Antiguamente muchas huertas tenían una noria para sacar agua de un pozo y regar los cultivos. La noria era movida por un asno ó mula y el agua se vertía sobre una acequia general, de la cual salían varias ramificaciones ó acequias secundarias, a través de las cuales, el hortelano dirigía el curso del agua, para regar toda la huerta. Gracias al trabajo del asno, un trabajo aburrido y pesado, dando vueltas sobre el mismo punto– por eso se empleaba un asno – se podía regar la huerta y así se obtenían hermosos calabacines, pimientos, tomates, melones, sandías, puerros, judías verdes, etc.
Hay muchas personas en la vida que su actividad es
muy parecida a la del burro de la noria: pesada, aburrida, siempre lo mismo,
como si todo fuese dar vueltas sin mas. Pensemos en un humilde taxista, que da
vueltas por la ciudad llevando a la gente, un modesto albañil, que da vueltas a
la hormigonera, un pinche de cocina, que da vueltas a los alimentos en la
cazuela, un empleado de limpiezas, que da vueltas con la maquina cepilladora,
todos los días lo mismo, son como el burro de la noria. Estas personas, pueden
pensar que son unos fracasados en la vida porque no han conseguido otra cosa
mejor, y sin embargo están regando una huerta, la huerta de su familia, de sus
amistades, de su ambiente de trabajo ó vecindario; con su esfuerzo están
creando una familia sólida, unas amistades fuertes y veraces y unos hombres y
mujeres de provecho para la sociedad.
No se trata de ser un conformista en la vida, hay que
tener aspiraciones y tratar de mejorar nuestra situación con unos estudios, una
formación profesional, etc, pero no
podemos despreciar un empleo modesto. No
hay trabajos indignos, sino indignos trabajadores, y gracias al esfuerzo de
gente modesta, han surjido muchos médicos, abogados, directivos de empresa,
ingenieros, que han han hecho mucho por la sociedad, en lo material y también
en lo humano.
De todo lo dicho anteriormente, vemos que lo que
importa no es el trabajo que tenemos en la vida ó el puesto que ocupamos en la
sociedad, sino el hecho de regar una huerta y que ello produzca frutos; se
puede tener el trabajo mejor pagado ó la posición más alta en la sociedad y no
sacar ni una gota de agua. Pero ¿Cuándo estamos regando realmente? Pues cuando
ponemos amor en nuestra vida, porque el amor es el agua que lo riega todo, ó el
cemento, que une los ladrillos para
construir una casa. El amor hace que fructifique una familia y unos amigos, al
igual que el agua hace que crezcan los tomates y los calabacines.
No hay comentarios:
Publicar un comentario