces de sonreír y de querer. Estas personas son completamente distintas a otras que, maldicen de Dios y de la vida, como si tuviesen la culpa de las desgracias que padecen. A la mujer cananea la llamaron perro y ella vió que, en realidad, eso era en la vida, por que no le quedaba ser otra cosa, por eso respondió que los perros se comen las migas que dejan los amos, cuantas veces recogiendo lo que dejan otros, porque no hay otra cosa, pero no por ello pierdo mis deseos de  vivir, por mi y por mi hija.
       La respuesta de Cristo no se hizo esperar. Vete a tu casa que tu hija está curada; porque tu no eres ningún perro, porque eres de esas personas a quienes yo quiero de manera especial, porque sin saber de Dios te acercas a él con humildad, porque pides sin exigir, porque aceptas lo que te trae la vida y lo asumes,  porque no desprecias a nadie, porque eres un ejemplo para todos.
       Seguramente ésta mujer no volvió a ver a Jesús. Tiempo después se enteraría que aquel hombre bueno fue crucificado en Jerusalén y se preguntaría por que. Un final piadoso nos diría que ésta mujer se hizo cristiana más tarde, y acabó sus días haciendo penitencia en un lugar retirado, al igual que la Magdalena.  Lo más probable es que viviese en su pueblo hasta el final de su vida, junto a su hija, acompañada por el bello recuerdo de aquel hombre – aquel Dios hecho hombre- que le devolvió la salud y la vida.