domingo, 2 de junio de 2013

El hombre enterrado




   


        En los Evangelios, Cristo propone la parábola de los talentos, como  enseñanza para aplicar en la vida del hombre. En la misma, un gran Señor da a cada uno de sus empleados unas monedas- talentos- unos reciben más y otros menos, pero todos tienen el mismo encargo, invertir ese dinero, obtener unos beneficios y dar cuentas al Señor de su gestión. Los empleados emplean el dinero en distintos negocios, excepto uno, que por inseguridad, prefiere guardar el dinero en un lugar seguro- enterrarlo- para no perderlo y así poder responder a su Señor con garantía. El resultado de la parábola es que el Señor felicita a los empleados por los beneficios obtenidos y reprocha severamente al que enterró el dinero por no hacer nada.
        Todas las personas tienen unos talentos ó habilidades en su vida. A unos se les da bien el estudio, a otros la mecánica, la música, la pintura, la cocina, el deporte, la escritura, la oratoria, etc. Así tenemos buenos médicos, ingenieros, artistas, deportistas, cocineros, lideres sociales y otros más. Estos talentos nos facilitan un futuro profesional con un buen empleo y fortuna en muchos casos. Pero los talentos no son unicamente para obtener bienes materiales y estabilidad en la vida, son principalmente para ser nosotros mismos, para ser mejores personas y obrar el bien, éste es el objetivo de la parábola que Cristo propone en el Evangelio.
        Si una persona emplea sus habilidades exclusivamente para su beneficio material, lo que hace es enterrarse a si mismo, porque ésta persona puede hacer un gran bien y no lo hace; el bien que una persona no hace, queda por hacer y se pierde. Se puede ser el mejor medico, artista, científico, etc del mundo y como persona vivir sepultado. Cuanta gente hay a nuestro alrededor que necesita que pongamos en práctica nuestros talentos: familia, vecinos, amigos, compañeros de trabajo, la sociedad en la que vivimos. Si solamente vivimos para nosotros mismos y nuestro bienestar, la sociedad se convierte en una selva hostil, donde sobrevive el más fuerte, y ésto no lo arregla nadie, por mucho estado político que haya, con su policía, estado de derecho, sistema educativo, administración del estado y todo lo que se quiera poner.
      Cuando un hombre está enterrado, también tiene su corazón encerrado, ambas cosas se dan al mismo tiempo. Si queremos ser felices en ésta vida, solo puede ser obrando el bien, y para ello necesitamos de nuestros talentos, para eso los tenemos. Y aunque solo nos hayan dado una monedita, se puede hacer mucho, pero muchísimo. Una moneda enterrada no sirve para nada, no germina, no sale un árbol, no da fruto y no da sombra.

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