miércoles, 6 de marzo de 2013

San José

        San José es con toda seguridad, el santo más importante-después de la Virgen María-y del que menos conocemos su vida. El Evangelio menciona muy poco de él, aunque suficiente para saber el tipo de hombre que era. No nos queda más remedio que imaginarnos su vida y su persona. Tampoco le favorece la iconografía tradicional católica, que le ha representado como un hombre mayor con cayado floreteado, ni los apelativos que se le han dado: padre nutricio ó putativo.
        Pensemos que San José era un hombre normal y corriente. ¿Cómo habría reaccionado ante el embarazo inesperado de María? - ¡No me digas que esto te lo ha dicho un ángel, explícaselo a los ancianos de la sinagoga, y ya sabes el castigo para las adulteras! ¡Dios mío! Ese hombre no sería S. José, sería un miserable. Y sin embargo estaría actuando como un hombre justo de su época, después de todo, a las adulteras había que apedrearlas. Pero José no era así- afortunadamente- y antes de que se inventase Amnistía Internacional, ya se daba cuenta que esos castigos eran una barbaridad, por eso no quiso denunciar a María.
       José era un hombre justo, nos dice el evangelio. Aquí el termino justo no se refiere a un hombre que actúa con equidad, dando a cada uno lo suyo. Se trata de un hombre que vive de acuerdo a las enseñanzas de las escrituras y de Dios, o sea, un hombre santo. Así nos lo relata Benedicto XVI en su libro La infancia de Jesús. José era un hombre santo, y no podía ser de otra manera, pues como iba a entender ,y sobre todo aceptar, todo lo que le ocurría. ¿Sera cierto lo que me dice María? ¿Qué sueño tan raro he tenido? No entiendo nada pero lo voy a aceptar porque creo que Dios está detrás de todo esto. Y así empezó su vida con la Virgen y más tarde con el niño Jesús. José tuvo que cuidar de los dos, trabajar, sufrir y entender las cosas poco a poco. José no era un hombre mayor de cayado floreteado, era un trabajador, un currante. Tenía que buscar trabajo, casa, pagar renta, a veces no llegar a fin de mes y la Virgen le consolaba. Tuvo que exiliarse a Egipto, como un vulgar refugiado.  
     San José trabajaba en el taller de su casa y la Virgen y Jesús le acompañaban. Había tanto amor en aquella familia. Mas tarde Jesús y José trabajaban juntos, hasta quedar Cristo como único carpintero del taller. Te he querido como a mi propio hijo, le dijo a Jesús antes de morir.
       Que difícil es ser como S. José y sin embargo es la persona que todos desearíamos tener como padre, amigo, compañero de trabajo, vecino. Es el autentico modelo de sacerdote, padre de familia, de todo.
         San José, esposo de la Virgen, custodio del Señor. Ruega por nosotros.












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