Existe un cuento oriental, en el que a un sabio se le dio a
conocer el cielo y el infierno. Primeramente visitó el infierno, y vió que era una hermosa sala con una gran mesa
repleta de los más exquisitos manjares para comer. Los comensales tenían que comer
con unos largos palos, con los que no se podían llevar la comida a la boca, por
tanto estaban todos tristes y hambrientos.
Despues el sabio visitó el cielo, y vió la misma sala con la
misma mesa repleta de comida y los mismos palos largos para comer; pero en esta
ocasión, cada comensal daba de comer al que tenía enfrente, usando los palos
tan largos, y así todos estaban contentos y con el estómago lleno.
Este cuento nos dice que, sea cual sea la situación en la que
nos encontremos, dependiendo de la actitud que tomemos en la vida, podemos
hacer de ella un cielo ó un infierno.
Cualquier trabajo, por duro que sea, si hay un ambiente de compañerismo y
cooperación, se hace llevadero y no resulta pesado. Cuando trabajamos en un
ambiente hostil, donde cada uno está dispuesto a pisar a su compañero para
conseguir sus objetivos, aunque estemos en el despacho más confortable, el
trabajo es odioso y se hace una tortura.
Si en nuestra vida elegimos el egoísmo y la ambición,
conseguiremos lo que queremos, de forma rápida y haciendo daño a otros. Lo que
no vemos, es que el egoísmo, a la larga se vuelve contra nosotros mismos. Si en
la vida elegimos la generosidad y la cooperación, conseguiremos el bien para
nosotros y los que nos rodean, aunque se tarde más, y todo el amor puesto, a
largo plazo, nos va a repercutir favorablemente.
De nosotros depende, hacer de nuestra vida, un cielo ó un
infierno.
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