domingo, 12 de abril de 2020

Nunca lo encontraremos




     En la película "Excalibur" de 1981, dirigida por Jhon Boorman, el rey Arturo se encuentra  gravemente enfermo, y su reino amenazado por la maldad de la bruja Morgana. Arturo ve la solución a todos los males, en encontrar el Santo Grial. La posesión de tan sagrado objeto, devolverá la salud al rey, eliminará los males que azotan al reino, y podrá enfrentarse a la malvada bruja. Así pues, el rey ordena a sus caballeros, vayan en todas las direcciones para buscar la sagrada copa. Los caballeros parten en la búsqueda. Los años pasan y los caballeros van muriendo poco a poco mientras el reino se sume en el hambre, la enfermedad y la desolación. En una escena, uno de los caballeros contempla a otro que ha muerto en la búsqueda y, totalmente desanimado, exclama "Nunca lo encontraremos"

      Con la perfección del hombre ó la santidad del cristiano, ocurre algo parecido a la búsqueda del Santo Grial. Hay personas que tienen necesidad de ser mejores, no desde el punto  de vista económico ó social, sino desde la propia persona; aspiran a una perfección. En el caso de un cristiano, esta perfección se llama santidad. Ser santo es ser amigo de Dios y el buen cristiano siente ésta necesidad; no solamente por él mismo, sino porque es necesario para la sociedad en la que vive. Los males presentes en nuestra sociedad se deben a la falta de santidad y personas ejemplares, al igual que el Rey Arturo, veía que la desgracia de su reino se debía a la falta del Santo Grial.




                                       



     Ciertamente que la santidad personal, la perfección y ejemplaridad son la solución a los problemas que padece nuestro mundo hoy. "Reforme usted su vida y yo la mía y así habrá dos vidas menos que arreglar", que decía San Pedro de Alcántara en una conversación personal. Ahora bien, las personas buscamos la perfección de la misma manera que los caballeros buscaban el Santo Grial, por nuestros propios medios; dispuestos a llegar al fin del mundo para encontrar una copa escondida en una profunda cueva o un templo perdido, y no es así. No hay que buscar un templo perdido, no hay que ponerse objetivos elevados en lo humano, ascético y espiritual, que solo responden a un deseo personal como si fuésemos a ganar una medalla por nuestro esfuerzo. Obrando así nunca ganaremos esa supuesta medalla, "Nunca lo encontraremos" nunca seremos santos; solo vamos a conseguir decepción y frustración.

     La santidad no se busca, se encuentra o hay que dejarse encontrar por ella. Perceval encontró el Santo Grial cuando estaba completamente derrotado, pero derrotado en sus propios medios. La busqueda que tenía que hacer Perceval no era humana sino espiritual, el Grial vino a él y no al revés. El cristiano tiene que dejar que la santidad venga a él, tiene que abrirle la puerta y despojarse de todo aquello que le impide recibirla (pecados y defectos)