Para evangelizar a un obrero se necesita otro obrero. Para
hablar de Dios, para dar un mensaje cristiano a un hombre modesto, sencillo,
con un nivel económico medio- bajo, se necesita otra persona en similares
circunstancias.
El obrero, el empleado es un trabajador, muchas veces con
escasos estudios y nivel cultural, pero es buena gente, que es lo que importa.
El obrero tiene que sufrir reforma laboral, moderación salarial, presión en el
trabajo; tiene que trabajar a turnos de mañana, tarde, noche, a veces los
domingos; tiene que hacer horas extras, aguantar en su trabajo, sin saber en
que momento lo va a perder; tiene que pagar una hipoteca, un alquiler, los
libros del colegio, la compra de la semana; tiene que sufrir para que su
familia y él puedan vivir.
Para un obrero, el mayor regalo de la vida es que le toque la
lotería, y así poder dejar su empleo y dedicarse a un negocio propio; sin darse
cuenta que ya es afortunado, porque tiene una salud, una esposa, hijos y amigos
que le quieren y una supuesta estabilidad económica. Mientras tanto, la vida se
le consume entre el trabajo, la familia, el bar, la televisión, las fiestas del
pueblo y alguna afición.
Con el panorama que hemos mencionado, con la vida tan dura
que lleva el obrero, ¿como puede éste
percibir que Dios es amor?- también para él- ¿Quién puede hablar de Dios a éste
hombre? Un sacerdote, un funcionario, una monja, un maestro, un empresario
pueden hablar de Dios a un obrero, pero su mensaje no va a llegar a éste,
porque no viven la vida y los problemas del obrero. “Es muy bonito lo que usted me dice padre,
pero yo casi no llego a fin de mes, trabajo muy duro para lo que me pagan, y el
día menos pensado nos echan a todos a la calle. Yo no veo el amor de Dios por
ningún sitio y si usted pasase lo que yo, diría lo mismo”.
¿Quien puede hablar de Dios a un obrero? Pues otro obrero que
esté en su misma situación y su testimonio sea creíble. “Juan, Dios es amor, y
te lo digo yo que soy tu compañero de trabajo en la fabrica, y tengo tus mismos
problemas”
Alguien podrá decir que éste trabajador está narcotizado por
sus ideas religiosas, gracias a las cuales, no siente el sufrimiento de sus
problemas, o le sirve para evadirse de ellos, pues no es así. El obrero
cristiano sufre como cualquier otro, pero hace de su trabajo y problemas un
sufrimiento redentor. Este hombre, con su vida y su fe en Dios, en la medida de
sus posibilidades, ayudado por otras personas como él, trata de hacer una sociedad
más justa y mas humana. Y lo hace con la entrega sencilla a su familia, amigos
y compañeros de trabajo; siendo ejemplar en todo, ayudando a quien pueda y
rezando un poco, construyendo la civilización del amor.
Por todo ello, para hablar de Dios a un obrero, se necesita
otro obrero.
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