En el Evangelio se nos presenta la parábola de los obreros y
la viña, en la que un propietario contrata a varios trabajadores para la
cosecha de su viña. Unos operarios comienzan al principio del día, otros a
media mañana, otros por la tarde y algunos cuando solo falta una hora para
terminar la jornada laboral. Terminado el trabajo, el dueño de la viña les paga
lo mismo a todos, independientemente de las horas que han estado trabajando
cada uno. La parábola nos enseña que el dueño de la viña – Dios – nos da la
misma paga a todos los hombres – el cielo – sin importarle si hemos trabajado
más ó menos en la viña – nuestra vida – siempre que lo hayamos hecho de
corazón. Aquí no importa si una persona
solo es buen cristiano y obra el bien al final de su vida, lo que importa es
que lo haga, y eso es lo que Dios premia realmente.
Esta claro que Dios es misericordioso, pero por otra parte,
hay que ser justos y realistas. Hay unos operarios que han trabajado más que
otros y eso hay que tenerlo en cuenta. No se puede dejar para última hora el
ser un hombre de bien o un buen cristiano, aunque se nos de el cielo, y toda
nuestra vida anterior, ¿Qué pasa
con ella? Existe una expresión que dice: “éste hombre
más vale que se vaya a su casa a rezar el Rosario”, que quiere decir que, como ya ésta acabado, que se prepare rezando
para tener una buena muerte. Existen otras expresiones que dicen “Esta vida son
dos días” y “Solo se vive una vez”, para darnos a entender que la vida hay que
aprovecharla para uno mismo, de forma
materialista y placentera y sin preocuparse por los demás; y cuando se nos
acaba la vida, como ya no podemos disfrutar de ella como antes, hay que irse a
casa a rezar el rosario.
Si todos los trabajadores de la viña hubiesen ido a ultima
hora, la mayor parte de la uva se habría quedado sin recoger y el vino sin
hacer, aunque el señor de la viña les habría pagado lo mismo. Si todos en la
vida, solo nos preocupamos por ser buenos al final de la vida, hay mucho bien
que se queda sin hacer y mucha felicidad que se queda sin producir.
No podemos dejar pasar nuestra vida sin aprovecharla, para obrar el bien ó ejercer un mínimo de
solidaridad con el prójimo, en la medida de nuestras posibilidades. La vida son
dos días, ciertamente. Hay que
aprovechar el tiempo, porque no sabemos lo que nos va a durar, y además se pasa rápido. ” Al final de nuestra
vida se nos examinará en el amor”, que decía Santa Teresa de Jesús, por tanto, no
vayamos a ese examen con lo mínimo.
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