miércoles, 30 de julio de 2014

El dinero no da la felicidad

   

    Esta frase tan lapidaria, no siempre se emplea bien cuando se dice; en ocasiones se usa con un tinte de envidia, porque a una persona le ha tocado la lotería y a nosotros no; otras veces es dicha por personas que pretenden ser moralistas, que no ponen los pies en la tierra, ó sencillamente no saben lo que es sufrir una estrechez económica.
     Lo primero que tenemos que hacer para entender bien ésta frase es decirla completa: ¨El dinero no da la felicidad, pero ayuda a conseguirla, y cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana de un puntapié¨. Esto es así y lo demás es no aceptar la realidad.
   Las personas necesitan tener un mínimo de necesidades materiales cubiertas para poder vivir con dignidad, pues de lo contrario, no se puede ser feliz, a pesar de que existan bonitas historias como la de ¨El hombre feliz que no tenía camisa¨ Las personas somos humanas y necesitamos un mínimo material para vivir. Sobre las necesidades materiales cubiertas – el estómago- puede aflorar la felicidad – el corazón. El dinero no da la felicidad porque ésta tiene que salir de nuestro corazón, pero ayuda a conseguirla porque nos sacia el estómago, no hay que olvidar que ¨Barriga llena, corazón contento¨ Cuando la pobreza entra en nuestra vida, no solamente viene una carencia material, sino que viene acompañada de otras carencias como es la tristeza y el desánimo, que afectan por completo a nuestro corazón; por ello el amor sale por la ventana.
   No obstante, debemos preguntarnos cuanto dinero se necesita para ser feliz. Ha habido quien ha intentado calcular ésta cifra, pero es un calculo basado únicamente en el bienestar material; da igual decir un millón de euros que 20, nunca es bastante; el hombre siempre va a querer más y más, porque la felicidad no ésta en el dinero- aunque ayuda- sino en el corazón de la persona, y hay cosas que el dinero no puede comprar. Si no conseguimos ser felices de verdad –con el corazón- entonces tenemos que comprar –con el dinero- felicidad enlatada; que es una felicidad cara y con fecha de caducidad (una modelo demoledora, fiestas, comilonas, un yate, un deportivo, lujos diversos, etc). Se trata de una pseudofelicidad, que luego produce litigios en herencias por parte de hijos, cónyuges y sobrinos.
    Pero ¿Cuánto dinero se necesita para ser feliz?, nos preguntamos de nuevo. Pues el necesario para vivir con dignidad de personas. Es razonable estar triste por no tener un empleo, pero es ridículo llorar por no tener un deportivo descapotable. En el Evangelio se dice que no hay que acumular tesoros en la tierra sino en el cielo, queriendo decir que hay que ser personas ejemplares y de buen obrar; no dice que haya que ser pobres económicamente, pero si, que no hay que poner el corazón en el dinero exclusivamente.
     El dinero nos ayuda a ser felices, pero la felicidad la tenemos que poner nosotros.