
El hombre tiene una característica que le diferencia del resto de los animales, y es su capacidad de amar, es un ser hecho para amar. Los animales, guiados por su instinto de supervivencia, alimentan y protegen a su descendencia, pero lo hacen por instinto y no por amor. El hombre si hace cosas por amor a otros hombres.
El amor se puede definir como la
capacidad para darse a los demás (familia, amigos, sociedad, etc) sin esperar
por ello una contraprestación. El amor es gratuito e inagotable,
nunca termina, pero ¿cual es su origen?, ¿de donde procede?; pues
procede del corazón del hombre. El corazón del hombre está hecho
para amar y ser amado, pero nosotros lo encerramos en una jaula de
varios cerrojos, y no le dejamos que ame ni que sea querido. Esta jaula es el pecado
del hombre, y lo peor de ella es que es voluntaria; nadie nos la impone y por
ello nos estamos haciendo daño y nos convertimos en unos amargados; somos unos infelices porque ni amamos ni nos dejamos amar. Hay que preguntarse ¿por que
encerramos a nuestro corazón? Sencillamente por que tenemos miedo a amar, a perdonar y a aceptarnos a nosotros mismos.
Somos incapaces de amar. Pensamos
que si somos buenos se van a aprovechar de nosotros en la vida. “En esta vida
hay que ser malo ó se aprovechan de ti”, cuantas veces hemos oído ésta frase. Y
como al final todos somos malos nuestra sociedad es egoísta, perversa, e
inhumana en general.
Somos incapaces de perdonar.
Siempre la culpa la tienen los demás y buscamos pruebas y justificación para
ello, aunque sea poco convincente. Y si la otra persona no acepta, entonces le
guardamos rencor, por un simple
sentimiento de justicia, a nuestro favor
por supuesto.
No nos aceptamos a nosotros
mismos. Cada uno tenemos nuestras limitaciones que nos impiden alcanzar
aquellas cosas que nos gustaría hacer o conseguir para nosotros. Como los demás
lo consiguen, pensamos que nosotros también lo merecemos ó tenemos derecho a
ello y no es así. Cada uno es como es, con sus virtudes y sus limitaciones y si
no entendemos esto, pensaremos que la vida es injusta con nosotros, y entonces
nos autocastigamos con amargor.
De todo lo dicho anteriormente,
vemos que el resultado es resentimiento, amargor, insatisfacción, etc. Pues más vale encender una cerilla, que maldecir de las
tinieblas, y lo que se agradece un hombre de buen corazón donde todos son unos
miserables. Si nosotros nos decidiésemos a
aportar un poco de luz, amor y belleza a nuestro alrededor, si dejásemos libre
a nuestro corazón, como cambiarían las cosas y seríamos felices.
El mejor ejemplo de un hombre
feliz es un santo. El santo tiene el corazón libre de toda jaula, por que es
amigo de Dios, que es la Verdad y la Verdad nos hace libres, para amar
y ser amados, aunque también para sufrir y perdonar. En el corazón del santo está
en el tesoro que ha encontrado en un campo y ha comprado ese terreno con todos
sus ahorros y capitales. El santo no tiene miedo a amar, aunque ello le acarree
problemas, porque sabe que eso es lo que Dios le pide y lo que necesitan las
personas, él es una luz en la oscuridad.
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