En los
Evangelios, Cristo propone la parábola de los talentos, como enseñanza para aplicar en la vida del hombre.
En la misma, un gran Señor da a cada uno de sus empleados unas monedas-
talentos- unos reciben más y otros menos, pero todos tienen el mismo encargo,
invertir ese dinero, obtener unos beneficios y dar cuentas al Señor de su
gestión. Los empleados emplean el dinero en distintos negocios, excepto uno,
que por inseguridad, prefiere guardar el dinero en un lugar seguro- enterrarlo-
para no perderlo y así poder responder a su Señor con garantía. El resultado de
la parábola es que el Señor felicita a los empleados por los beneficios
obtenidos y reprocha severamente al que enterró el dinero por no hacer nada.
Todas las
personas tienen unos talentos ó habilidades en su vida. A unos se les da bien
el estudio, a otros la mecánica, la música, la pintura, la cocina, el deporte,
la escritura, la oratoria, etc. Así tenemos buenos médicos, ingenieros,
artistas, deportistas, cocineros, lideres sociales y otros más. Estos talentos
nos facilitan un futuro profesional con un buen empleo y fortuna en muchos
casos. Pero los talentos no son unicamente para obtener bienes materiales y
estabilidad en la vida, son principalmente para ser nosotros mismos, para ser mejores
personas y obrar el bien, éste es el objetivo de la parábola que Cristo propone
en el Evangelio.
Si una persona
emplea sus habilidades exclusivamente para su beneficio material, lo que hace
es enterrarse a si mismo, porque ésta persona puede hacer un gran bien y no lo
hace; el bien que una persona no hace, queda por hacer y se pierde. Se puede
ser el mejor medico, artista, científico, etc del mundo y como persona vivir
sepultado. Cuanta gente hay a nuestro alrededor que necesita que pongamos en
práctica nuestros talentos: familia, vecinos, amigos, compañeros de trabajo, la
sociedad en la que vivimos. Si solamente vivimos para nosotros mismos y nuestro
bienestar, la sociedad se convierte en una selva hostil, donde sobrevive el más
fuerte, y ésto no lo arregla nadie, por mucho estado político que haya, con su policía,
estado de derecho, sistema educativo, administración del estado y todo lo que
se quiera poner.
Cuando un hombre
está enterrado, también tiene su corazón encerrado, ambas cosas se dan al mismo
tiempo. Si queremos ser felices en ésta vida, solo puede ser obrando el bien, y
para ello necesitamos de nuestros talentos, para eso los tenemos. Y aunque solo
nos hayan dado una monedita, se puede hacer mucho, pero muchísimo. Una moneda
enterrada no sirve para nada, no germina, no sale un árbol, no da fruto y no da
sombra.
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