Querida Basilia:
Han pasado ya unos 17 años desde que una enfermedad te llevó, pero parece que fué ayer cuando te regalé aquel mono de peluche tan bonito. Con esta carta quería recordarte un poco más, porque nunca me olvidé de ti, al igual que también te recordarán todos aquellos que te conocieron.
En noviembre de 1996 fui a Cuzco con la institución ABC PRODEIN, para instalar una quesería en la Granja Escuela de Yucay, en pleno Valle Sagrado de los Incas. Tu te encontrabas en el hospitalito de la calle S. Bernardo, también de la misma institución, estabas enferma y las hermanas de PRODEIN te cuidaban, dándote cuidado y cariño junto a otros enfermos.
Estando en el hospital, te dedicabas a ayudar en las labores diversas que había que hacer alli, querías ser religiosa como las hermanas de PRODEIN, asitías a la capilla con ellas, acompañando al Sagrario, ayudabas en el comedor y en otras labores del hospital
Poco a poco la enfermedad fué adueñándose de tí, pero lo más importante es que tu la aceptaste, querías vivir, pero aceptaste la enfermedad, que es una manera de no dejarse vencer por ella. Cuando tu mal estaba más avanzado, ya no podáis ayudar, solo rezar; te costaba respirar y solo podías tomar liquidos; fue entonces cuando me pediste que te invitase a un poco de leche, aquella que producíamos en Yucay y luego vendíamos en la tienda que estaba junto al hospital de S. Bernardo
El día de tu partida, fuiste velada por la noche en el patio del hospital, te habías ganado el corazón de todos. Al día siguiente, tu entierro, era todo tan pobre y humilde. El cementerio estaba en la falda de un cerro; no había servicio funerario, un féretro muy sencillo, Carmona te llevó en su camioneta, tu papa y tu hermano te enterraron, una sencilla cruz de madera con tu nombre, un niño pobre que dijo unas oraciones sin ningún orden, a cambio de una moneda, no necesitabas más para subir al cielo.
Si hay una palabra para definirte, es la de santita, porque ha habido otras chicas que, igual que tu, han sido buenas cristianas, igual que tu, aceptaron la enfermedad con sus sufrimientos, igual que tu, el Cielo se las llevó, y Iglesia Católica se lo ha reconocido. Tu historia no se conoce, no importa, la conozco yo y muchas otras personas que te recuerdan, y sabemos que tu mereces lo mismo.
Basilia Nina Quispe, Basilia.Gracias por tu ejemplo y testimonio de vida. Se que no me equivoco si te digo que, desde el Cielo, intercede por nosotros.
Jesús Estébanez Ruiz. (Recordando a una santita de Cuzco-Perú)


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