Cuando hablamos de los misioneros, enseguida pensamos
en religiosos de la Iglesia Católica, que se encuentran en países llamados del
3º mundo, trabajando en favor de los necesitados en labores de sanidad,
educación, promoción social, pequeña empresa y predicación religiosa. Se les
considera muy buenas personas, dado que el trabajo que realizan no lo hacen por
dinero, sino altruistamente y sin ninguna obligación.
Hay que decir, en justicia, que la figura del
misionero está bastante infravalorada en nuestra sociedad. Para empezar se
conoce poco de su labor, si no es por el día del DOMUND de la Iglesia ó por
revistas editadas por las propias instituciones como “Mundo Negro” de los
misioneros combonianos. No suelen ser noticia en los informativos, a no ser que
se trate de una televisión ó radio afín a la iglesia; y cuando lo son, es
porque en el país que trabajan sucede algo muy grave; como sucedió en las
matanzas tribales de Rwuanda de 1991 ó la epidemia de ébola de 2014 en Sierra
Leona.
Algunas personas piensan que los misioneros lo son
porque les gusta, al igual que a los demás nos puede gustar el tenis, la
pintura ó cualquier otra afición. No se entiende porque tienen que irse tan
lejos, en nuestro país pueden trabajar de curas en una parroquia ó de monjas en
un asilo de ancianos, además, el ir tan lejos supone viajes de ida y venida y
el coste de los billetes de avión se podía destinar a la gente pobre. Por otra
parte, enseñan religión, lo cual es considerado una labor partidista y no
objetiva, en el desarrollo social y humano de hoy en día. Al final, la
valoración que se da a los misioneros es que lo que hacen está bien, pero que
no sirve para el desarrollo de los países llamados pobres, y los que realmente
trabajan para reducir la pobreza del 3º mundo son la ONU, instituciones
importantes como oxfam, y los gobiernos de los países afectados, gracias a la
ayuda internacional.
La realidad es que la ONU es una institución que
primero paga enormes sueldos a sus miembros y funcionarios, y lo que le queda
lo destina a los pobres, la malversación de fondos de la ONU es algo conocido.
Los gobiernos de los países del 3º mundo son los primeros en robar y oprimir a
su propio pueblo, y si reciben ayuda exterior, es para su bolsillo y para
engrosar la deuda externa de su país.
Los misioneros se financian a través de donaciones
particulares y subvenciones de alguna administración pública. Como no trabajan
por dinero, salvo pequeños gastos administrativos, la práctica totalidad del
dinero obtenido lo emplean en el necesitado (colegios, hospitales, agua
potable, asociaciones de madres, cooperativas agrícolas, etc). Adonde no llegan
los gobiernos de los países- mucho menos la ONU- llegan los misioneros en jeep,
a lomos de una mula ó subiendo a pie al cerro más alto.
Los misioneros trabajan en las condiciones más duras,
ya sea por el clima, la falta de recursos ó las dificultades políticas, sin
perder la alegría ni las ganas de trabajar. En el caso de las dificultades
políticas (guerras civiles y revoluciones sociales), los misioneros siguen en
su puesto, a no ser que sus superiores les obliguen a abandonar por su
seguridad. Muchos misioneros han sido asesinados por fundamentalistas
anticristianos.
La labor de los misioneros no se limita a las necesidades
materiales de la sociedad, sino a la persona humana en su integridad. El hombre
no solo necesita de pan, también tiene una dimensión religiosa, por ello
enseñan religión. La enseñanza religiosa
no es solamente doctrina, sino también valores como la tolerancia, la
solidaridad y el amor, algo muy
importante en lugares donde domina el odio y la injusticia; además, la gente
pide que le hablen de Dios. Si en Europa las iglesias tienen poca asistencia,
en éstos países tienen lleno completo. A los colegios de los misioneros van
niños cristianos, musulmanes, hindúes, etc, sin buscar su conversión sino que
aprendan a leer y escribir.
La importancia de los misioneros no está solamente en
la obra que hacen, sino en el ejemplo que dan. Al calor e influjo de ellos han
surjido un n° interminable de instituciones y ONGs que constituyen hoy día el
Voluntariado Social, el cual, ha hecho de la solidaridad, el objetivo de su
existencia, dentro y fuera de nuestras fronteras.
Ser misionero es más que pertenecer a una institución
benéfica ó religiosa, trabajando por los necesitados estén donde estén. Se
trata de una actitud ante la vida, porque la misma entrega y trabajo que pone
un médico, sacerdote, maestro, asistente social en un pueblo de Africa,
cualquier persona con esa mentalidad tiene que poner en su lugar de trabajo,
familia, etc. La solidaridad es universal y todos la tienen que llevar allí donde
estén, solo difiere la manera de aplicarla, unos lo hacen en un colegio de
niños sin recursos y otros ayudando a tener un buen ambiente de trabajo ó de vecinos.

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