domingo, 7 de septiembre de 2025

San Martin de Porres

 

       San Martin de Porres es uno de los grandes santos peruanos, por antonomasia,  pero la devoción de su santidad  no se queda en su país, porque es universal. Tiene algo que le hace ser querido por todos y en todo el mundo. En San Martin se juntan 2 elementos que le hacen único: la raza y la época. La raza porque era negro- mulato en concreto- y la época, porque en el siglo XVI, los negros eran llevados a America como exclavos, por parte de los portugueses, y no era de esperar que uno de ellos fuese, ni religioso ni santo. 

Quien era exactamente Martin de Porres?  Pues era hijo natural de un caballero español llamado Juan de Porres y de una mujer negra liberta, de origen panameño, llamada Ana Velazquez. Martin de Porres nació en Lima un 9 de Noviembre de 1579. Este hecho nos tiene que hacer reflexionar sobre algo que no se le da importancia o no nos damos cuenta. En el siglo XVI ya había negros libres en la America española, aunque, lamentablemente fuesen más los exclavos. En la america anglosajona, habria que esperar a Abraham Lincoln, para que hubiese negros libres, y luego a Jhon Fitgerald Kenedy, para que tuvieran derechos civiles. Sin embargo, un negro liberto, en los territorios españoles, podía montar su pequeño negocio. 

D. Juan de Porres no estaba casado con la madre de Martin, cuando éste nació. Al principio su padre no quiso reconocerlo, y tuvo que bautizarse como hijo de padre desconocido y durante unos años vivieron con su madre y una hermanita, con bastante estrechez, en una humilde casa de Lima, mientras su padre se encontraba en Guayaquil. Y es precisamente en éstos años de dura y hasta triste infancia, donde se empezó a gestar el futuro santo y a formarse ese corazón suyo, tan grande, que era incapaz de negarle nada a nadie. Martin se moría por comer unos picarones del mercado, pero se moría de pena al ver a un necesitado que no tenía que comer. La ternura hacia las personas, sumado a que vivía en un hogar cristiano, también se elevó hacia Dios, del cual estuvo enamorado toda su vida.

El padre de Martin nunca dejo abandonados a él y a su hermana y madre. Aunque un poco tarde, reconoció a su hijo y terminaron sus estrecheces económicas. Durante un tiempo, Martin estuvo viviendo con su padre en Guayaquil, para más tarde regresar a Lima, Con 15 años recibió la confirmación del, entonces obispo de Lima, Sto Toribio de Mogrovejo. En éste tiempo trabajo con un mercader de hierbas medicinales, llamado Mateo Pastor y sobre todo con el maestro Marcelo de Ribera, que era barbero, sangrador, sacamuelas y lo que haga falta. Con éste hombre Martin aprendió mucho y con buena mano para el trabajo. 

Martin era un hombre, hábil para el trabajo, inteligente y con un futuro practicamente labrado. Su hermana se iba a casar con un buen muchacho y todo iba bien en su familia. Era el momento para hacer lo que el corazón le pedía desde hace tiempo, de irse con quien amaba más que a nadie. Así  es como Martín ingresó en el convento de los dominicos de Lima. Entonces los conventos tenían sus normas, y Martín fue aceptado como donado, que era venía a ser un religioso para servir a otros religiosos en tareas humildes. Pero Martin estaba feliz en esa situación, porque se había aprendido muy bien la enseñanza cristiana; para ser el primero ante Dios hay que ser el ultimo ante los hombres.


La vida de San Martín fué buscar siempre ser el ultimo, anonadarse, y Dios, complacido con ello, le bendijo con creces. Se hizo famoso por dar comida a los necesitados, hasta el punto de que la cesta de donde sacaba la comida le daba para todos los que venían a pedirle. Siempre barriendo, siempre tratando bien a todo el mundo, sobre todo a algún religioso gruñón que le llamó perro mulato; y Martín lo aceptaba. Su padre quiso cambiarlo de convento, para que fuese a otro, donde le tratasen con más dignidad y no como un sirviente, pero Martin le suplico que le dejase estar así , pues siendo el último, para Dios era el primero, que era lo que Martín quería.

La bondad de S. Martin rezumaba por los 4 costados, hasta para los simples ratones que amenazaban con comerse el convento en el que se encontraba. S. Martin que dió de comer en un plato a perro , pericote y gato, siendo ésta la imagen suya que ha pasado a la posteridad, junto con su inseparable escoba. No le importaba se mulato, ni hacer oficios serviles, al contrario, para eso estaba. Incluso pensó en venderse como esclavo para, con el dinero, sufragar los gastos del convento. Como enfermero tomaba el pulso, vendaba, entablillaba, suturaba, succionaba heridas sangrantes e imponía sus manos. "Yo te curo Dios te sana" decía Martín a los enfermos que atendía 

 Como San Martin era tan bueno y tan servicial, Dios le concedió el don de la bilocación , para atender a mas gente al mismo tiempo y en lugares distintos. Hay testimonios de misioneros que afirman haberlo visto en China y Japon curar enfermos y rezar con otros misioneros. También curaba y ayudaba a la gente, cuando era de noche, el convento tenía las puertas cerradas y el Santo estaba en su celda. Todo el mundo acudía a él, y la ciudad de Lima llegó a tener dependencia de su servicialidad. El mismo virrey quiso que estuviera presente en su lecho de muerte.

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