Han pasado ya unos 17 años desde que una enfermedad te llevó, pero parece que fué ayer cuando te regalé aquel mono de peluche tan bonito. Con esta carta quería recordarte un poco más, porque nunca me olvidé de ti, al igual que también te recordarán todos aquellos que te conocieron.
En noviembre de 1996 fui a Cuzco con la institución ABC PRODEIN, para instalar una quesería en la Granja Escuela de Yucay, en pleno Valle Sagrado de los Incas. Tu te encontrabas en el hospitalito de la calle S. Bernardo, también de la misma institución, estabas enferma y las hermanas de PRODEIN te cuidaban, dándote cuidado y cariño junto a otros enfermos.
Estando en el hospital, te dedicabas a ayudar en las labores diversas que había que hacer alli, querías ser religiosa como las hermanas de PRODEIN, asitías a la capilla con ellas, acompañando al Sagrario, ayudabas en el comedor y en otras labores del hospital
Poco a poco la enfermedad fué adueñándose de tí, pero lo más importante es que tu la aceptaste, querías vivir, pero aceptaste la enfermedad, que es una manera de no dejarse vencer por ella. Cuando tu mal estaba más avanzado, ya no podáis ayudar, solo rezar; te costaba respirar y solo podías tomar liquidos; fue entonces cuando me pediste que te invitase a un poco de leche, aquella que producíamos en Yucay y luego vendíamos en la tienda que estaba junto al hospital de S. Bernardo
El día de tu partida, fuiste velada por la noche en el patio del hospital, te habías ganado el corazón de todos. Al día siguiente, tu entierro, era todo tan pobre y humilde. El cementerio estaba en la falda de un cerro; no había servicio funerario, un féretro muy sencillo, Carmona te llevó en su camioneta, tu papa y tu hermano te enterraron, una sencilla cruz de madera con tu nombre, un niño pobre que dijo unas oraciones sin ningún orden, a cambio de una moneda, no necesitabas más para subir al cielo.
Si hay una palabra para definirte, es la de santita, porque ha habido otras chicas que, igual que tu, han sido buenas cristianas, igual que tu, aceptaron la enfermedad con sus sufrimientos, igual que tu, el Cielo se las llevó, y Iglesia Católica se lo ha reconocido. Tu historia no se conoce, no importa, la conozco yo y muchas otras personas que te recuerdan, y sabemos que tu mereces lo mismo.
Basilia Nina Quispe, Basilia.Gracias por tu ejemplo y testimonio de vida. Se que no me equivoco si te digo que, desde el Cielo, intercede por nosotros.
Jesús Estébanez Ruiz. (Recordando a una santita de Cuzco-Perú)
El 24 de junio de 1542 nació en el pueblo de Fontiveros (Avila) Juan de Yepes Alvarez, en el seno de una pobre familia, descendiente de judíos conversos; su padre se llamaba Juan y su madre catalina. La pobreza es lo que más conoció de niño y éste conocimiento le acompañó toda su vida. Su padre muríó cuando Juan tenía 4 años y 2 años más tarde su hermano Luis, debido a la pobreza. Juan, con su madre y su hermano restante, se marcharon, primero a Arévalo, y unos años después a Medina del Campo
A los 21 años ingresa en el convento de Padres Carmelitas de Medina del Campo, tomando el nombre de Fray Juan de San Matías. En 1567 dice su primera misa, en dicha ciudad. Juan quiere ser un buen religioso, pero la orden del Carmelo no es lo que debería ser, se ha relajado demasiado. En Medina conoce a Teresa de Jesús, quien tiene las mismas inquietudes y quiere hacer la reforma de los carmelitas descalzos, y fundar un convento en ésta ciudad. Juan se une a la reforma que quiere hacer la monja abulense y desde entonces, ambos serán 2 corazones inflamados en amor a Dios, cada uno a su estilo.
En 1568 funda en Duruelo (Avila) el primer convento masculino del Carmelo Descalzo, siguiendo la regla primitiva de San Alberto, que se había perdido; es entonces, cuando cambia su nombre por el de Fray Juan de la Cruz. Era San Juan de la Cruz un fraile que servía para todo, desde albañil a cocinero, desde poeta a humorista, y siempre hombre de oración.
El Carmelo calzado no vió con buenos ojos la reforma que Juan y Sta Teresa quería llevar a cabo, tanto en la rama masculina como la femenina. En 1575, el capitulo General de los Carmelitas decidió suprimir los conventos fundados sin licencia del General de la orden. En 1577, la noche del 3 de diciembre, los frailes calzados apresan a Juan, le vendan los ojos, al mas puro estilo mafioso, pues de haber sido en el siglo XX, le habrían metido en el maletero de un coche amordazado, y le llevan a l Convento general de los Carmelitas Calzados en Toledo para comparecer ante un tribunal de frailes calzados y retractarse de la reforma teresiana que Juan seguía. Ante su negativa es recluido en una prisión, en el mismo convento, durante 8 meses. Mejor hubiera estado en una cárcel común y corriente, pues 3 días a la semana le daban pan y agua solamente, también recibía disciplinas (azotes) por parte de toda la comunidad de frailes. Alli pasaba frío en invierno y calor en verano, con la misma ropa ó lo que quedaba de ella.
Juan no pretendía ser un monje rebelde, y sin embargo lo fué, aunque su rebeldía no era la que le achacaban los monjes calzados, era la rebeldía del amor, la misma que tenía Sta Teresa de Jesús; él solo quería vivir en esa unión espiritual y mística con su Dios, y no le importaba tener que soportar todos los sufrimientos de este mundo, incluso llegó a pedir a Dios sufrir un poco más, ello le hacía sentirse más unido a ese Cristo muerto por amor al hombre, al cual Juan le decía "Adonde te escondiste amado y me dejaste congemido"
Todos los sufrimientos y pobreza que padeció Juan en su vida, hicieron de él una persona buena en lo humano, sensible a lo divino. Era como esa naranja que se exprime para obtener un zumo dulce. San Juan fué exprimido en la cárcel de Toledo, nunca mejor dicho, y sin embargo fué alli donde compuso el "Cantico Espiritual" y el poema de la Fonte.
Juan, San juan de la Cruz, murió un 14 de Diciembre de de 1591 en Ubeda (Jaen). Sus restos reposan en el convento de carmelitas descalzos de Segovia; fué canonizado en 1726 y en 1926 nombrado doctor de la Iglesia. Medio fraile que decía Sta Teresa, pequeño gran santo. Toda su vida conoció la pobreza, toda su vida fué rico en amor a Dios y a los hombres, pobres sobre todo. San Juan de la Cruz es un santo para todos, pues su vida y obra ha sido leída por personas católicas, luteranas, evangélicas, musulmanas, hinduistas, budistas, etc
Eres del alma lucero
que el amanecer despierta
tu huella traza el sendero
del amor, puerta abierta
al alma que a Dios busca
con bondad y corazón sincero
Radiante tu figura
El Amado te vistió con su hermosura
El sendero de la cruz marcó tu vida
y a la cruz tu alma quedo asida
Un poco más, cuantas veces hemos dicho ésta frase, que parece más propia de un niño, cuando está jugando y es feliz; es entonces cuando viene su mama o el profesor y le dice que tenemos que marcarnos, que hay que volver a clase o que hay que ir a dormir.Un poco más es, en realidad, una frase para todos los públicos, porque todo el mundo la emplea, y la dicen más los adultos que los niños.
Una pareja de enamorados disfrutando de su noche, cuando ésta llega al final piden un poco más de tiempo, porque todo lo que han estado juntos les ha parecido poco. Los amantes del arte que se pierden en un museo, y cuando llega el empleado del mismo a decirles que hay que cerrar, el visitante contesta: si apenas he contemplado unos cuadros, un poco más. Las personas que están de vacaciones, observan el atardecer del ultimo día, un poco más, que no se acabe todavía. Los amigos que han estado toda la noche de fiesta, ya amaneciendo se dicen, un poco más, vamos a tomar la ultima copa. El fin de semana que termina, un poco más.
Cuantas situaciones en la vida para pedir que no acabe todavía aquello que nos hace felices, pero que sabemos que se tiene que terminar, principalmente porque el curso de la vida debe continuar. Pedimos un poco más de una situación feliz, pero, sobre todo, lo pedimos a las personas. Pedimos a los niños un poco más de su infancia; pedimos a los hijos mayores que estén un poco más con nosotros, antes de echar a volar del nido e iniciar su vida; pedimos a nuestros mayores, padres o abuelos que no se nos vayan todavía, que sigan un poco más, tan solo un poco más.
¿Cuanto pagaríamos por ese poco más? estaríamos dispuestos a arruinarnos y aun así, no sería bastante. Pero no es dinero lo que hay que pagar, sino esperanza, y no hay que pagarla, sino formarla y mantenerla viva. Es la esperanza de que los niños, al hacerse mayores, no dejan de ser nuestros niños; los hijos que se van, volverán; los mayores que nos dejan, siguen viviendo en nuestro corazón y nuestro recuerdo. La esperanza es lo ultimo que se pierde, por supuesto, y hay que mantenerla, mientras pedimos un poco más.
Hojas al aire van
cuando la savia se va
del árbol la corteza ennegrecida
sus ramas carentes de lozanía
es la semblanza del otoño
caducidad de la vida
Hay silencio en la campiña
silencio en la lejanía
callaron jilgueros y ruiseñores
de tus plumajes ya no veo sus colores
rosas hojadas, pétalos sin olores
agonía en mi jardín avanza entre las flores
Nostalgia y silencio yo siento
meditar quiero un momento
yo también soy árbol, planta, pajarito aventurero
la savia que riega mi cuerpo
se extingue, se va enrareciendo.
La idiotez, en términos médicos, es una enfermedad que consiste en la ausencia total, en una persona, de facultades psíquicas ó intelectuales. Coloquiálmente, un idiota es una persona poco inteligente o que molesta a los demás con lo que hace o dice, con sus palabras y comportamiento. A la mayoría de éstas personas, no es que les falte inteligencia, es que no tienen educación, no saben comportarse en el trato con los demás, menosprecian lo importante, dan prioridad a tonterías y tratan a los demás como seres inferiores; con su presencia, consciente o inconscientemente, se dedican a arruinar el día al prójimo o al primero que encuentren.
Hay un dicho que dice: "hace un bonito día, ya verás como viene alguien y lo fastidia". Es cierto, por desgracia, la vida está llena de desatinados y más tarde o más temprano nos topamos con uno de ellos ¿Que hacer entonces? Lo que no podemos hacer es reaccionar igual, porque eso es ponerse a su altura o su bajura, y entonces si que vamos a tener "La cena de los idiotas". Hay que contestar con educación, serenidad y firmeza, reconociendo errores si los hay, pero afirmándonos en nuestra posición con contundencia. Si el idiota nos ve así, puede que se de cuenta de su mal comportamiento; o por el contrario, que suele ser lo más probable, él se va a sentir como una olla a punto de estallar. No hay nada que más crispe a ésta gente que la educación y buenas formas del contrario. No hay que olvidar que el mundo esta lleno de cenas, asambleas y congresos de idiotas y descerebrados; no hay que aumentar el nº con nuestra presencia.
Hay algo más, aparte de no ponernos a la altura de un desatinado, y es que no podemos olvidar que nosotros también nos hemos comportado igual, también hemos sido idiotas; y podemos encontrarnos con una persona, con el mismo comportamiento que tuvimos nosotros anteriormente, y entonces diremos ¡Díganme que yo no era así! ,o simplemente ésta persona nos da nuestra propia medicina, y ésto nos servirá para, definitivamente, erradicar un comportamiento que nunca debimos tener.
No hay que dejar que ninguna interferencia negativa e idiota perjudique nuestro trabajo y buen obrar en la vida. Hay mucho que hacer, sobre todo mucho bien que hacer. Es necesario en la vida una actitud de educación, alegría y serenidad, que evita cualquier mala influencia, venga de quien venga, pero sobre todo, hay que ayudar al que tengamos al lado, a tener un buen día.
"No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy" es una frase que nos dice que tenemos que ser en la vida, personas laboriosas y no holgazanes, personas que, al terminar la jornada, hemos hecho todo lo que teníamos que hacer, y nuestro descanso está justamente ganado.
Las personas tendemos a ahorrar trabajo y, sobre todo, a la ley del mínimo esfuerzo; en éste sentido, es muy distinta la ergonomía, que busca la comodidad en el trabajo para evitar lesiones corporales, enfermedades laborales y mejorar el rendimiento en el trabajo. Como ya hemos dicho, casi siempre tratamos de trabajar lo indispensable para cada día, y aquello que no es urgente o puede esperar lo dejamos para el día siguiente ó subsiguiente, aunque podíamos hacerlo hoy, adelantando trabajo para que mañana podamos avanzar más.
Hay muchas cosas que no se necesitan expresamente para hoy, pero deben hacerse y como hoy no son necesarias decimos "ya lo haré mañana" para lo mismo decir mañana y pasado. Son cosas que la mayoría no pertenecen al ámbito laboral, por eso se dejan para mañana; ordenar el armario o el trastero, arreglar el jardin, clasificar unas fotos, planchar ropa, limpiar una parte de la casa, hacer una llamada a un amigo o visitarle, hacer un encargo que nos hizo una persona hace tiempo, hacer algo que nos han pedido nuestros hijos, reconciliarnos con alguien, tantas cosas que hay que hacer, que por simple pereza quedan aparcadas para otra ocasión, porque no son urgentes, pero son necesarias y algunas si que son urgentes, pero no queremos reconocerlo.
El hombre que no deja nada para mañana, salvo aquello que no le ha dado tiempo, es una persona laboriosa y responsable, es alguien en quien poder confiar, porque responde con presteza a todos los requerimientos y solicitudes que se le hagan, sin otro obstáculo que su falta de capacidad o de tiempo.
Hay muchas cosas que no hay que dejar para mañana, no solo de hacer, sino de querer, no se trata de querer cosas materiales (un coche o un televisor), sino de aquellos deseos que llevamos anidados en nosotros mismos y queremos realizar y vemos que se nos pasa la vida sin llevarlos a cabo : el viaje de nuestra vida, aprender un instrumento musical, escribir un libro, correr en la maratón, el camino de Santiago, desarrollar una afición, etc. Un sueño o deseo no satisfecho nos pesa toda la vida y si lo dejamos para mañana no lo haremos nunca.
No hay que dejar para mañana lo que podemos querer hoy, pero sobre todo a quien podemos querer hoy, porque mañana, esas personas pueden no estar o faltar nosotros, y entonces nos pesará no haberles querido lo suficiente y a un ser querido nunca se le ama lo suficiente y hay muchas personas a las que querer. No dejemos para mañana a quien podemos querer hoy.
A lo largo de la historia de la
humanidad la mujer ha tenido una posición de sumisión ante el hombre o de 2º
plano. Ya desde los tiempos del hombre primitivo se asignaron las funciones
para cada uno; el hombre era la fuerza, necesaria para cazar y para guerrear
con las tribus vecinas, el tomaba las decisiones que afectaban a la familia y
al poblado; la mujer tenía que criar a los hijos, preparar la comida y otras
labores como recolectar frutos, elaborar vestidos, cultivar la tierra, acarrear
leña, moler grano y un largo etcétera, sin olvidar que por la noche tenía que
soportar al hombre y engendrar más hijos. Este plan de vida se mantuvo desde
las primeras civilizaciones, para continuar durante la edad media, edad moderna
y parte de la contemporánea. La mujer era considerada el sexo débil, aunque en
la práctica, era más fuerte que el hombre, a juzgar por todo el trabajo que
tenía que hacer, incluso en supervivencia infantil y longevidad superaba al hombre;
el estar en un 2º plano no impidió que hubiese mujeres muy importantes para la
historia universal: reinas, santas, escritoras, lideres sociales y hasta
militares. “Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer”, porque la mujer
siempre ha sido un apoyo para el hombre, aunque éste tardase en reconocerlo.
Los hombres querían a las mujeres a su manera, o a la manera establecida por la
sociedad de entonces; la propia Iglesia tampoco colaboró a mejorar la
situación, pues predicaba la frase de S. Pablo “ mujeres obedeced a vuestros
maridos” pero se le olvidó leer la continuación “maridos, amad a vuestras
mujeres”, porque S. Pablo no era ningún machista, aunque haya quien piense lo
contrario. Los hombres no sabían amar a las mujeres, aunque tampoco se esforzaban
en aprender.
Tuvo que llegar finales de siglo
XIX y principios de siglo XX para que la mujer empezase a asociarse en ligas
femeninas y reclamar sus derechos, aprovechando que se lo permitían. En España, el voto femenino empezó con la 2ª
República en 1931. Después de la 2ª Guerra Mundial, a partir de escritoras y pensadoras como
Simone de Beauvoir, nació un movimiento feminista que se desarrollo en los años
60 con la famosa Revolución Sexual y otras activistas como la famosa actriz
Jane Fonda. Este movimiento feminista ha continuado su lucha, vinculado a
partidos políticos de izquierda y su mensaje se ha concretado, ya en el siglo
actual, con la famosa y perniciosa “Ideología de Genero”. En éste punto hay que
decir con rotundidad que una cosa es luchar por una igualdad de derechos
hombre-mujer y otra es destruir a la mujer en su esencia- y por consiguiente a
la familia natural- porque si los hombres no han sabido amar a las mujeres,
ahora las mujeres no van a saber amar a los hombres.
La ideología de Género dice
básicamente que las diferencias entre los sexos, al margen de diferencias
anatómicas, se deben al contexto cultural y social en el que vivimos. Un niño
es niño o varón porque así se le enseña desde pequeño en la escuela, familia y
sociedad en la que vive, y lo mismo para las niñas, y ello es la causa de la
desigualdad entre hombres y mujeres. Por tanto, si desde la infancia, los niños
reciben una educación en la que se les enseña que no hay sexo sino un genero,
como en el lenguaje, que no implica diferencias entre el hombre y la
mujer; y que el ejercicio de la
sexualidad depende de la orientación que cada uno, libremente, quiera tomar,
entre distintas alternativas: heterosexualidad, homosexualidad, lesbianismo,
bisexualidad y lo que se quiera inventar; y que no existe un solo tipo de
familia – llamada familia tradicional – sino varios tipos de familia, según la
orientación sexual; y que la maternidad no es el camino natural de la mujer,
sino algo opcional, que puede ser interrumpido –abortado- siempre que se desee.
Hombres y mujeres nunca van a ser
iguales, aun teniendo los mismos derechos, cada uno tiene su función natural,
que es necesaria en la sociedad. La mujer está hecha para la maternidad, el
hombre para producir la maternidad en la mujer y ambos están hechos para sacar
la familia adelante, trabajar, compartir las tareas del hogar, quererse y dar
buen ejemplo; porque una sociedad necesita familias estables, que den hijos
ejemplares y con su trabajo, paguen las pensiones de los jubilados, entre otras
cosas. Decir que la mujer está hecha para la maternidad no es que debe parir
como una coneja, sino que se debe ejercer una paternidad responsable, por parte
de ambos, hombre y mujer, teniendo en cuenta los medios de que dispone el
matrimonio, sus necesidades, y todo ello, dentro de un clima de amor familiar.
Cuando falta ese amor, las familias se rompen, el divorcio no es, sino la
estocada final a una familia que ya está muerta.. La falta de amor llevada al extremo, degenera en violencia, en la llamada
violencia de genero, que es un constante desfilar de mujeres en ataúd.
La lucha por los derechos de la
mujer no se soluciona con el aborto libre y gratuito, que mata niños en el
vientre de la mujer y permite que el hombre se desentienda de la maternidad, de
la que es responsable. En este sentido, es muy triste como ningún país ayuda a
una mujer embarazada y con problemas, a que de a luz- salvo a abortar- Esta
labor queda relegada a instituciones benéficas particulares, como es el caso de
Red Madre en España. La mujer necesita, por parte del Estado, que se iguale su
sueldo al del varón y una conciliación laboral, y por parte del hombre,
colaboración en el hogar y sentirse amada.
El hombre tiene que aprender a
amar a las mujeres, es su asignatura pendiente, y por mucha igualdad que se
quiera poner en la sociedad –igualdad de derechos- hombres y mujeres no son
iguales, tienen que aprender a quererse entre si.
La voluntad de poder es un concepto acuñado por el filósofo
Friedrich Nietzsche, cuyo objeto es la consecución del Superhombre. Nietzsche
considera el poder como lo bueno y la felicidad del hombre está en la sensación
de que el poder aumenta y se ha superado un obstáculo; por el contrario, lo
malo es todo lo que brota de la debilidad. El hombre debe buscar el aumento del
poder y no debe tener ninguna moral que se lo impida, no debe buscar la virtud
(inclinación hacia el bien) sino la aptitud (capacidad para obrar poder). En
cuanto a los débiles y fracasados, éstos deben ser eliminados, imponiendo una
selección natural en el hombre; se considera seres débiles aquellos que
renuncian a ser superiores y se dejan llevar por una moral de rebaño,
concretamente la cristiana.
Hay que analizar las cosas con un poco de sensatez, una cosa
es que la Iglesia Católica se haya corrompido en determinadas épocas de la
historia, desacreditándose en la enseñanza de su doctrina, y otra cosa es decir
que el hombre, para ser dueño de si mismo y superior, se tenga que librar de
toda moral, o sea, de lo que nos enseña que es lo bueno y lo malo. Si el hombre
quiere ser un superhombre, como nos dice Nietzsche, entonces lo que va a ser es
un “lobo para el hombre” como nos dice Thomas Hobbes, en su obra “El Leviatan”
en el que afirma que el estado natural del hombre es la lucha contra su
prójimo. Y el hombre es el peor depredador para si mismo, porque posee el arma
de destrucción masiva, cuando se emplea mal, que es la inteligencia, ejemplo de
ello es el holocausto judío del Nazismo, crímenes del Stalinismo, de Pol pot en
Camboya, masacres en Ruanda, estado islámico, multiples terrorismos, etc. Si
juntamos dos voluntades de poder, es como juntar 2 gallos de pelea, se termina
a garrotazos ó en guerra.
El hombre es voluntad de sentir, porque es un ser que siente
y que padece. Somos una persona en un cuerpo sensorial que sentimos la belleza
de las flores, la brisa del mar, una puesta de sol, el esfuerzo del deporte, la
buena comida y mejor siesta. Voluntad de sentir es como decir, que la vida es
para sentirla y vivirla, que bonito es disfrutar de un cigarrito a la salida
del trabajo, yendo caminando a casa tranquilamente, haciendo buen tiempo. Las
personas disfrutamos, sobre todo, con los pequeños placeres, porque son
sencillos, como nosotros. Sentimos emociones
de alegría, tristeza o ira, que nos produce una hermosa película, un bonito
atardecer, una injusticia, una desgracia, una victoria deportiva, etc. También sentimos
el dolor, la debilidad física y la muerte, a la que, irremediablemente estamos
sujetos.
Pero el hombre es, ante todo, voluntad de querer o de amar,
porque tiene un corazón, que es la capacidad para querer, algo que no está
presente en los animales. Si juntamos 2
voluntades de querer, entonces surje una familia, una amistad, porque en ambos
hay una capacidad de darse al otro. Frente al modelo del superhombre, propuesto
por Nietszche, en el que su fuerza está en su poder, el Evangelio nos propone el modelo del
supercorazón, que encarna el mismo Cristo, en el que su fuerza está en su amor
al prójimo.
El buen ladrón es un personaje del Evangelio, que tuvo la
desgracia ó suerte, según se mire, de compartir condena a muerte con Cristo.
Este hombre era un delincuente, salteador de caminos, seguramente asesino y
zelote (combatiente contra los romanos), compañero del otro delincuente llamado
mal ladrón. A pesar de la situación tan terrible, la actitud de éste hombre es
hermosa y sorprendente
El buen ladrón, al que la tradición cristiana ha llamado
Dimas, es un hombre que reconoce sus delitos, y acepta la condena a muerte como
algo justamente merecido, y así se lo hace ver a su compañero delincuente.
Realmente ¿Cuántos delincuentes en prisión, reconocen su mala vida y se
arrepienten de ello? Por supuesto que los hay, pero no son la mayoría; y se
justifican en que la sociedad, por ser injusta, les ha obligado a delinquir, y
ellos no son más que unas victimas (victimismo del delincuente). Un condenado
por corrupción política siempre dirá que fue acusado falsamente por sus
adversarios políticos; un terrorista siempre dirá que él no es un asesino, sino
un luchador por la libertad de su “pueblo”. Si nos salimos del mundo
penitenciario y nos vamos a la sociedad en general, vemos que sucede lo mismo;
las personas se ofenden unas a otras en sus relaciones habituales de familia,
trabajo, vecindad, etc y no se piden perdón, salvo excepciones, siempre la
culpa la tiene el otro; y las amistades se pierden, las familias se rompen, los
ambientes de trabajo se deterioran.
Pero además, Dimas es un hombre que va más alla del
arrepentimiento, que ya es mucho, porque reconoce a quien está en la cruz con
él, reconoce la inocencia de Cristo y su divinidad: no le pide el milagro de
salvarle de la muerte, sino la gracia de poder ir al Cielo, porque es lo que le
importa verdad. Con toda seguridad,
Dimás tendría una práctica y formación religiosa nula y olvidada, como les
sucede a la mayoría de las personas de hoy día, que se declaran no practicantes
y agnósticos, sin embargo fue capaz de reconocer a Cristo como Dios, algo de
humildad tendría en su corazón; una actitud totalmente contraria a los fariseos
(maestros y guardianes de la religión) y sacerdotes del templo (administradores
de la religión al pueblo) que no paraban de vociferar todo tipo de improperios
e insultos a Cristo, estando sufriendo de dolór.
El llamado mal ladrón es una imagen bastante acertada de
nuestra sociedad. Este hombre le dice a Cristo que se salve a si mismo-que para
eso es Dios- y sobre todo, que le libre de la cruz a él y a su compañero, pero
nada de reconocer sus delitos. La gente, si alguna vez reza a Dios, es para
pedirle “algo” de tipo social, económico ó de salud, pero nada de reconocer
nuestras faltas, incluso se afirma con rotundidad que no tenemos pecados ¡Como
se puede ser tan caradura! Hace falta un cursillo de humildad, la que tenía el
buen ladrón El buen ladrón reconoció sus faltas y pidió perdon por ello y aunque tuvo que pagar muy caro por sus delitos, entró en el cielo por la puerta grande.
En el Evangelio se nos presenta la parábola de las 10
virgenes, que esperaban la llegada del esposo al la casa donde se iba a
celebrar el matrimonio. Estas jóvenes formaban un cortejo para recibir al novio
y, como era de noche, tenían que esperar con una luz encendida. La espera se
alargó demasiado y a algunas de éstas chicas se les terminó el aceite de sus
lámparas, no fueron previsoras (Virgenes necias) y tuvieron que ir a buscar más
aceite. En ese tiempo, llegó el novio y entraron todos a la casa. Cuando
llegaron las vírgenes que habían ido a por el aceite, se encontraron la puerta
cerrada y se perdieron la ceremonia.
La función de éstas muchachas era esperar y alumbrar, esperar
y alumbrar es una buena actitud de vida para un cristiano corriente o para una
persona de buena voluntad; porque hay que alumbrar en la vida, con la luz de la
solidaridad, la generosidad, el amor, el compañerismo, la buena vecindad, la
belleza, etc. Si observamos los informativos y prensa escrita o digital de
nuestros días, la situación no solo es de oscuridad, sino de terrible espanto;
afortunadamente, también hay buenas noticias, aunque de menor importancia o
trascendencia, porque están protagonizadas por gente sencilla, no dirigentes
políticos, y son esas pequeñas luces que alumbran la oscuridad de nuestra
sociedad.
Vale más encender una lucecita que maldecir de las tinieblas
y, si en una habitación a oscuras, alguien enciende un móvil o mechero, por
pequeña que sea esa luz, todos van hacia ella. Cada uno tiene que iluminar en
la medida de sus posibilidades y lo que no alumbremos nosotros, otros no lo van
a hacer.
Hay que alumbrar en la vida, pero también esperar, como las vírgenes
que esperaban al esposo. La espera es una actitud muy humana y la esperanza es
lo último que se pierde; estamos a la espera y nos preocupa que nos depara la
vida, ¿Qué será de nosotros, de nuestros hijos y nuestros seres queridos? Una
persona que ha vivido dando luz y calor, tiene que confiar en que, al final de
su vida, no se va a quedar desamparado, porque quien da recibe. Para un
cristiano la espera va más alla, porque sabe que su vida, aunque se acaba, no
se acaba, solo cambia la manera de vivir y es entonces, cuando conocemos a
Aquel, por quien hemos vivido con la luz encendida. Que buenas las personas que
no han vivido para si mismos y han tenido la lámpara encendida, dando luz y
calor; como la poesía de la Infanta
jorobadita, de José María Pemán, que no se preocupan de hilar trajes de oro y
plata, sino de ser sencillos en la vida esperando a Aquel que les ama.
Ésta fue la prima noche. Cuando sonreía el alba murió la jorobadita, como se muere una lámpara. Corrió por todo el palacio la noticia comentada: “No vivía en este mundo.” “Era una criatura extraña.” Sus hermanas, recelando por sus trajes de oro y plata, preguntaban a la dueña: “¿Qué dura el luto de infantas?” … A la noche la regaron de lirios y rosas blancas. La sacaron de puntillas por una puerta excusada. Como si fuera al encuentro del novio que ella soñaba, iba la risa en sus labios, la paz en su frente blanca. Las estrellas y la luna la vestían de oro y plata.
El lavatorio de los pies es una de las escenas más hermosas
del Jueves Santo; en ella Cristo lava los pies a los discípulos antes de
celebrar la última cena, en el día en que les llamó amigos. El objetivo de éste
acto es doble, por un lado mostrar a los apóstoles una actitud de servicio,
lavando los pies, que ellos deben tener con el prójimo; por otra parte, tienen
que dejarse lavar los pies, esto es, tienen que dejarse querer, así se lo hizo
ver a S. Pedro.
Hay personas que caminan por la vida haciendo mucho ruido y
pisando fuerte, porque pisan con orgullo y prepotencia, queriendo que todo el
mundo les oiga llegar y vea pasar, aunque después, su obrar en la vida no tiene
ningún valor; los pies de ésta gente, así como las manos, cabeza y corazón
necesitan un buen lavado. Hay personas que caminan silenciosamente sin llamar
la atención, nadie se da cuenta de su paso y después ven la grandeza de las
obras que han hecho.
El Papa Francisco ha dado al mundo una lección de amor y
tolerancia el día de Jueves Santo, en la Misa celebrada en el centro de
refugiados de Roma. En ésta ceremonia, con unos asistentes mayormente no
cristianos, realizó el acto del lavatorio de los pies con 12 personas de
distintas confesiones religiosas, siendo 3 de ellos musulmanes. Este sencillo
lavatorio derriba la intolerancia de unos terroristas que matan en nombre de
Dios a los “infieles”- con los atentados de Bruxelas, Paris, Lahore, Kenia y
tantos lugares-; derriba la intolerancia de los políticos que quieren eliminar
la religión de la vida pública, en defensa de una sociedad laica y tolerante
con todas las religiones; derriba la intolerancia de una Unión Europea que
pretende pagar dinero a Turquía para deshacerse de unos pobres refugiados;
derriba la intolerancia de muchos ciudadanos que solo piensan en si mismos,
ajenos a un prójimo que sufre. Hay muchas formas de intolerancia, todas tienen
en común que son incapaces de querer a nadie; esos refugiados, a quienes el
Papa lavó los pies, se sintieron amados, al menos ese día.
Hay que lavar los pies para vencer la intolerancia y el egoísmo,
pero sobre todo hay que dejarse lavar los pies.
Las procesiones de Semana Santa son una expresión de
sentimiento religioso que recorre España de un extremo a otro, comenzando
incluso desde el jueves anterior ó Jueves de Pasión hasta el Domingo de
Resurrección. Podemos preguntarnos quien creó la Semana Santa o ¿Cómo comenzaron
a celebrarse éstas procesiones? En el caso de Medina del Campo (Valladolid),
por ejemplo, fue el religioso San Vicente Ferrer quien inició la celebración de
éstas procesiones, por el año de 1410, siendo las procesiones de disciplina, de
las más antiguas de España; de la misma manera, surjieron en los demás pueblos y
ciudades de España, animadas por las autoridades eclesiásticas y apoyadas por
el fervor y sentimiento religioso popular. La Semana Santa fue creada por curas
y religiosos, ciertamente, pero se enraizó de tal manera en el pueblo cristiano
que creó su bosque propio; y así cambió de propiedad, ya no pertenece a la
Iglesia, como autoridad religiosa, pertenece al pueblo, a la gente, al cofrade
que desfila en la procesión en silencio, a las personas que asisten a ella
desde fuera o participan en la misma, también desfilando.
La Semana Santa pertenece a la gente, pertenece a ese
cofrade, que a veces no va a Misa los domingos, pero tiene su propio
sentimiento religioso. Durante el año el cofrade espera que lleguen las fechas
señaladas, con anterioridad ensayan las bandas de música de las cofradías, se
preparan los pasos con cariño y muchas flores. El día de la procesión es el más
esperado, hay que llevar el Cristo a hombros, aunque pese y se soporta el frío
y la molestia de caminar descalzo, porque es una penitencia que la pide el
corazón del cofrade. Se desfila en silencio, llevando a ese Cristo llagado y a
su madre doliente y lloran las trompetas y gritan los tambores de las bandas de
música y suena la saeta que dice que no quiero cantar a ese Cristo del madero,
sino al que anduvo en la mar, y ese Cristo del madero nos dice que todo su
sufrimiento era necesario.
En las procesiones, se ve a Dios más humano que nunca, aunque
sea en imagen de madera, porque se le puede coger y llevar a hombros, hasta
darle un beso en los pies. La gente solo quiere acompañarle en ese camino al
Calvario, y quiere hacerlo por las calles de su ciudad, de su pueblo de su
barrio, echarle una flor desde el balcón de su casa o una mirada de ternura.
La Semana Santa es nuestra, algunos políticos la quieren
eliminar en aras de una supuesta sociedad laica, libertad religiosa o lo que se
les ocurra. ¿Qué saben ellos de libertad religiosa ni de sentimientos
religiosos de las personas? Un cristo azotado que desfila por las calles no hace daño a nadie, al igual que un crucifijo
en el aula de un colegio. La Semana Santa no es algo que la Iglesia emplea para
influenciar a la gente y luego marque la X en la declaración de la Renta, quien
diga esto es un demagogo y un ignorante, La Semana Santa pertenece al pueblo y
al corazón de la buena gente, es nuestra, es mía.
¿Cuántas personas hay en nuestra
sociedad que ya no pueden o no quieren vivir porque la vida se les hace
imposible ó una tortura? Se trata de personas en situación de minusvalía,
enfermedad o abatimiento anímico, que ven que su vida no tiene sentido y acabar
con ella es una liberación. Pues para ésta gente está el grito de “tengo que
vivir”. En efecto, una persona tiene que vivir por 2 motivos: el 1º es porque
nadie esta muerto hasta que no esta enterrado, y el 2ª es porque si no se lucha
por vivir es cuando se muere de verdad, acosados por todas las dificultades.
Hay que preguntarse en que
consiste vivir; porque no se trata solamente de vivir físicamente por parte de
un organismo vivo. Comer, beber, trabajar, ir al baño, ver futbol o telebasura,
pasear y dormir no es vivir, eso ya lo hacen los animales en el zoo o los
borregos en el establo. Vivir es hacerlo en todos los niveles de la persona
humana: físico, cultural, espiritual, llevar a cabo unos objetivos, desarrollar
unos valores humanos y virtudes y sobre todo, vivir con el corazón. Hay
personas que estando completamente sanas física y emocionalmente, se puede
decir que están muertas, viven solo para si mismas, sin aportar nada a la
sociedad en la que viven o al prójimo al que les rodea; por el contrario, gente
con situación de enfermedad o impedimento grave son un portento de vida, y un
ejemplo para todos. Cuantos testimonios tenemos de deportistas y artistas
minusválidos, de personas que sobrellevan una enfermedad, de quienes superan
una desgracia de perdida de seres queridos, y aun así son capaces de mirar a la
vida con optimismo.
No es fácil vivir cuando tenemos
una dificultad grave que parece imposible superarla, y es comprensible desear
la muerte. En la película “Mar Adentro” se relata la vida de un tetrapléjico
que se suicidó bebiendo cianuro, por no poder soportar su vida; para ello contó
con la ayuda de una persona que le colocó el veneno en la mesilla junto a su
cama, en un vaso con una pajita para poder tomarlo. Aquel hombre estaba en su
derecho a suicidarse, no se trata de juzgar la moralidad de su acción, sino de
ver que eligió morir en vez de vivir; también es triste la persona que le
prestó colaboración en su suicidio, porque le ayudó a morir, cuando le debería
haber ayudado a vivir. Por el contrario tenemos el actor Cristopher Reeve, que
en la pantalla era Superman, desviaba un misil y evitaba que un autobús de
escolares se cayese al rio, pero en la vida real era un tetrapléjico
crucificado a una silla de ruedas. Aquel hombre quería vivir, creó una
fundación para el estudio de la curación de su minusvalía.
No es fácil vivir cuando todo
está en contra nuestra, pero es cuando más hay que gritar tengo que vivir. Los
afortunados que podemos vivir no podemos dejar que nuestra vida sea una línea
horizontal, como las maquinas que, en los hospitales, señalan las constantes
vitales del enfermo, porque entonces estamos al borde de la muerte como
personas y también tenemos que gritar tengo que vivir, pero además de vivir
tenemos que ayudar a otros a vivir.
El dolor se define como una experiencia sensorial desagradable, es
una sensación más ó menos intensa que se siente en una parte del cuerpo,
resultado de la excitación de las terminaciones nerviosas sensitivas. También
es dolor el sentimiento de pena ó tristeza que se experimenta por motivos
anímicos.
Las personas, por el hecho de ser
seres humanos corporales, estamos sujetos al dolor, la enfermedad y la muerte.
Son realidades que pertenecen a nuestra naturaleza y son inevitables.
Antiguamente el dolor y la enfermedad eran más fuertes e intensos en la vida
del hombre, acentuados por las duras condiciones de vida. La sanidad era pésima
o no existía, las enfermedades se curaban solas o la cura era la muerte y
muchas veces, el remedio de los médicos lo que hacía era empeorar al enfermo.
Los hospitales, cuando los había eran un lugar para albergar a los enfermos
hasta que se morían o curaban por si solos. El estudio de la anatomía humana,
el descubrimiento de las vacunas y más tarde de los antibióticos (Dr Fleming),
supusieron un importante avance de la medicina y la curación de muchas enfermedades hasta
entonces incurables. El progreso técnico ha permitido mejorar las condiciones
de vida en nuestra sociedad y aumentar la esperanza de vida. Actualmente, salvo
algunas enfermedades como el cáncer y otras consideradas raras, la mayoría
tienen tratamiento y curación; la medicina trata y opera casi todas las
lesiones corporales y para el dolor físico están los analgésicos. Para el dolor
de pena y tristeza –dolor no físico- existe la asistencia psicológica con
multitud de terapias.
El dolor y la enfermedad se
pueden tratar y curar pero siempre van a estar en nosotros, porque forman parte
de nuestra naturaleza, pero parece que nuestra sociedad vive de espaldas a ésta
realidad. El dolor es considerado algo
malo y hay que apartarlo de nuestra vida,
con analgésicos o encerrándolo en un hospital. El dolor y el sufrimiento son
igual de naturales que el gozo y el placer, aunque sean contrarios. La sociedad
solo quiere ver cuerpos bonitos y jóvenes, son los iconos de nuestro mundo, a
ellos se dirige toda la publicidad comercial y con los demás cuerpos practica
la cultura del descarte (enfermos y ancianos), pero olvida que esos cuerpos bonitos también se
marchitan, como las rosas y también sufren dolor. Entendemos el dolor como una
desgracia, pero es algo que le sucede a todo el mundo y no por ello va a ser
desgraciado, aunque si que hay que sobrellevarlo.
El dolor siempre va a estar entre
nosotros, por muchos analgésicos que tomemos ó por mucho que progrese la
sanidad; se puede aliviar sus síntomas
pero nunca desaparecerá. Hay algo que si se puede hacer y es vencer el dolor, eclipsarlo,
taparlo con algo más fuerte que es la alegría. Aunque no lo parezca todos
tenemos alegría, en mayor o menor medida y podemos ayudar a otros a encender
esa alegría, esa alegría y esa risa que le gana el pulso al dolor.
La inmigración es un drama humano
en nuestros días, y estamos acostumbrados a ver en los informativos gente que
quiere entrar de forma ilegal en la Unión Europea o EEUU, huyendo de la miseria
de sus países de origen y buscando mejores condiciones de vida. Estas personas
se encuentran en su camino con una enorme verja o un mar, que, en ocasiones, se
cobra sus vidas.
Existe un inmigrante muy
especial, es alguien que, a toda costa, quiere entrar, no precisamente en un
país, sino en el corazón del hombre, y trata de hacerlo burlando la vigilancia
de la policía ó a través de un mar embravecido. Este inmigrante no es otro que
el mismo Dios, que quiere entrar en las personas sin ser invitado y de muy
diversas maneras, como buenos deseos,
intenciones de arrepentimiento, ganas de cambiar de vida, toques de
generosidad, etc. Dios quiere entrar en nuestro corazón, pero no
queremos, porque supone una amenaza para nuestro egoísmo, comodidad y nuestro yo, al igual que los
inmigrantes son una amenaza para nuestra Seguridad Social y estado del
bienestar. Por ello cercamos nuestro corazón con una enorme verja, como la de
Ceuta y cuando sentimos que va a entrar, cuando sentimos un arrebato de
solidaridad, lo “devolvemos en caliente” a la policía del otro lado, para que
no nos impida ocuparnos de nuestra vida. A veces consigue entrar, entonces le
llevamos a un centro de internamiento de inmigrantes en un rincón de nuestro
corazón, porque nos parece un deseo bueno, pero será para otra ocasión, que
quizá no llegue nunca. Algún inmigrante consigue escapar de la policía y acaba
vagando por el país viviendo como puede, sufriendo soledad y explotación, Dios
termina de ilegal en nuestro corazón sin recibir otra cosa que nuestra
indiferencia; tenemos esos buenos deseos de generosidad pero no los hacemos
nuestros, no se llevan a cabo, por eso están de ilegales, dentro de un corazón
cerrado por una verja o encerrado en una jaula.
La inmigración como drama humano
es un problema de muy difícil solución. No se puede abrir la puerta de par en par porque no es posible,
materialmente, recibir a todo el mundo y
el problema social es enorme, pero hay que hacer algo por ésta pobre gente. La
solución es muy difícil o quizá no, no se puede abrir la verja de Ceuta ó
Lampedusa, pero si se puede abrir el corazón de las personas y los gobernantes
de los países desarrollados, dejar que entre el inmigrante de la solidaridad,
aunque sea en avalancha. Si existe la pobreza y el subdesarrollo en muchos países
es porque hay intereses políticos y económicos asociados a la corrupción local,
que no son más que corazones desalmados encerrados por una triple verja. En los
añor 90 se hizo en España campaña para destinar el 0,7% del PIB a cooperación
al desarrollo, no se perdería mucho si se destinase el 1%. Estos fondos se
pueden destinar a un gran número de ONGs de reconocida labor solidaria (Manos
Unidas, Combonianos, Oxfam, Medicos sin fronteras, save the children, etc) para
su aplicación en los países de donde procede la inmigración, con auditorías de
garantía, nunca hacerlo con los gobiernos locales, que están plagados de
corrupción. Estas instituciones llevan muchos años trabajando para llevar
educación y desarrollo a los llamados países del 3º mundo; estas instituciones
llevan muchos años abriendo corazones y sacudiendo conciencias.
Cuando el corazón del hombre está
cerrado, en el exterior hay que colocar cerrojos, verjas, policía, fronteras y
fuerzas armadas; pueden contener la inmigración ilegal, no siempre, pero no
resuelven el verdadero problema, que no es otro que el sufrimiento de la gente
dentro y fuera de nuestras fronteras por no tener lo básico para vivir. En cada
hombre que quiere atravesar una alambrada o mar en patera está ese inmigrante,
que quiere entrar en el corazón de la gente. No es fácil resolver el problema
de la pobreza y la inmigración, pero si se pueden aportar muchos granos de
arena o de trigo que al final hacen un inmenso granero.
En el Evangelio se narra el encuentro de Cristo con la
samaritana, en el que Jesús le dice a la mujer que el tiene un agua que, quien
la beba, no tendrá más sed; la samaritana se lo toma a broma y le pide ese agua
para no tener que ir todos los días al pozo; Cristo le demuestra que habla en
serio diciéndole a la mujer que vive con un hombre que no es su marido; la
samaritana se sorprende y a partir de ahí se inicia una conversación que
termina con una predicación de Cristo en el pueblo de la mujer. Al margen del
relato evangélico, lo que interesa saber es que es ese agua que quita la sed ó
agua viva ¿es una palabra bonita para la devoción religiosa ó es algo verdadero
para cambiar a las personas?
Lo 1º que hay que tener en cuenta es que éste agua viva no
sirve para quitar la sed material, entonces ¿para que sirve?, pues para quitar
la sed no material, que si que tiene el hombre, aunque no lo vea. ¿Cuál es la
sed no material? Pues aquella que brota del propio corazón del hombre, esto se
entiende con un sencillo ejemplo: Necesitamos un coche (sed material) un
utilitario de 90 cv es suficiente para nuestras necesidades, pero queremos uno
que tenga 160 cv, que sea grande y con un montón de extras (sed no material)
para poder ostentar y satisfacernos a nosotros mismos. Necesitamos una
vivienda, pero queremos un chalet de lujo; necesitamos un empleo, pero de
encargado y no de operario; necesitamos vestido, pero que sea 1º marca;
necesitamos esposa y marido, pero que sean ricos y guapos. Nunca vamos a estar
satisfechos con lo que tenemos, siempre queremos más, porque nuestro corazón
tiene sed, sed de amar y ser amado y si no encuentra amor, lo busca en las
cosas materiales para quererse a si mismo, busca quererse a si mismo en los
caballos de un coche, en unas vacaciones de un crucero, en una casa muy bonita.
Quererse a si mismo no es otra cosa que simple egoísmo, y el corazón del hombre
está hecho para querer a los demás, está hecho para amar hacia fuera, no hacia
dentro y como no puede amar hacia dentro, por muchas cosas bonitas que tenga el
hombre, siempre va a querer más, intentando calmar una sed que así no se puede
calmar.
Para calmar la sed del corazón se nos ofrece el agua viva,
pero ¿es una droga ó anestesia para olvidar nuestra insatisfacción y volvernos
conformistas? De ninguna manera; esta agua apaga un fuego de amargor y egoísmo,
pero hace germinar y crecer un árbol de alegría y generosidad, por eso es agua
viva. La persona que bebe éste agua, dejar de querer hacia dentro (quererse a
uno mismo) para querer hacia fuera y ahora va a tener otra sed, la de darse a
los demás, la de querer cambiar el mundo, haciéndolo más humano y hermoso,
desde sus posibilidades, aunque solo sea barrer su propia acera.
Y ¿De qué se compone el agua viva? El agua mineral,
dependiendo del manantial del que procede, contiene unas sales minerales y unos
micro elementos químicos, pudiendo ser agua medicinal. El agua viva tiene en su
composición obras de misericordia o de solidaridad, así como virtudes y
bienaventuranzas con un toque de amor de Dios; beberla supone cambiar de vida,
pues, de lo contrario no se ha bebido, como esas personas que, en un banquete,
para evitar emborracharse, arrojan el contenido de la copa a una maceta, cuando
no les ven. Beber agua viva es ser
coherente, escuchar la palabra y ponerla en práctica.
Al encender una farola ó una lámpara, se alumbra una
superficie que depende de la potencia de la bombilla utilizada y de la posición
y orientación del objeto luminoso. Una farola alumbra toda la superficie para
la cual se ha colocado en su lugar, sin embargo ¿Qué ocurre si el foco luminoso
tiene alguna mancha? Obviamente la luz choca contra esas manchas y produce
sombras sobre la superficie a iluminar, habiendo trozos de la calle o de la plaza
que se queden oscurecidos, o bien la habitación tendrá una luz débil por que la
lámpara del techo tiene una gruesa capa de polvo. Si a una lámpara le ponemos
una bombilla tintada de rojo o azul, nos va a dar una luz rojiza o azulada,
que, por supuesto, no alumbra igual que una bombilla limpia y trasparente.
Igual que una farola es el corazón de una persona. La lámpara
está hecha para iluminar y el corazón está hecho para querer, pero ambos tienen
en común que suelen ensuciar. Cuando el corazón se ensucia también se forman
sombras que dejan superficies sin amar; “a éstos si los quiero y a los otros
fuera de mi vista”, es lo que dice un corazón que no está limpio. El corazón
puede estar parcialmente sucio o cubierto por una espesa capa de alquitrán, en
cuyo caso es un completo egoísta, porque tiene un aislante y una opacidad que
le separa e impide querer a nadie. También se puede estar tintado como las
bombillas de colores y dar un amor interesado o envenenado y ser un perfecto
malvado que emite radiaciones ultravioletas (odio), letales para la vida. Hay casas que llevan tiempo cerradas, cuyas lámparas tienen una gruesa capa de polvo, o están cubiertas por una tela, igual que el resto de los muebles. Hay corazones que llevan mucho tiempo encerrados en si mismos, sin querer a nadie. ¿Como se limpia un corazón? Pues igual que una lámpara, pasandole un paño. En el caso del corazón ésta limpieza se denomina arrepentimiento, es un acto personal de rechazo a todas las faltas y pecados propios, a todo el polvo que se nos acumula encima, al igual que se acumula en lamparas y muebles.
Una bombilla limpia da luz para toda la sala, un corazón
limpio quiere a todo el mundo. Cierto es que no se ama a todos de la misma
manera, porque no es lo mismo esposa,
hijos, amigos, vecinos, etc, pero lo cierto es que un corazón limpio, tiene
amor para todos, como la bombilla.