viernes, 1 de febrero de 2013

El beneficio a largo plazo


En la vida tenemos que buscar el beneficio a largo plazo y no el inmediato, por la sencilla razón de que el 1º es duradero y el 2º, así como viene se va.
Si vamos a una empresa que elabore cualquier cosa: productos alimenticios ó piezas para automóviles por poner un caso. Si el empresario busca el beneficio inmediato, todos los ingresos por las ventas los destinará a beneficio (exceptuando  los gastos obligatorios de mat primas, sueldos, energía, etc), sin dejar nada para invertir en su propia empresa. El resultado es que la  empresa se irá empobreciendo poco a poco, estropeándose, reduciéndose poco a poco los beneficios y perdiéndose los clientes. El empresario va a pensar que se debe a un mercado difícil y muy competitivo, que sus empleados trabajan mal ó que le falta financiación. Cualquier razón antes de reconocer su mala gestión ó avaricia.
Si el empresario busca el beneficio a largo plazo, lo que hace es invertir en su empresa para mejorarla, renovando maquinaria, reparando, diversificando producción, etc. En éste caso el beneficio es pequeño- al principio- y la producción es la misma que sin hacer las inversiones. Sin embargo, al cabo de unos meses, vamos a ver como los costes de producción se han reducido, aumenta la producción y la ventas, se genera un beneficio que crece con el tiempo y se consolida. Pero ésta consolidación, es proporcional a la realización de nuevas mejoras e inversiones. Si no viene una crisis ó sucede algo adverso, la empresa sigue creciendo, se consolida y llega a ser ejemplo de buena gestión.
Todo lo que hemos visto en el campo empresarial, lo podemos trasladar a las personas, como si cada hombre o mujer ó familia fuese una empresa.
Un hombre que busca el beneficio inmediato es aquel que persigue el placer ante todo. El placer es pasajero y cuando termina queremos más, como si de una dependencia se tratase, convirtiéndonos en unos esclavos del placer.
En una persona ó familia, el beneficio a largo plazo se llama felicidad Y ¿Cómo se consigue? Pues invirtiendo en ser feliz. A modo de ejemplo se pueden considerar las siguientes inversiones:
-         Buscar una relación de pareja duradera y estable, que desemboque en una familia.
-         Tratar de ser una persona culta, con valores y virtudes. 
-    Invertir en formación académica, moral e incluso religiosa.
-         Buscar en lo personal el ser, por encima del tener.
El beneficio a largo plazo ó felicidad lleva consigo sus esfuerzos y sacrificios, necesarios para mantenerlo, al igual que el empresario tiene que invertir continuamente en su negocio si quiere mantener su empresa pujante. Es lo mismo que un jardín, que para mantenerlo hermoso requiere esfuerzo, pues de lo contrario, crece la maleza y se vuelve salvaje.
El beneficio a corto plazo ó placer, solo fomenta el egoísmo, porque evita todo tipo de esfuerzo e inversión. Nos hacer caer en todo tipo de vicios que nos destruyen como personas y nos embrutece.
El empresario, para invertir en su empresa necesita financiación, procedente de recursos propios ó de un préstamo ajeno. En una persona, la financiación que se necesita es amor, que se expresa en entrega y esfuerzo a los demás: familia, amigos, otros. El amor no lo presta ningún banco, nos lo da nuestro corazón y el corazón nos da amor si le dejamos libre para amar.

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