La escena del lavatorio de los pies es una de las más hermosas del Evangelio. Sucede el día de la ultima Cena, antes de la cual, Cristo decide lavar los pies a los apóstoles. Para ello, se quita el manto, toma una toalla y una jofaina con agua y, como si fuese un esclavo, se pone a lavar los pies a sus discípulos. Ellos, se dejan lavar, aunque se sorprenden enormemente. Cuando le va a lavar a S. Pedro, éste se niega, porque no quiere que Cristo se abaje a ser su sirviente, en tal caso debe ser al revés, le parece que es algo excesivamente humillante.
Pedro no quiere que Cristo le lave los pies, no quiere que muera en la cruz, no entiende ninguna de las 2 cosas. Pero ¿Cómo puede ser que Dios hombre, actúe así? Cuando debía presentarse a las autoridades religiosas y políticas para instaurar su reino que lleve la paz, bienestar y grandeza a Israel.
Pedro no se diferencia del hombre de nuestro tiempo, que tampoco entiende que Cristo tenga que morir para que se perdonen los pecados del hombre. No lo entiende el hombre ateo o agnóstico, y explica la religión como un conjunto de preceptos y normas impuestos para explicar lo inexplicable. Al hombre religioso, también le cuesta entender el sacrificio de Cristo, ya sea porque su religiosidad se ha anquilosado, en una practica más social que religiosa, o porque se deja llevar por interpretaciones erróneas de la doctrina cristiana. Estas interpretaciones han existido en todas las épocas, desde el arrianismo del siglo IV, pasando por la reforma luterana, hasta el modernismo del siglo XX. Estos errores despojan a Cristo de su naturaleza divina y su misión redentora, para reducirlo a un simple hombre, o como dicen algunos: un revolucionario social; también contribuyen a dividir a los cristianos en numerosas escisiones e iglesias, contrariando el deseo de Cristo de "que todos sean uno"
Pedro no entiende que Cristo le lave los pies y Jesús le responde que si no se deja lavar los pies no puede participar en su reino. Si no se deja lavar los pies, no se deja querer, y si no se deja querer, no puede amar a Dios ni ser buen cristiano. Jesús le dice a Pedro que tiene que dejarse lavar los pies, para dejarse querer, aunque no entienda el acto de que Cristo se abaje a ser un esclavo y mucho menos que tenga que morir- más tarde lo entenderá-.
El acto de lavar los pies no es solo algo servicial, para quitar la suciedad material, es también una imagen de lavar el pecado del hombre; es lo que Cristo va a hacer al día siguiente. Jesús esta diciendo a los discípulos que tienen que dejarse lavar, que tienen que dejarse querer y perdonar; que el hombre de hoy día tiene que dejarse querer y perdonar por Dios.
Cristo no solo lava los pies para enseñar a los discípulos como amar a Dios, también lo hace porque lo necesita. Esa noche de la Sagrada Cena, Jesús necesita querer un poco mas a sus amigos, los apóstoles. Su sacrificio está demasiado próximo, necesita abrazar a los discípulos, aunque ellos no sean plenamente conscientes de como se siente Cristo, necesita lavarles los pies.
Y cada Semana Santa, el día de Jueves Santo, Cristo vuelve a estar en cada iglesia, en esos monumentos tan hermosos, donde se coloca la Eucaristía después del Oficio religioso. Ese día está la bella tradición de visitar éstos monumentos, para poder acompañar un rato a éstos sagrarios; para, con la imaginación y el corazón, abrazarlos y dejarnos lavar los pies.



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