domingo, 24 de febrero de 2013

La evangelización de los obreros


Para evangelizar a un obrero se necesita otro obrero. Para hablar de Dios, para dar un mensaje cristiano a un hombre modesto, sencillo, con un nivel económico medio- bajo, se necesita otra persona en similares circunstancias.
El obrero, el empleado es un trabajador, muchas veces con escasos estudios y nivel cultural, pero es buena gente, que es lo que importa. El obrero tiene que sufrir reforma laboral, moderación salarial, presión en el trabajo; tiene que trabajar a turnos de mañana, tarde, noche, a veces los domingos; tiene que hacer horas extras, aguantar en su trabajo, sin saber en que momento lo va a perder; tiene que pagar una hipoteca, un alquiler, los libros del colegio, la compra de la semana; tiene que sufrir para que su familia y él puedan vivir.
Para un obrero, el mayor regalo de la vida es que le toque la lotería, y así poder dejar su empleo y dedicarse a un negocio propio; sin darse cuenta que ya es afortunado, porque tiene una salud, una esposa, hijos y amigos que le quieren y una supuesta estabilidad económica. Mientras tanto, la vida se le consume entre el trabajo, la familia, el bar, la televisión, las fiestas del pueblo y alguna afición.
Con el panorama que hemos mencionado, con la vida tan dura que lleva el obrero,  ¿como puede éste percibir que Dios es amor?- también para él- ¿Quién puede hablar de Dios a éste hombre? Un sacerdote, un funcionario, una monja, un maestro, un empresario pueden hablar de Dios a un obrero, pero su mensaje no va a llegar a éste, porque no viven la vida y los problemas del obrero.  “Es muy bonito lo que usted me dice padre, pero yo casi no llego a fin de mes, trabajo muy duro para lo que me pagan, y el día menos pensado nos echan a todos a la calle. Yo no veo el amor de Dios por ningún sitio y si usted pasase lo que yo, diría lo mismo”.
¿Quien puede hablar de Dios a un obrero? Pues otro obrero que esté en su misma situación y su testimonio sea creíble. “Juan, Dios es amor, y te lo digo yo que soy tu compañero de trabajo en la fabrica, y tengo tus mismos problemas”
Alguien podrá decir que éste trabajador está narcotizado por sus ideas religiosas, gracias a las cuales, no siente el sufrimiento de sus problemas, o le sirve para evadirse de ellos, pues no es así. El obrero cristiano sufre como cualquier otro, pero hace de su trabajo y problemas un sufrimiento redentor. Este hombre, con su vida y su fe en Dios, en la medida de sus posibilidades, ayudado por otras personas como él, trata de hacer una sociedad más justa y mas humana. Y lo hace con la entrega sencilla a su familia, amigos y compañeros de trabajo; siendo ejemplar en todo, ayudando a quien pueda y rezando un poco, construyendo la civilización del amor.
Por todo ello, para hablar de Dios a un obrero, se necesita otro obrero.  

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