El dolor se define como una experiencia sensorial desagradable, es
una sensación más ó menos intensa que se siente en una parte del cuerpo,
resultado de la excitación de las terminaciones nerviosas sensitivas. También
es dolor el sentimiento de pena ó tristeza que se experimenta por motivos
anímicos.
Las personas, por el hecho de ser
seres humanos corporales, estamos sujetos al dolor, la enfermedad y la muerte.
Son realidades que pertenecen a nuestra naturaleza y son inevitables.
Antiguamente el dolor y la enfermedad eran más fuertes e intensos en la vida
del hombre, acentuados por las duras condiciones de vida. La sanidad era pésima
o no existía, las enfermedades se curaban solas o la cura era la muerte y
muchas veces, el remedio de los médicos lo que hacía era empeorar al enfermo.
Los hospitales, cuando los había eran un lugar para albergar a los enfermos
hasta que se morían o curaban por si solos. El estudio de la anatomía humana,
el descubrimiento de las vacunas y más tarde de los antibióticos (Dr Fleming),
supusieron un importante avance de la medicina y la curación de muchas enfermedades hasta
entonces incurables. El progreso técnico ha permitido mejorar las condiciones
de vida en nuestra sociedad y aumentar la esperanza de vida. Actualmente, salvo
algunas enfermedades como el cáncer y otras consideradas raras, la mayoría
tienen tratamiento y curación; la medicina trata y opera casi todas las
lesiones corporales y para el dolor físico están los analgésicos. Para el dolor
de pena y tristeza –dolor no físico- existe la asistencia psicológica con
multitud de terapias.
El dolor y la enfermedad se
pueden tratar y curar pero siempre van a estar en nosotros, porque forman parte
de nuestra naturaleza, pero parece que nuestra sociedad vive de espaldas a ésta
realidad. El dolor es considerado algo
malo y hay que apartarlo de nuestra vida,
con analgésicos o encerrándolo en un hospital. El dolor y el sufrimiento son
igual de naturales que el gozo y el placer, aunque sean contrarios. La sociedad
solo quiere ver cuerpos bonitos y jóvenes, son los iconos de nuestro mundo, a
ellos se dirige toda la publicidad comercial y con los demás cuerpos practica
la cultura del descarte (enfermos y ancianos), pero olvida que esos cuerpos bonitos también se
marchitan, como las rosas y también sufren dolor. Entendemos el dolor como una
desgracia, pero es algo que le sucede a todo el mundo y no por ello va a ser
desgraciado, aunque si que hay que sobrellevarlo.
El dolor siempre va a estar entre
nosotros, por muchos analgésicos que tomemos ó por mucho que progrese la
sanidad; se puede aliviar sus síntomas
pero nunca desaparecerá. Hay algo que si se puede hacer y es vencer el dolor, eclipsarlo,
taparlo con algo más fuerte que es la alegría. Aunque no lo parezca todos
tenemos alegría, en mayor o menor medida y podemos ayudar a otros a encender
esa alegría, esa alegría y esa risa que le gana el pulso al dolor.

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