domingo, 21 de septiembre de 2014

La cizaña

  




    En el Evangelio se nos relata la parábola de la cizaña, en la que unos agricultores siembran de trigo un campo. Seguidamente se van a descansar, momento que aprovecha el enemigo para sembrar cizaña en el campo de los agricultores. Cuando más tarde, los trabajadores se dan cuenta de que ha germinado la mala hierba, junto al cereal, proponen al dueño del campo arrancar la cizaña. El señor del campo les ordena esperar a que crezca el cereal y la mala hierba, para así poder separarlos mejor en el momento de la siega. El trigo irá al granero, y la  cizaña, en haces, para quemar.
    Habría que preguntarse porqué los trabajadores se fueron a dormir, sabiendo que había un enemigo dispuesto a estropearles el cultivo. Lo lógico es que se hubiesen quedado montando guardia, aunque sea por turnos. Esto mismo pasa en la vida real, las personas sembramos, pero no nos ocupamos de vigilar el sembrado y luego viene alguien y nos siembra mala hierba en nuestro campo de cultivo.
    Vivimos en una sociedad en la que sembramos, con nuestra familia, nuestro trabajo, las amistades, la participación en sus instituciones públicas y privadas. Todo ello supone una siembra, y luego resulta que nos vamos a dormir, como los trabajadores de la parábola; nos despreocupamos de nuestra sociedad. Mientras tanto, viene alguien y siembra su mala hierba ó cizaña en nuestro campo ó sociedad, en la educación, en el mundo del trabajo, en la política, en la economía, en las relaciones internacionales, en la cultura, en la Iglesia, en tantos lugares donde nosotros participamos, por ser nuestro campo de cultivo ó de participación ciudadana.
      Hay que vigilar la sociedad, ó preocuparse un poco por ella. No basta con pagar los impuestos y cumplir con nuestras obligaciones de ciudadanos. Si queremos una cosecha, una buena educación, sanidad, cultura, bienestar social, etc, no lo vamos a tener si se permite que alguien siembre cizaña en ello. Y quien tiene que vigilar no es solamente la policía y los jueces, sino todos los ciudadanos. En su día dijo Kennedy: no preguntes que puede hacer América por ti, pregúntate que puedes hacer tu por América. Cada uno debe de ver que puede hacer por el campo ó la sociedad en la que vive, aparte de pagar impuestos y cumplir como ciudadanos.
      Hay que preguntarse quienes son los que siembran la cizaña en nuestra sociedad. Pues aquellos que obtienen algún beneficio por ello. La mala hierba reduce la cosecha, reduce la cohesión y la fuerza de la sociedad, divide la sociedad para beneficio de unos pocos. No cabe duda de que los políticos son las personas más cizañeras, ya que de lo contrario, no son capaces de ganar unas elecciones.
     El dueño del campo ordenó a los trabajadores que no arrancasen la cizaña por riesgo de arrancar también el trigo. Hay veces que, por querer corregir un mal, aplicando una sanción ó un castigo, acaban pagando justos por pecadores. No todos los políticos son sinvergüenzas, no todos los funcionarios vagos, no todos los empresarios explotadores, no todos los trabajadores son problemáticos, no todos los banqueros son ladrones. Si aplicamos el castigo ó juicio a todos es como querer arrancar la cizaña llevándose también el cereal. Hay que dejar que el trigo y la mala hierba crezcan juntos para luego separarlos en la siega. Las personas cizañeras acaban por descubrirse antes ó después, y la sociedad debe de separarse de ellos y aislarlos. Es necesario separarse de los violentos, los mentirosos, los corruptos, los holgazanes; no podemos juntarnos a ellos por un ligero bienestar, unas monedas ó una diversión.






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